Mateando con Dios

Hola, todos y cada uno de ustedes
Una vez más, un genérico, y como siempre, una vez más pido disculpas por ello; no obstante, como siempre, si lo estás recibiendo, es porque estás en mi corazón…

Esta vez, quisiera compartir con todos y cada uno, este adjunto (que consta de imágenes, letra y música), que curiosamente me llegara a través de dos personas a la vez: una buena amiga y un buen amigo…

Allí se repite, varias veces, “permite que esta sea nuestra oración”, en referencia al resto del texto, que consiste en una especie de oración no formal pero con un buen contenido espiritual…

Creo que todos compartiremos, más o menos, las diferentes expresiones de deseo que se formulan durante la presentación…

Todas las culturas (y, dentro de ellas, todas las formas tradicionales) han desarrollado alguna forma de vínculo verbal con Dios (como sea que cada una de ellas lo conciba): a esa especial manera de vincularse y hablar con El, se denomina desde siempre “orar”…

Orar significa sencillamente “hablar” (y por extensión, “rezar”, es decir, “hablar con Dios”), y su raíz etimológica nos llega, a través del latín, desde el indoeuropeo “os”, cuyo significado es “boca” (y de allí deriva, a su vez, el indoeuropeo “or”, que alude al acto de hablar – que no es otra cosa que emitir sonidos con sentido a través de la boca)…

Por lo tanto, cada vez que hablamos con Dios – como sea que lo concibamos – estamos orando…

Solemos compartir un pequeño error de perspectiva, cuando asimilamos el acto de orar con el acto de pedir algo; a decir verdad, pedir es solo una de las múltiples y variadas formas de hablar con El…

La idea que me gustaría compartir – y ya termino, no teman, jejeje – es simplemente la siguiente: como sea que Lo concibamos, como sea que nos dirijamos a El, como sea que deseemos hablar con El, sencillamente hagámoslo, hablemos con la confianza con que lo haríamos con alguien de mucha confianza (un buen amigo, por ejemplo, o con un padre afectuoso), contándole nuestros proyectos tanto como nuestras penas…

Y siempre, con la oreja dispuesta a la escucha…

Porque, si insistimos en hablarle, El nos hablará…

En El, todos somos Uno, de manera que al hablar con Dios, nos dirigimos al corazón del hermano (y viceversa: al hablar de corazón a corazón con el “otro”, el prójimo, estamos de alguna manera hablando con Dios, que alienta en él tanto como en nosotros)…

Y, si hemos de pedir, pensemos bien de qué se trata (y, si es posible, que se trate sobre todo de algo referente al bien del “otro”, del prójimo, del hermano)…

Les envío a todos – y cada uno – un gran abrazo fraterno y espero que la vida lleve siempre el rumbo de vuestra felicidad…

Con cariño
Marcelo

PD: les cuento una anécdota personal, un poco divertida, referente al acto de orar libremente:
Hace algún tiempo, fui a pasar unos días en el monasterio de Los Toldos; y en una de esas tardecitas, me entraron ganas de tomar unos buenos mates en la iglesia, que siempre a esa hora está en completo silencio…
De manera que preparé el termo y el mate, me senté en un banco de la iglesia y, mientras el sol se filtraba serenamente por las ventanas, me puse a hablar silenciosamente con El, aunque con cierta timidez – como si estuviera haciendo algo no del todo bueno…
Y de pronto, se abrió una puerta lateral y – antes de que pudiera esconder el mate – apareció delante de mí el Padre Mamerto: “Ah!” – me dijo – “mateando con Dios!… Muy bien, muy bien, pero cebame uno, ché!”…

Espero que todos y cada uno, podamos siempre matear confiadamente con El, en directo y a través de un prójimo que nos diga:”cebáme uno, ché”, jejeje

Un abrazo!!!
josè Antonio Villaverde

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