LOS SACERDOTES DEL ANTIGUO EGIPTO

Los sacerdotes en el antiguo EgiptoDurante más de tres mil años, en los cientos de templos que modelaron la geografía sagrada de Egipto se perpetuó una poderosa casta sacerdotal al servicio de los dioses, a quienes daban culto siguiendo un complejo ritual de purificación. Algunos santuarios alcanzaron dimensiones colosales, como el de Amón en Karnak, que bajo Ramsés III llegó a contar con 81.322 sacerdotes y trabajadores.

Cientos de templos formaban la geografía sagrada del país del Nilo. En su interior, los sacerdotes se afanaban en rendir culto diario a los dioses, para lo que seguían un elaborado ritual de purificación. El número de servidores de cada templo variaba según su importancia, desde unos pocos hasta varios miles, como en el caso de Karnak. Según un antiguo papiro, en tiempos de Ramsés III el templo del dios Amón en Karnak contaba con nada menos que 80.000 sacerdotes. Era, ciertamente, el santuario más grande y poderoso de Egipto en el siglo XII a.C., ya que los otros disponían de mucho menos personal. Semejante cifra indica el peso que el cuerpo de los sacerdotes llegó a alcanzar en el país. En el Imperio Antiguo los sacerdotes eran elegidos sobre todo entre miembros de la familia real, pero su influencia no iba más allá de las cuestiones religiosas. A partir de la dinastía V, con la construcción de los grandes templos solares dedicados a Re, el clero egipcio ganó en independencia e influencia, que aumentaron aún más durante el Impero Medio al construirse recintos divinos más grandes y poderosos. Su punto álgido llegó con el Imperio Nuevo, cuando el dios Amón de Tebas se convirtió en el dios de la dinastía y en torno a su culto se desarrolló un todopoderoso clero. Para convertirse en sacerdote y poder trabajar en un templo no era imprescindible realizar largos estudios. De hecho, se sabe que, en el clero egipcio, sólo unos pocos eran capaces de leer y escribir o de comprender las historias de su complicada mitología. En función de la educación que habían recibido de sus padres hasta la adolescencia, los sacerdotes se especializaban en determinados conocimientos; había, así, sacerdotes encargados de la observación astronómica, sacerdotes lectores que dominaban las artes de la lectura y la escritura, médicos vinculados a la diosa Sekhmet, magos relacionados con la diosa Selkis… Antes de iniciar el servicio diario a la divinidad, el sacerdote debía bañarse con agua fría del Nilo y depilar cuidadosamente su cuerpo para evitar los piojos. Así adquirían el estado ‘uab’, es decir, se convertían en sacerdotes puros. Los sacerdotes no predicaban los dogmas religiosos entre la población, y los templos no eran lugares de culto público: el acceso a ellos estaba restringido al clero. El santuario era el lugar donde descansaba la divinidad, y la función del clero era guardarlo y protegerlo. En el vértice de la estructura piramidal del clero egipcio se hallaba el faraón como Sumo Sacerdote de todo el país. De él dependían los cuerpos sacerdotales de los diversos centros de culto. Por otro lado, el máximo exponente del clero femenino lo constituía la Divina Adoratriz, que desempeñó cometidos religiosos de gran importancia en el templo de Karnak. Se sucedían por adopción, aunque podían reinar de forma conjunta, y se convirtieron en auténticas regentes locales.

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