Los expertos no logran definir los trastornos de personalidad

Los trastornos de personalidad ocupan un nicho problemático en la psiquiatría. Los 10 síndromes reconocidos incluyen variedades tan famosas como el trastorno narcisista de la personalidad y el trastorno de la personalidad por evitación, así como las personalidades dependientes e histriónicas.

Sin embargo, cuando están totalmente desarrollados, los trastornos son difíciles de caracterizar y de tratar, y los doctores rara vez hacen evaluaciones cuidadosas, al pasar por alto o minimizar los patrones de conducta subyacentes en problemas como depresión y ansiedad en millones de personas.

La Asociación Estadounidense de Psiquiatría ha afrontado uno de los interrogantes más elementales de la disciplina, que aún está sin resolver: ¿qué es, exactamente, un problema de personalidad? La asociación ha intentado aclarar estos diagnósticos e integrarlos mejor a la práctica clínica.

No obstante, resulta que producir definiciones precisas de patrones de conducta extrema es una labor extenuante. Se necesitó más de una década antes de que el psiquiatra alemán Emil Kraepelin pudiera hacer una distinción clara entre trastornos psicóticos, como la esquizofrenia, y problemas de estado de ánimo, como la depresión.

Del mismo modo, Freud pasó años formulando sus teorías sobre los orígenes de los síndromes neuróticos. Y los analistas freudianos fueron en gran parte quienes describieron a los pacientes con el tipo de «identidades confundidas» que hoy son consideradas trastornos de personalidad.

Sus problemas no eran síntomas periódicos, sino cuestiones arraigadas en hábitos duraderos de pensamiento y sentimiento –en quiénes eran.

«Estos terapeutas veían gente que llegaba a recibir tratamiento y que se veía perfectamente bien en la superficie, pero en el diván se volvía muy desorganizada, muy incapacitada», dijo Mark F. Lenzenweger, profesor de psicología en la Universidad Estatal de Nueva York, en Binghamton. «Tenían problemas que no eran ni psicóticos ni neuróticos».

Pronto comenzaron a surgir varios prototipos. «Un sentido pedántico del orden es típico del carácter compulsivo», escribió el analista freudiano Wilhelm Reich en su libro «Análisis del Carácter», de 1933, un texto revolucionario. «En las cosas grandes como en las pequeñas, vive su vida de acuerdo a un patrón preconcebido e irrevocable».

Otros también se fusionaron, de manera más reconocible como formas extremas de tipos cotidianos: el narcisista, con su frágil y ostentosa autoaprobación; el dependiente, con su apego asfixiante; el histriónico, siempre inmerso en algún drama y desesperado por ser el centro de atención.

Ted Millon, director científico del Instituto para Estudios Avanzados en Personología y Psicopatología, reunió la mayor parte del trabajo sobre trastornos de personalidad y la convirtió en un conjunto de 10 tipos estandarizados para el tercer manual diagnóstico de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría. Publicado en 1980, es un éxito editorial entre los profesionales de la salud mental en todo el mundo.

Estos criterios de diagnóstico resultaron en tratamientos mejorados para algunas personas.

Actualmente, hay varios enfoques que pueden mitigar síntomas limítrofes y uno que ha reducido las hospitalizaciones y ayudado a asistir la recuperación: la terapia dialéctica conductual.

Sin embargo, muchos en la disciplina comenzaron a argumentar que el catálogo de diagnósticos necesitaba una revisión. «Trastornos de Personalidad No Especificados», una etiqueta global que básicamente significa «esta persona tiene problemas», se convirtió en el diagnóstico más común. Es un área turbia, y muchos terapeutas no tenían el tiempo o la capacitación para evaluar la personalidad encima de todo lo demás. Las entrevistas de evaluación pueden durar horas y los tratamientos para la mayoría de los trastornos involucran psicoterapia especializada a largo plazo.

El elemento más crucial y reconocible de cualquier persona –la personalidad– aún desafía el consenso.

Un equipo de expertos nombrado por la asociación de psiquiatría ha trabajado durante más de cinco años en encontrar algún sistema unificador de diagnósticos para los problemas de personalidad.

Thomas Widiger, profesor de psicología en la Universidad de Kentucky, compara el proceso de llegar a un consenso con la parábola de los seis sabios ciegos de Indostán, donde cada uno toca partes diferentes de un elefante. «Todos trabajan por su cuenta y cada uno tiene su perspectiva, su propia teoría», dijo. «Es un desastre».

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