Melodías para los ojos

Los ensayos filosóficos, los sociológicos, los políticos, los literarios son percibidos por los lectores como ensayos. En cambio, los referidos a música, género que en otras latitudes se despliega en grandes colecciones, ocupan en la Argentina un lugar tangencial. Mucho ayuda la pereza de los libreros: los ubican en estantes inaccesibles, al lado de los cancioneros, menospreciando el interés de muchos de esos libros. Las cuatro obras que siguen se encuentran entre las más notables de los últimos tiempos.

En 1969, el alemán Manfred Eicher, un estudiante de la Academia de Música de Berlín, fundó ECM, sigla que significa “Edition of Contemporary Music” y que nombra a uno de los más importantes sellos discográficos de las últimas décadas. Desde su primer disco –en rigor, uno del pianista Mal Waldron–, Eicher optó por el jazz contemporáneo o, mejor aún, por la música improvisada, ya que muchas de las primeras grabaciones de ECM correspondían a nombres que difícilmente hubieran sido considerados por sellos menos dispuestos a apostar por el riesgo y la creatividad. Así, con los entonces experimentados aunque mal conocidos Keith Jarrett, Chick Corea, Pat Metheny o Dave Holland alternaban nombres mucho más exóticos como los de Bobo Stenson, Egberto Gismonti, Ebberhard Webber, Edvard Vesala y Terje Rypdal, para citar sólo a algunos.

El progresivo éxito comercial de tales artistas sirvió para que este productor musical decidiera, en 1984, crear las ECM New Series, dedicadas a compositores e intérpretes clásicos y contemporáneos. Fue entonces el turno de Arvo Pärt, Alfred Schnittke, Gavin Bryars, Steve Reich y John Adams, pero también, por curioso que parezca, de William Byrd, Johann Sebastian Bach, Georg Friedrich Händel y Ludwig van Beethoven, en magníficas interpretaciones del Hilliard Ensemble, de Gidon Kremer, de András Schiff, del Rosamunde Quartet, entre otros. Para entonces, la música de inspiración folclórica también está presente con el ruso Misha Halperin, el argentino Dino Saluzzi, el escocés Robin Williamson, el tunecino Anouar Brahem o el inglés John Surman.

En 2004, fecha del trigésimo quinto aniversario, el catálogo alcanzaba ya varios cientos de títulos. Con una estética particular que inauguró un capítulo en el diseño de portadas, un sonido extremadamente cuidado y un repertorio variado, pero siempre tendiente a la singular idea que de la espiritualidad tiene Eicher, según la frase ya clásica, acuñada por la revista canadiense Coda, ECM les ofrece a los oyentes “los sonidos más hermosos después del silencio”.

Para los estudiosos, ahora ha empezado a circular en la Argentina Tocando el horizonte. La música de ECM, un impresionante volumen editado por Steve Lake y Paul Griffith, bien traducido por Ferran Esteve y magníficamente publicado por la editorial catalana Global Rhythm, que resume el periplo del sello, alternando los puntos de vista de la crítica especializada, los músicos, los ingenieros de sonido y los responsables de las tapas de esos discos.

En el rubro tango, dos libros presentan especial interés: Tangos cultos: Kagel, J. J. Castro, Mastropiero y otros cruces musicales, compilado por Esteban Buch para la muy activa editorial Gourmet Musical, y los dos tomos de La historia del tango (tomo 20), ideado, realizado y editado por Guillermo Gasió para cerrar la ya dilatada historia que viene publicando Corregidor. En el primero, Buch –historiador de la música argentino, radicado en París– reúne nueve estudios –de Omar García Brunelli, Lisa Di Cione, Silvia Glocer, Camila Juárez, María Laura Novoa, el mismo Buch, Federico Monjeau y Juliana Guerrero– sobre la presencia del tango en la obra de compositores argentinos de música culta: Juan José Castro, Alberto Ginastera, Astor Piazzolla, Mauricio Kagel, Francisco Kröpfl, Gustavo Beytelman, Pablo Ortiz y, créase o no, el Johann Sebastian Mastropiero de Les Luthiers. A los que se suma un análisis donde se plantea un diálogo imaginario entre el compositor y pianista francés Eric Satie, John Cage y el grupo Línea Adicional.

Los dos volúmenes de Gasió –historiador a secas y rara avis de la investigación pura y dura– son de otra índole: se centran en todas las figuras actuales que integran el universo del tango, desde los compositores e intérpretes a los ejecutantes, pasando por los bailarines, disc-jockeys y productores. Todos ellos fueron entrevistados por Gasió –quien luego eliminó sabiamente las preguntas– o escribieron especialmente, de modo que se trata de una historia colectiva del tango en primera persona, por donde desfilan desde Tomás Gubitsch y Pablo Ziegler hasta Alfredo “Tape” Rubin, Ramiro Gallo, Gustavo Mozzi, Lidia Borda, Ariel Ardit, Fernando Otero, la Típica Fernández Fierro, La Chicana, y eso sólo para empezar. No están todos, pero sí están muchos y el libro –que destaca muy por encima de la mayoría de los títulos de la colección– es de referencia obligada.

Para concluir, la Breve historia del folclore argentino ( 1920-1970). Identidad, política y nación, del historiador Oscar Chamosa, pese a la perezosa “c” del título que, siguiendo los dictámenes de la curiosa Real Academia Española reemplaza a la más venerable “k” –probablemente una tara ibérica–, es un instrumento absolutamente valorable para entender cómo llegó la música rural a Buenos Aires, cuál fue su desarrollo, cuál su utilización política, por qué su origen reaccionario viró progresivamente hacia la izquierda y en el caso de muchos artistas emblemáticos, como Mercedes Sosa, al Partido Comunista.

Si bien se trata de una ampliación de un libro previamente publicado en inglés en una prensa universitaria estadounidense, resulta de lectura amena.

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