Mana Neyestani: “Nunca lo preví. Fue un gran malentendido”

NEYESTANI. "Los iranís vivimos en una dictadura: eso nos hace sospechar de todo y de todos."

NEYESTANI. «Los iranís vivimos en una dictadura: eso nos hace sospechar de todo y de todos.»

Y pensar que en el año 2000, Mana Neyestani decidió dedicarse a las caricaturas infantiles para no exponerse ante el acecho constante de los censores de Teherán, que ese año intervinieron 17 diarios. Dejó atrás su viejo oficio de humor político y se concentró en el público adolescente. “¡Eso demuestra lo fácil que es equivocarse!”, dice ahora, aunque tardó seis años para comprobar su error, y casi otro tanto para retratar su propio devenir como una exitosa novela gráfica.

En 2006 publicó la serie 9 maneras divertidas de derrotar a las cucarachas en el suplemento dominical Jomeh, del diario Irán, uno de los más populares y oficialistas de su país. El problema fue que en una viñeta, una cucaracha que dialoga con un chico pronuncia un término en idioma azerí y para algunos de los azerbaiyanos-iraníes, un pueblo de origen turco que vive en el norte de Irán, el dibujo de Neyestani fue la gota que derramó el vaso: desde la Revolución Islámica denuncian la supresión de su cultura y su lengua.

Durante las manifestaciones que siguieron a la publicación, la represión policial terminó conseis activistas muertos .

La palabra azerí de la discordia era “Namana”, un término que todos usan en Irán cuando no saben qué decir y que podría traducirse como “ qué ”. Eso no evitó que Neyestani se convirtiera en un chivo expiatorio. Para calmar los ánimos, el gobierno de Teherán arrestó al dibujante y al editor de la revista y los envió a prisión durante algunos meses ¿El cargo? Dibujar una caricatura racista . “Los manifestantes tomaron la historieta como un insulto del gobierno contra los azerbaiyanos. Creían que yo tenía la intención de decir que los del pueblo azerí son cucarachas”, explica Neyestani vía mail a Clarín . “Nunca lo preví. Fue un gran malentendido”.

Aislado en la cárcel de Evin pensó por primera vez que toda esa situación, de idas y vueltas judiciales, era por lo menos kafkiana.

Tres meses después, cuando le dieron un permiso de salida transitoria de la prisión, se escapó de Irán con su mujer. Dubai fue la primera escala de su periplo en busca de una embajada que les diese refugio y una visa para su futuro. Entre 2007 y 2010 vivió exiliado en Turquía, China y Malasia, desde donde colaboró con webs disidentes iraníes. En 2009, algunos de los dibujos de Neyestani se convirtieron en la iconografía de la oposición al presidente Mahmoud Ahmadinejad. “Buscábamos desesperadamente una visa de una embajada occidental”, relata.

En 2011 consiguió que Francia le brindara asilo. Y por fin pudo retratar como una novela gráfica su propia historia, su propio proceso.

Una metamorfosis iraní , que ahora se publica en Italia y en España (en editorial La Cúpula, todavía no llegará a la Argentina) y próximamente en Alemania. “Es un cómic autobiográfico”, dice.

En él, Neyestani relata la mecánica represiva cínica y arbitraria de su país. Y también, por supuesto, hay “cucarachas”. Aunque a diferencia de Gregorio Samsa –el protagonista deLa metamorfosis , de Kafka, del que sólo sabemos que se transforma en un insecto pero no en cuál– quien sufre la transformación es la sociedad. Para el diario Le Monde, el libro es un relato edificante del Irán actual. Mana no teme por su familia en Irán, aunque “el gobierno es impredecible: todo se puede esperar de ellos”.

Con el tiempo pudo comprender mejor la reacción de los manifestantes. “Los iraníes hemos estado viviendo bajo una tiranía durante décadas, creo que eso nos hace sospechar de todo y de todos.

Las teorías conspirativas son algo común entre nosotros. Somos una sociedad compleja. Creo que los azerbaiyanos estaban buscando un pretexto para mostrar su enojo por las discriminaciones gubernamentales y desafortunadamente mi trabajo les dio el pretexto”, dice. En tanto, el gobierno se encargó de difundir que él mismo es de origen azerí. Wikipedia todavía lo afirma. Y él lo niega: “Lo hicieron para que los manifestantes se calmaran”.

Neyestani se hizo militante de la libertad de expresión y de la paz entre Israel y su país. De hecho, algunos de sus dibujos se convirtieron en verdaderas campañas virales en las redes sociales; un tipo incansable, un bicho raro.

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