Los nietos de los animales heredan el estrés de sus abuelos

Los pesticidas pueden afectar el comportamiento de los animales durante generaciones, según científicos en Estados Unidos.

Roedor Foto  © wulpix / FotoliaLa tercera generación de roedores mostró el impacto de la exposición a toxinas padecida por sus antepasados.

Investigadores en la Universidad de Texas en Austin y de la Universidad Estatal de Washington encontraron mayores niveles de estrés en roedores cuyos ancestros habían sido expuestos a determinadas toxinas.

El estudio podría tener profundas implicaciones en la investigación sobre el comportamiento y la determinación de hasta qué punto algunas tendencias pueden ser heredadas.

Los cientificos expusieron ratas preñadas a vinclozolina, un fungicida utilizado para controlar pestes en cultivos de frutas y vegetales.

Luego sometieron a la tercera generación de roedores a una gama de pruebas para estudiar su comportamiento y constataron que los animales tenían niveles más altos de ansiedad y estrés que aquellos no expuestos a la vinclozolina. Las crías afectadas también mostraban una mayor actividad en las regiones cerebrales vinculadas al estrés que los descendientes de ratas no expuestas.

Los descendientes adolescentes tenían además un interés menor en la compañía de otros animales y pasaron más tiempo aislados.

Posibles implicaciones humanas

«En términos humanos estamos ahora en la tercera generación desde que comenzó la revolución química, es decir, desde que los seres humanos comenzaron a ser expuestos a este tipo de toxinas», dijo David Crews, de la Universidad de Texas.

«Nuestro estudio es el equivalente de este fenómeno en animales».

«En términos humanos estamos ahora en la tercera generación desde que comenzó la revolución química, es decir, desde que los seres humanos comenzaron a ser expuestos a este tipo de toxinas»

David Crews, Universidad de Texas

En la década del 40 se utilizaron en forma amplia potentes agroquímicos como DDT, el primer pesticida sintético, y se introdujeron nuevos tipos de plásticos.

«La revolución química comenzó en los años 40, con la Segunda Guerra Mundial y el desarrollo de la química orgánica, los fertilizantes, pesticidas, detergentes y plásticos», señaló Crews.

Michael Skinner, de la Universidad Estatal de Washington, afirmó que «la exposición que puede haber tenido nuestra bisabuela a ciertas toxinas podría alterar el desarrollo de nuestro cerebro y la forma en que respondemos al estrés».

«No sabíamos que esa respuesta podía ser programada por las condiciones ambientales de nuestros ancestros».

Los investigadores ya habían demostrado cómo la exposición a la vinclozolina puede afectar durante generaciones la forma en que los genes se expresan, un proceso denominado epigenética.

El estudio anterior, publicado en PloS ONE en febrero, mostró que las ratas preñadas a las que se inyectó toxinas pasaban problemas reproductivos a hasta tres generaciones.

«La forma en que socializamos o nuestros niveles de ansiedad ante situaciones estresantes pueden ser el resultado no sólo de nuestras experiencias en la infancia sino de nuestra herencia», dijo Crews.

«No tenemos suficiente evidencia»

El estudio podría explicar, según los investigadores, por qué algunas personas son más susceptibles al estrés postraumático que otras.

«No hay duda de que estamos viendo un incremento en enfermedades mentales como autismo y trastorno bipolar. La razón no es simplemente que han mejorado los diagnósticos», señaló Crews.

«En mi opinión aún no tenemos suficiente evidencia para asegurar que los fungicidas utilizados en el estudio estarían causando enfermedades en humanos a través de un mecanismo epigenético»

Andrew Feinberg, Universidad John Hopkins

«La gran pregunta es cuál es la causa de este aumento. ¿Está vinculado al hecho de que vivimos en un mundo más acelerado y con mayores presiones, o estamos respondiendo a este mundo agitado en forma diferente por las condiciones a las que hemos sido expuestos? Yo me inclinaría por la segunda posibilidad».

Los investigadores también encontraron diferencias importantes en el peso corporal entre los descendientes de ratas expuestas y no expuestas a toxinas, lo que dejaría en evidencia la necesidad de realizar más estudios sobre el impacto de toxinas en materia de obesidad.

«Pienso que se trata de la primera demostración causal de que en la contaminación ambiental podría estar la raíz del aumento de ciertas enfermedades mentales y obesidad. Es como si la exposición tres generaciones atrás hubiera reprogramado el cerebro de forma que ahora responde en forma diferente a los desafíos vitales», aseguró Crews.

Andrew Feinberg, director del Centro de Epigénetica de la Universidad Johns Hopkins, cree que la teoría de Crew puede ser prematura.

«En mi opinión aún no tenemos suficiente evidencia para asegurar que los fungicidas utilizados en el estudio estarían causando enfermedades en humanos a través de un mecanismo epigenético», señaló Feinberg a medios locales.

«Es una investigación que vale la pena realizar, pero el vínculo no ha sido mostrado aún claramente».

El estudio fue publicado en la revista de la Academia de Ciencias de Estados Unidos, Proceedings of the National Academy of Sciences.

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