Los judíos en la Galilea de Jesús

Galilea y buena parte del norte de la antigua Israel, con su capital en Samaria, fue destruida por los asirios en el 722 a. C. El reasentamiento de las gentes en este territorio fue un proceso lento, solo acelerado cuando los asmoneos conquistaron la región y establecieron allí una presencia judía, a menudo por la fuerza, en torno al 100 a. C. Ya bajo el dominio romano (desde 63 a. C.), las aldeas judías aparecían dispersas por toda la región, alcanzando incluso los Altos del Golán en el extremo nordeste. Hacia el cambio de era, había cientos de aldeas judías de distintos tamaños, las más pequeñas como Nazaret albergando en torno a las ciento cincuenta almas, y otras como Cafarnaún con cerca de un millar de habitantes. A diferencia de lo que ocurría en el norte, en el área meridional, Judea y en particular Jerusalén fueron mucho más permeables a la cultura grecorromana durante la etapa final del período del Segundo Templo. Ello incluía la lengua griega, las arenas para espectáculos deportivos como circos, teatros y otros proyectos constructivos gigantescos como el templo de Jerusalén, el Herodión, el puerto de Cesarea Marítima o la propia Masada, por mencionar solo algunos. Galilea quedó rezagada, y solo comenzó a ponerse al día cuando Séforis y Tiberíades alcanzaron su cénit tras las dos revueltas. Esto suponía que la economía y el estilo de vida de la región de Galilea era bastante simple, y particularmente centrada en la agricultura, y que probablemente apenas se hablaba allí en griego.

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