MARCO POLO

Marco Polo: Un viaje por la China del Gran Kan
Observador minucioso, el veneciano Marco Polo dejó testimonio de muchas de las maravillas que atesoraba la China de Kublai Kan. Y aunque ciertamente no las anotó todas, es indudable que estuvo allí.

A los 17 años de edad partía de Venecia en compañía de su padre y su tío rumbo al extremo oriente. Veinticinco años después, cuando tenía 42, al volver a su ciudad natal, todos se arremolinaban en torno a él para que les explicara las maravillas que había visto durante su periplo. De los relatos orales de Marco Polo se conservan diversas versiones escritas, divergentes en algunos puntos, a menudo vagas o erróneas. A partir de ellos no siempre es posible deslindar lo que Marco Polo efectivamente vio y pensó en las casi dos décadas que pasó en el otro extremo del mundo. Pero no cabe duda de que los largos años pasados en China no consiguieron agotar su capacidad de sorpresa ante una civilización tan diferente a la europea.
La figura principal del relato de Marco Polo es Kubilai Kan, el heredero del gran conquistador mongol Gengis Kan que en el siglo XII había sojuzgado China. Kubilai aparece como prototipo de gobernante justiciero, un déspota ilustrado que, por ejemplo, se cuida de legislar contra el juego y combatir la criminalidad. La sofisticación del sistema económico chino desborda en ocasiones la capacidad de comprensión del veneciano; por ejemplo, el uso de papel moneda lo desconcierta. También evoca las impresionantes fiestas organizadas por el monarca para contentar al pueblo y la largueza con la que recompensa a sus servidores. La administración china suscita su admiración, con sus organismos profesionales dedicados al ejército y la regulación del funcionariado. No encuentra en Europa nada análogo al eficacísimo sistema de correos del imperio de Kubilai. Sin embargo, la admiración por el desarrollo de la cultura china tuvo algunas contrapartidas; en el campo de la técnica, sobre todo la militar, los venecianos aportaron algunos de los avances europeos, por ejemplo la catapulta, de la que Kubilai se sirvió enseguida en sus campañas. Marco Polo inauguró así un contacto entre los dos mundos, Oriente y Occidente, que se prolongaría en siglos posteriores con losnavegantes ibéricos y las misiones jesuitas.

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