TRÁNSITO LÓPEZ – MEDICO FAMOSO

Arequipa, la segunda ciudad del Perú y lugar de nacimiento de Carlos y Miguel Vargas, caracterizada por su vigoroso mestizaje, estuvo imbuida hasta las primeras décadas del siglo XX de un espíritu religioso e intransigente. En esa época comenzaron a vislumbrarse los primeros signos de un cambio que la constituiría en centro urbano rector del sur del país. Una brillante generación de intelectuales estudió y cuestionó el statu quo existente. Y el arte y la literatura no estuvieron ajenos a ese hálito innovador, que quebraba los viejos moldes para expresar el cambio. Las nuevas formas alteraban la simetría, la perspectiva y el uso del color. Posiblemente su acogida se debió a que la realidad estaba preparada para la fantasía y la magia. Así, el nuevo espíritu se reflejaba, por ejemplo, en la obra de César Vallejo y Oquendo de Amat.

Los hermanos Vargas, fotógrafos de profesión y espíritus atentos, fueron agudos receptores de esa incipiente sensibilidad. Su serie de fotografías denominadas Nocturnos (realizadas principalmente entre los años 1913 y 1920) reflejan el rasgo vanguardista de su obra. Hoy siguen conservando una frescura y una actualidad tales que permiten considerarlas obras clásicas de la fotografía peruana.

Los críticos Jorge Villacorta y Andrés Garay destacan en un reciente trabajo de investigación que el método utilizado por los Vargas en esta serie consiste “en controlar rigurosamente las fuentes de luz artificial y armonizar la (luz) natural con ellas”. Y Charles Hagen agrega en un artículo del New York Times de 1994 que esas fotos han sido “previamente elaboradas y estudiadas minuciosamente” valiéndose para ello de fuentes de luz tan diversas e ingeniosas como la luna, fogatas o disparos de magnesio perfectamente sincronizados para producir el efecto deseado. De esta manera, como ya lo han señalado otros autores, los Vargas se convierten en artistas de la luz y llegan a descubrir cómo iluminar la noche.

Si dejamos de lado el ámbito de lo técnico para aproximarnos a su contenido, en los Nocturnos hay un común denominador: ese proceso creador mediante el cual lo real se transforma en ficción, esa extraña adulteración de la realidad para cambiarla por fantasía y misterio. Los temas cobran, entonces, una nueva perspectiva que nos lleva a lo onírico. Este mundo de ficción de los Nocturnos se presenta como un arte de vanguardia. Así, con los Vargas se inicia, en el Perú, un nuevo lenguaje fotográfico.

Carlos y Miguel Vargas, espíritus cultos y refinados, participaron de manera activa en el proceso cultural peruano. Su estudio fotográfico fue punto de encuentro de artistas e intelectuales. En lo personal, fueron “bohemios, elegantes, sutiles, seductores”, así los recordaba por aquella época el poeta Alberto Guillén.

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