LOS INCAS Y LOS ANDES

Incas, el gran imperio de los Andes
En el siglo XV, los reyes incas, hijos del Sol, consiguieron dominar el difícil territorio andino mediante su temible ejército y la creación de una vasta red de carreteras. Desde su capital, Cuzco, crearon el imperio más extenso de toda la América prehispánica.

En el siglo XV, toda el área andina quedó bajo el dominio de los poderosos soberanos de Cuzco. Los Hijos del Sol impusieron su ley mediante su temible ejército, su vasta red de carreteras y el trabajo obligado de sus súbditos. Según explicaba el Inca Garcilaso de la Vega, a finales del siglo XVI, fueron una pareja de hermanos, Manco Capac y Mama Ocllo, nacidos a orillas del lago Titicaca, quienes, por orden del Sol, emprendieron un viaje hasta fundar una nueva ciudad: Cuzco. De estos dos héroes fundadores nació la dinastía de los trece Incas. No existen datos verdaderamente históricos relativos a los primeros de estos dos soberanos, los llamados Incas legendarios. En cualquier caso, fue en el siglo XV, bajo Pachacuti Inca Yupanqui, el noveno Inca, cuando se inició la expansión del Imperio con la derrota de los feroces chancas y la conquista de Cajamarca y la zona del Titicaca. Su hijo Tupac Inca Yupanqui amplió nuevamente las fronteras, venciendo a los pendencieros chachapoyas y apoderándose del territorio chimú. Durante su reinado, los incas se anexaron el territorio de los actuales estados de Ecuador, Bolivia, Chile y Argentina. Este vasto espacio, que a principios del siglo XVI contaba con 12 millones de habitantes, se encontraba bajo la autoridad suprema del emperador: el Inca, el Hijo del Sol. En el sistema de sucesión podían haber varios candidatos al trono, y eso fomentaba las intrigas y las luchas de poder. Es sabido que estas disensiones dinásticas propiciaron la conquista del Imperio inca en 1532 por Pizarro, quien supo aprovechar la situación de guerra civil entre los hermanos Huáscar y Atahualpa para imponerse. En el Imperio inca, el Estado lo controlaba todo. Todos los bienes productivos -principalmente la tierra, pero también el ganado- pertenecían al Inca, aunque en la práctica los recursos se dividían según el sistema que los especialistas denominan «tripartición». En cualquier población, un tercio de los bienes se reservaba para el Inca, otro se destinaba al culto del Sol y el otro tercio quedaba. Sólo existía la propiedad privada para las posesiones del Inca. El dios principal era Inti o el Sol, cuyos rayos proporcionaban la vida y el sustento a todos los seres. Con el tiempo, la nobleza lo convirtió en el dios estatal y en padre del Inca. Aunque el culto al Sol fue la religión oficial, cada comunidad veneraba también a las deidades locales llamadas ‘huacas’, identificadas con elementos de la naturaleza que desempeñaban una función protectora: la tierra, las montañas, los cerros, los lagos… Según los cronistas españoles, los incas creían en la vida de ultratumba: «Comúnmente creyeron los indios del Pirú, que las ánimas vivían después de esta vida, y que los buenos tenían gloria y los malos pena».

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