Los dioses del Olimpo

La morada de los dioses griegos
La familia olímpica
Los nombres de los dioses
Los dioses del Olimpo

La cultura occidental, que ha sido hegemónica para la mayor parte de la humanidad al menos desde el descubrimiento de América, y que hoy, por medio de la globalización económica, va invadiendo incluso las formas de vida asiática y africana, depende directamente del sistema de creencias y de la organización social de la Grecia y la Roma clásicas. Estamos hablando de aproximadamente el medio milenio comprendido entre los siglos V y I antes de nuestra era.

El sistema de creencias estaba sólidamente estructurado en torno a unas divinidades celestiales (aunque los filósofos habían alcanzado ya el monoteísmo) que regían el destino y la conducta personal y comunitaria del hombre.

Grecia primero, y Roma después, extendían al orbe dominado por las armas su ordenación religiosa de la sociedad.

La morada de los dioses griegos

Que los dioses olímpicos pervivan hasta nuestros días en la lengua castellana parece imposible, casi tres mil años después. Pero es verdad: así, cuando decimos «le mostró su olímpico desdén» o «tal y cual están en el Olimpo», queremos indicar o bien una actitud de soberbia o un estado que sitúa a la persona por encima de la realidad.

El Olimpo es la montaña más alta de Grecia continental y en ella los griegos de la Antigüedad situaban la morada de sus dioses: por encima y a la vez cerca de los hombres. La noción de un panteón divino integrado por doce dioses y de una montaña alta que es su morada aparece en otras culturas del Próximo Oriente anteriores a Homero. Pero es indiferente hablar de dioses olímpicos o de dioses homéricos, porque fue Homero quien les dio nombre y los elevó a la categoría de dioses panhelénicos.

La familia olímpica

No todos los dioses olímpicos eran iguales, ya que existía una clara jerarquía. Al igual que los hombres, vivían en familia en el Olimpo, una familia patriarcal en la que Zeus ejercía la máxima autoridad. Era una reproducción de la familia griega de la época arcaica: ya fuese ésta la familia nuclear o la gran familia que era la pólis, la ciudad griega y comunidad de ciudadanos. Los dioses olímpicos tenían un comportamiento y sentimientos muy humanos, como los celos, la venganza, la perfidia, y también representaban todo aquello que, oculto, puede morar en el hombre.

Los antiguos griegos pusieron nombre a sus dioses, pero a pesar de estas similitudes con los humanos había una diferencia básica e infranqueable: los olímpicos eran inmortales (atánatoi) y, de hecho, al hablar de ellos se podía usar indistintamente la palabra dioses o inmortales. La principal preocupación del hombre era intentar adaptarse a su realidad, a lo que sabía que tenía un fin ineluctable, su vida.

La principal diferencia entre los dioses y los hombres era que a los primeros no les corría sangre por las venas, sino un líquido más fluido, el ícor, que hacía que su cuerpo fuera incorruptible. Se alimentaban de olores y perfumes, del néctar y la ambrosía (sustancia desconocida) y del humo que ascendía de los huesos y la grasa quemada de los animales que los hombres, en la Tierra, sacrificaban en su honor.

Los nombres de los dioses

Algunas veces, la etimología de los nombres puede orientar sobre la esencia, la función y, por lo tanto, la esfera de acción de una divinidad. En el caso de Zeus, su nombre evoca el resplandor del día en el cielo; es un dios celestial y representa la esencia del fenómeno meteorológico, pero no es un dios del tiempo climático. De este resplandor emana su inteligencia, su noûs, con la que toma las decisiones, que nunca son arbitrarias. Zeus es el padre, pero no el padre que ordena y rige la casa, sino el padre procreador y vencedor, seductor de mujeres.

Al lado de Zeus, encabezando esta familia divina, está Hera, su esposa y hermana, que no es la madre de todos los demás dioses, pues Zeus, al unirse a otras mujeres, engendra toda una saga de dioses, héroes y simples mortales. De hecho, en Grecia el culto a Hera, como diosa del cielo, es anterior al de Zeus. La figura de la madre estaba representada por Deméter, madre de Perséfone o Coré (que significa muchacha). Era la diosa-madre que dispensaba, negaba y de nuevo proporcionaba el fruto de la tierra, el grano, a los hombres.

Otras mujeres del panteón olímpico que eran la antítesis de la mujer -madre y, por lo tanto, mujeres- virgen eran Artemisa y Palas Atenea. La primera era la diosa cazadora y protectora de los animales, mientras que Palas Atenea (de la que la ciudad de Atenas toma su nombre) era la diosa por antonomasia de las póleis griegas. Y por último, otra diosa que es la excepción: Afrodita, esposa de Hefesto, diosa del amor y también del adulterio, bella y seductora.

Los dioses del Olimpo eran Apolo, Hermes, Ares, Dioniso, Hefesto y Poseidón. Apolo era el dios griego por excelencia, ya que representaba la armonía, la moderación y la pureza, que salvaguardaba combatiendo todo lo impuro. Su hermano Hermes, también hijo de Zeus, encarnaba el espíritu mediador entre los dioses y los hombres y entre los propios dioses. Ares, hijo de Hera y Zeus, era el dios de la guerra. Otro hijo de Hera era Hefesto, a quien había concebido sola; su dominio era la forja y su elemento el fuego; era el dios artesano y creador, el herrero. Dioniso, uno de los dioses griegos más antiguos, descendía de Zeus. Representaba el reverso del orden establecido, de las tradiciones y de la vida familiar en torno a la diosa Hestia. Dentro del panteón olímpico es el único dios que no mantiene relación alguna con los otros dioses. Por último está Poseidón, hermano de Zeus, que en cierto modo es su antítesis porque representa otra fuerza elemental: es señor de las profundidades de los mares.

La vida y milagros de los dioses griegos los han convertido en un referente cultural constante en la historia posterior de la humanidad. No obstante, no sería exacto atribuir a la Grecia clásica todo el mérito creativo con respecto a ello: algunos de sus dioses están claramente inspirados en dioses de culturas anteriores, como la minoica.

Los dioses del Olimpo

Afrodita: El mito más conocido sobre su nacimiento cuenta que nació en el mar, de la espuma (en griego, afrós) generada por los genitales de Cronos, que su hijo Zeus le cortó y arrojó al mar. Viola el orden patriarcal olímpico con su amante Ares.

Apolo: Hijo de Leto y Zeus y hermano de Artemisa. Sus atributos más comunes son la lira y el arco. La lira representa tanto la música como la poesía. Es la armonía musical, en contraposición a la música desenfrenada del culto dionisíaco. Se le representa siempre joven y hermoso, y es símbolo de la pureza y la luminosidad. Durante mucho tiempo fue la «autoridad» que regía las grandes decisiones políticas de Grecia a través de sus oráculos en Delfos o Delos, donde también tenía la función de médico purificador.

Ares: Hijo de Zeus y Hera. Representa la fuerza bruta de la guerra.

Artemisa: Diosa-virgen, hermana de Apolo. Es la diosa cazadora. Su esfera de acción es la naturaleza silvestre, los estanques y las regiones pantanosas. No se encuentra en las ciudades. Iba acompañada de las ninfas. Como su hermano, lleva el arco y las flechas.

Atenea: Según el mito, nació de la cabeza de Zeus por ser sabia y prudente. Es la diosa de la ciudad y también de la guerra; sus atributos son la égida y el yelmo.

Deméter: Diosa dispensadora de los cereales, que brinda y al mismo tiempo quita a los mortales, provocando épocas de fertilidad o de hambruna. Su esfera de acción es la tierra cultivada. Regenta los alimentos y acoge en su seno a los muertos y a las semillas, anudando entre ellos la vida y la muerte. También protege la semilla humana, la descendencia y, por lo tanto, a los recién nacidos (diosa-madre).

Dioniso: Hijo de Zeus y Semele, mujer mortal. Es uno de los dioses griegos más antiguos (ya se menciona en Creta) y en cierto modo representa la antítesis de Apolo. En su culto se celebra la eterna renovación de la vegetación representada por la vid. Su séquito es muy peculiar: le acompañan ante todo mujeres, las ménades o bacantes, conocidas como «enloquecidas». Pero también están presentes silenos y sátiros (figuras masculinas con rasgos de caballo y cabra).

Hebe: Hija de Zeus y de Hera. En la familia divina, desempeña el papel de criada y de hija de la casa. Esposa del héroe Heracles (Hércules), es la personificación de la juventud de los dioses.

Hécate: Diosa de la magia, asociada a Artemisa. Su estatua se levanta en las encrucijadas en forma de mujer de triple rostro. A su pie se depositaban ofrendas.

Hefesto: Hijo de Hera. Es el dios forjador, herrero y artesano por excelencia. Es el creador de artificios; así, para vengarse de Hera, fabrica un trono en el que la diosa se queda atrapada. Habita en las profundidades de la tierra, donde tiene su taller.

Hera: Hermana y esposa de Zeus. Era la protectora de la casa y el matrimonio. Las bodas se celebraban invocando su nombre. Hera no representa a la madre de familia, sino a la mujer en cierta medida ultrajada (por Zeus), que intenta defender su territorio mediante la intriga y la venganza.

Hermes: Hijo de Zeus y la ninfa Maya. Es el dios de los pastores y los viajeros, protector de los caminos y las encrucijadas (de viajeros, ladrones y vagabundos), y conductor de las almas de los muertos a los infiernos. Es el mensajero de Zeus, pero también actúa como mensajero entre los dioses, y entre los dioses y los hombres. Se le representa con alas en el casco y en los pies.

Hestia: Hermana de Zeus, hija primogénita de Cronos y Rea. Diosa del hogar doméstico y, por extensión, del hogar de la ciudad, como indica su nombre (en griego, «hestia» significa «hogar»).

Poseidón: Hermano de Zeus. En el reparto del mundo le tocó el dominio de los mares. Por ello es el señor de las tormentas que sacuden la tierra. Era protector de los pescadores y se le representaba llevando un harpón.

Zeus: Último hijo de Rea y Cronos, a quien destronó. Es el dios soberano del Olimpo. Sus atributos iconográficos son el rayo y el cetro.

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