Machu Picchu era la Ciudad de la Escalera

La ciudad perdida de los Andes, la fabulosa Machu Picchu, “Montaña Vieja” como hasta ahora se conocía, fue en realidad Patallaqta, la Ciudad de la Escalera, según sus vocablos quechua Pata (escalón) y Llaqta (pueblo, ciudad). Así lo asegura la historiadora española Mari Carmen Martín Rubio, colaboradora de La Aventura de la Historia, quien se ha basado en un texto hallado en uno de los capítulos de Suma y narración de los incas, crónica de Juan de Betanzos para deducir el verdadero nombre Inca.

Hasta ahora, la ciudad perdida de las montañas, olvidada durante varios siglos, desde la conquista del imperio Inca de los españoles en 1534, hasta su redescubrimiento por el historiador Hiram Bingham en 1911, se conocía por Machu Picchu.

Aunque siempre se supo de la existencia de la ciudad, puesto que los españoles se refieren a ella en varios documentos como el del soldado Baltasar Ocampo, que habla de un poblado perdido en las montañas de suntuosísimos edificios, lo cierto es que durante la colonización la región fue olvidada y la ciudad quedó fuera de las rutas del imperio, lo que favoreció que se  mantuviese en una especie de letargo.

En algún momento de principios del siglo XX, tanto por las historias que circulaban sobre la ciudad de la  montaña como por la deformación de los vocablos se habría acabado nombrando Machu Picchu. Según Mari Carmen Martín Rubio aunque Machu Pichhu significa “montaña vieja” Picchu sería un derivado del vocablo castellano ‘pico’ ya que montaña en quechua se dice “orquo”.

El Inca Pachacutec
El Inca Pachacutec

La clave de Patallaqta se halla en las crónicas de Juan de Betanzos, que recoge la  afirmación del inca Pachacutec, máximo lider del imperio Tahuantinsuyo, quien habría expresado como última voluntad ser enterrado en ”sus casa de Patallaqta”. Mari Carmen Martín Rubio ha explicado que este detalle abría ciertas interrogantes:

“Aparentemente había una contradicción porque Pachacuti, dice a la vez que quiere que su cuerpo quede en el templo principal de Coricancha, en el Cuzco. Un lugar donde se exhibe para el culto las momias de los gobernantes incas. Lo recogen otras crónicas como las de Sarmiento Gamboa, Pedro Acosta y también Polo de Ondegardo”

Sin embargo, la versión de Betanzos afirma que lo enterraron en una vasija de barro en Patallaqta. La explicación, que ha permitido averiguar el verdadero nombre con el que los incas conocían la ciudad surge de sus propias costumbres rituales.

Cuando los incas morían se seguía un rito que consistía,  en embalsmar el cuerpo del difunto además de depositar sus principales órganos vitales  en una vasija de barro, -de forma similar a como  hacían en el antiguo Egipto- junto a recortes de pelo y uñas que se habían guardado a lo largo de su vida.

De esta forma, el cuerpo, como recogen la mayoría de crónicas, habría ido a Coricamba, mientras que la vasija, según el capítulo de Juan de Betanzos, habría ido a parar Patallaqta, revelándonos de esta forma el nombre de la ciudad. Para poder llegar a deducir el destino de Pachautec fue preciso que la  propia historiadora recuperara en 1987 los capítulos perdidos de esta relación de Betanzos en la biblioteca Bartolomé March de Palma de Mallorca, ya que hasta ese momento, sólo se conocían 25 de ellos.

 

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