Mamaderas bajo llave en Nueva York

Que la maternidad es un viaje de ida, lo sabemos todas las que nos embarcamos en él. Pero que el Estado se trepe al lanchón, en decisiones que atañen a la esfera privadísima de acción de las nuevas madres es una novedad que está levantando polvareda en los Estados Unidos. Y con toda razón.

La ciudad de Nueva York anunció recientemente que a partir del 3 de septiembre hará un seguimiento del uso de fórmulas infantiles que reemplazan la leche materna en los hospitales públicos, en lo que se ha definido como una de las campañas pro amamantamiento más agresivas del país. Veintisiete de las cuarenta instituciones públicas de la ciudad han decidido incluso eliminar las muestras gratis de leche de fórmula y demás merchandising que distintas marcas ofrecen normalmente a las madres. Como consecuencia de esta política, la leche será guardada bajo llave como los medicamentos y las madres que después de haber recibido información acerca de las ventajas de amamantar decidan no hacerlo, deberán justificar esa decisión para acceder a ella.

No se negará el biberón, informaba The New York Post, pero por cada mamadera requerida, el personal médico rebobinará ante la madre (¡divino programa para una puérpera!), las ventajas de la leche materna y cómo y por qué ella debería… Mientras los activistas pro amamantamiento aplauden la medida, es importante entender qué se discute. No las virtudes de la leche materna –conocidas y probadas– sino la libertad de las mujeres a elegir cómo alimentar a sus hijos (algo que, por cierto, no se subraya en ningún curso de preparto ni allá ni acá).

En su artículo sobre el tema, publicado en la revista The Atlantic, la escritora Gayle Tzemach Lemmon usa su propia experiencia como disparador de reflexión: “Poco después de tener un bebé, hace algo más de un año, completos extraños me preguntaban cómo me había resultado amamantar. Confieso que me sorprendió. ¿Por qué tenía que contestar esa pregunta? ¿Y cuándo se convirtieron las decisiones privadas en una curiosidad pública?”.

Debate de por medio, las mamaderas se han convertido en bandera.

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