LOS REINOS DE TAIFAS

Los reinos de taifas

El brillo de sus cortes convirtió a los reyes de taifas en los continuadores de la civilización andalusí tras la caída del califato de Córdoba. Pero semejante resplandor ocultaba su enorme debilidad militar.

 

Los reinos de taifas han arrastrado siempre una mala reputación, destacando la crueldad, cobardía o incapacidad de sus monarcas. Estos pequeños estados independientes, aunque considerados muy débiles militarmente, atesoraban un brillo artístico y cultural extraordinario. Sin embargo, investigaciones recientes están aportando una nueva imagen de los reinos de taifas que sostienen que no es cierto que la fragmentación política fuera la causa de la debilidad militar de estos reinos. Con el fin de superar esta carencia militar, los reyes de taifas se granjearon la paz con los señores del norte comprándolos con dinero. Estos pagos eran conocidos con el nombre de parias, y con ellos podían evitar las expediciones de saqueo, además de ganarse la protección de los ejércitos cristianos contra los numerosos enemigos que acechaban a cada monarca. Así pues, el oro y la plata, que procedía de al-Andalus, comenzó a engrosar las riquezas de monasterios e iglesias cristianos. Los devotos alfaquíes —los doctores de la ley—acusaron a los reyes de taifas de amasar riquezas en beneficio propio y de sus amigos infieles, perjudicando a la población con tributos ilegales que eran contrarios a la ley islámica. Otros musulmanes, como el poeta Ibn Hazm, lloraba —en el tratado sobre el amor El collar de la paloma— por el recuerdo de una época gloriosa ya fenecida. Los califas habían gobernado al-Andalus como representantes de Dios sobre la tierra, encargados de respetar un legado y una tradición profunda del credo musulman. Sin embargo, los reyes de taifas no tenían ninguna base para legitimar su autoridad. En Granada, los visires y hermanos judíos Samuel y Yusuf ibn Nagrila habían sido considerados «infieles» por parte de la plebe, hasta que la opresiva administración de la ciudad motivó un terrible pogromo en el año 1066. Testigo y protagonista de estos hechos fue el rey Ibn Buluggin, destronado por los almorávides en el 1090 y que compuso una Exposición de los hechos acaecidos enel reino de los Ziríes, donde narra los avatares de la época. Otros reinos taifas también crearon diversas joyas literarias y científicas, pero toda esta riqueza cultural alcanzó su fin cuando Alfonso VI de Castilla conquistó en 1085 la capital de la taifa de Toledo, suceso que produjo una honda conmoción en todo al-Andalus.

 

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