Los arquitectos pintores se le animan al tango

Históricamente, allá por el Renacimiento y más lejos aún, el arte y la arquitectura eran una sola cosa, o, en todo caso, distintas aplicaciones de una sola y única actividad creativa. Hoy, muchos arquitectos también intentan fusionar o combinar la profesión con las artes plásticas, como los casos muy notorios de Clorindo Testa y Justo Solsona, los dos arquitectos vivos más prestigiosos de Buenos Aires, reconocidos también por su arte. De hecho, existe una galería, Amancio, dedicada a la obra artística de arquitectos. También, una muestra anual, todo un rito que ya va por su séptima edición y se exhibe hasta marzo en Clásica y Moderna. Su mentor y curador es el arquitecto y pintor Isaac “Coco” Rasdolsky, quien suele convocar para este evento a otros colegas que también saben empuñar el pincel.

“Existen espacios de creatividad que comparten ambas disciplinas. Quizás, la diferencia más notable pasa por la responsabilidad, porque los arquitectos ideamos espacios habitables, aunque los artistas plásticos también influyen en la vida del hombre de otro modo”, explica Rasdolsky, quien también participa como artista en su propia iniciativa. La muestra, cuya existencia se transmite sólo por el boca a boca, siempre gira alrededor de una temática, elegida cada año por Coco, y en esta oportunidad el tema es el tango, así como en ediciones anteriores lo fueron la gastronomía, la vista desde la ventana, la bicicleta, el verano porteño o el 70º aniversario de Clásica y Moderna (como sucedió en 2008).

“Aunque muchos no la bailemos y no nos pasemos todo el día escuchándola, el tango es esa música que todos reconocemos como nuestra y llevamos en las venas. También representa a los diferentes ámbitos de la vida de los porteños: sus bares, sus encuentros, charlas sobre fútbol, política, mujeres y hombres”, cuenta Rasdolsky. Hubo también una consigna formal y es que los trabajos debían realizarse en un único formato: tela de 80 por 80 centímetros.

Además de Testa y Solsona –que enfocaron sus respectivas obras en el tango como danza–, participan otros arquitectos artistas de distintas generaciones y bien conocidos en el ambiente, como Héctor Medici (Primer Premio en la III Bienal Iberoamericana de México, 1982), Horacio Spinetto (autor de los libros Cafés de Buenos Aires y Librerías de valor patrimonial de Buenos Aires), Roberto Frangella, Eduardo Cervera (gran acuarelista que suele dictar seminarios sobre esa técnica en Roma) y varios otros. También se incluyeron en la muestra algunos croquis provenientes de otra movida de la que también participa activamente Rasdolsky: los “Croquiseros Urbanos”, un grupo de arquitectos que salen un sábado por mes a dibujar a mano alzada algún rincón de Buenos Aires.

La obra enviada por Clorindo exhibe, según Coco, la misma actitud lúdica y ausencia de solemnidad que puede apreciarse en sus edificios más notables, como la Biblioteca Nacional o el ex Banco de Londres (actual Banco Hipotecario), con dos piernas de bailarín formando un “cuatro” y la onomatopeya del chillido de la suela al “sacarle viruta” al piso. Solsona, en tanto, empleó en su lienzo su técnica característica de pinturas sintéticas (las que se usan para esmaltar piezas de metal) con escobillas para pintar una pareja, al decir de Rasdolsky, en actitud de “encontrarse y reconocerse en el baile”, utilizando muy pocos colores y jugando con la atracción entre opuestos.

Juan Fontana, socio habitual en los proyectos de arquitectura más recientes de Testa y conocido como pintor abstracto, realizó un cuadro totalmente figurativo centrado en la leyenda del “Cuartito Azul”, en la casa de Villa del Parque donde Mariano Mores compuso el tango de ese nombre al mismo tiempo que pintaba de ese color la habitación. En tanto, los paisajes suburbanos, un tópico habitual en las letras de los tangos, se reflejan en las obras de Spinetto y Cervera, con su profusión de casas bajas, atardeceres y climas melancólicos. En estricto blanco y negro, Frangella recrea la partitura con letra de “El día que me quieras”, y Rasdolsky retrata en clave expresionista –según su propia definición– una actuación de la Orquesta Típica Fernández Fierro en su reducto del Abasto, el Club Atlético Fernández Fierro, del cual el autor se reconoce un habitué.

El rito en Clásica y Moderna incluye una vernissage con almuerzo restringida a los artistas. A la hora de los postres, cada uno tomó el micrófono para decir lo que le venga a cuento o inspire la digestión, aunque Cervera, que también es músico, prefirió tocar un tango en el piano. Por su parte, Solsona elogió la intimidad del evento, sin gran publicidad ni anuncios altisonantes. Rasdolsky dijo que lo emocionaba poder sostener la actividad durante estos bíblicos siete años y agradeció la disposición de la dueña de casa, Natu Poblet, quien, aunque muchos no lo sepan, también es arquitecta.

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