Los autoestopistas más pequeños

GARY BELL, CORBIS

Hay noticia de que al menos en dos cuencas oceánicas, la del Pacífico Norte y la del Atlántico Norte, pequeños fragmentos de plástico del tamaño de un confeti o menores se están acumulando en la superficie marina por decenas de miles. Se trata de restos de bolsas de la compra, vasos, botellas y otros residuos.
En 2010, un grupo de expertos informó de un misterio en la revista Science. A lo largo de una investigación de 22 años de duración sobre la acumulación de plástico en la zona noroccidental del océano Atlántico, no observaron ningún aumento en la cantidad de plástico, a pesar del incremento de la producción mundial de este material de 75 a 245 millones de toneladas durante el mismo período. ¿Dónde iba a parar todo ese plástico? Nuevos datos muestran que los microorganismos marinos podrían estar dándose un banquete con esos residuos.
En un viaje reciente al mar de los Sargazos, en la zona norte del Atlántico, un grupo de científicos de la Asociación pa
ra la Educación Marina (SEA, por sus siglas en inglés), con sede en Woods Hole, Massachusetts, recogió trozos de plástico que, a simple vista, parecían lisos y limpios. Sin embargo, al utilizar un microscopio electrónico para examinar estas pequeñas astillas de un centímetro de longitud, hallaron un mundo nuevo. «Descubrimos que estaban cubiertas de microorganismos», explica Tracy Mincer, de la Institución Oceanográfica de Woods Hole. Es más, observaron microorganismos que se hundían en la superficie del plástico, creando un orificio que doblaba su diámetro. «Parecían brasas que se hundían en la nieve», añade.
Mincer advierte que esos resultados son todavía preliminares, pero si pudiesen confirmarse constituirían la primera prueba de que los microorganismos marinos pueden degradar el plástico vertido en el mar. Si bien se ha demostrado la capacidad de las bacterias de digerir el plástico en el entorno cálido, húmedo y rico en nutrientes de los vertederos en tierra, la superficie del océano se ha considerado durante mucho tiempo un lugar demasiado inhóspito para que se produzca la biodegradación. Es fría, turbulenta y, sobre todo en el mar de los Sargazos, carece de nutrientes.
Para Kara Lavender Law, de la SEA, resulta esencial realizar nuevas investigaciones que ahonden en la descomposición del plástico en el mar. Ella es la autora principal del artículo publicado en Science que señaló por primera vez la desaparición del plástico.

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