Mensaje semanal de Yehoshua Sternheim

Luego de sobrevivir a la shoá, el Rab Yosef Kahaneman, decidió construir una gran yeshiva donde se estudiaría los textos sagrados con el propósito que la transmisión milenaria, debilitada por la gran tragedia, no se interrumpiera. Ésta se situaría en la ciudad de Bnei-Brak y se denominaría Ponevitz en recuerdo al centro de estudios ubicado en la ciudad homónima de Lituania, arrasada durante la segunda guerra mundial.

En uno de sus viajes a Norteamérica en búsqueda de apoyo económico para su establecimiento, se encontraba solitario viajando en el subterráneo de la ciudad de Nueva York, solamente acompañado por su maleta llena con la recaudación obtenida.

De pronto se acercó una banda conformada por rudos hombres de aspecto delictivo. El sabio sin titubear y entendiendo lo que estaba por suceder, atinó a preguntarle a quien parecía el jefe de la pandilla por la ubicación de una dirección. El malhechor presintiendo su día suerte le respondió que era cercana a la próxima estación e incluso ellos mismos también descendían en aquella parada pudiéndolo acompañar (con la intención de asaltarlo en un callejón oscuro sin tener que llamar la atención de todos los concurrentes del ferroviario).

Al detenerse en la solicitada estación y abrirse las puertas del vagón, el estudioso les hizo señas de cortesía al grupo para que ellos desciendan primero y él los seguiría muy complacido. Sin embargo, una vez ya ubicados en el andén al escuchar la chicharra anunciando que el tren arrancaría nuevamente, saltó bruscamente dentro de la nave escapándose de sus asaltantes…

Hay una prohibición en la Torá de ingerir el nervio ciático de los animales faenados. Se explica en la perasha de esta semana «Vaishlaj» debido a la lucha entre el ángel del mal versus Iaacov, donde si bien nuestro patriarca venció, el espíritu celestial logró golpearle en el muslo.

Leemos en forma explicita que Iaacob se encontraba solo, motivo por el cual el maligno tuvo la oportunidad de enfrentarlo.

Concluyendo pues, que si hubiera estado acompañado en ese momento por otra persona no hubiese sido atacado al igual que el Rab. Kahaneman en el relato.

Recordemos: a un amigo nunca hay que dejarlo sin compañía por lo que debemos estar predispuestos a adherirnos a nuestros conocidos en sus momentos difíciles.

Shabat Shalom!
Yehoshua Sternheim

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