Materiales de reparación autónoma

Ya resulta posible fabricar polímeros y compuestos que imitan los procesos biológicos de cicatrización. La técnica promete un sinfín de aplicaciones.

Nada hay que dure para siempre. Todo material de factura humana, ya sea el plástico de un juguete o el acero de un puente, acaba cediendo. Hasta hace poco, la única solución al problema consistía en inspeccionar y sustituir las partes deterioradas. Los seres vivos, en cambio, gozan de mecanismos de cicatrización que reparan los daños mecánicos por sí solos. La ciencia de materiales persigue desde hace tiempo la creación de polímeros y otras sustancias sintéticas que imiten esa capacidad natural de sanación. Durante los últimos años, este campo de investigación ha visto por fin sus primeros frutos. Al sufrir una grieta o un desgarro, dichos materiales pueden repararse a sí mismos y restaurar su funcionalidad original. La técnica augura productos más seguros y duraderos, al tiempo que apunta a un cambio en los paradigmas de la ingeniería y el diseño de materiales.
En líneas generales, los principios que guían la cicatrización sintética se basan en aquellos que observamos en los seres vivos. Ante una lesión, nuestro cuerpo reacciona con la inflamación de los tejidos y la coagulación de la sangre. A ello le sigue la proliferación celular en el lugar de la herida, lo que proporciona una matriz para la reparación. Por último, tiene lugar el remodelado de la matriz: el tejido vuelve a crecer hasta que cierra por completo la herida. Este último proceso puede prolongarse durante meses e incluso años según la gravedad del daño.

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