Los años de la reinvención de Steve Jobs

En las primeras páginas de la extensa biografía Steve Jobs, el instantáneo best-seller de Walter Isaacson, hay una guía de personajes. El noveno es Kobun Chino Otogawa, a quien define como el “maestro californiano de sōtō zen que se convirtió en el guía espiritual de Jobs”. En 2005 éste no hizo referencia explícita a él -sí implícita- ante una audiencia tocada con birretes en la Universidad de Stanford cuando contó que su despido de Apple en 1985 había sido lo mejor que le había pasado. “Me liberó para entrar en uno de los periodos más creativos de mi vida. En los cinco años siguientes fundé una compañía llamada NeXT, otra llamada Pixar y me enamoré de una mujer maravillosa que se convertiría en mi esposa”.

Precisamente en septiembre de 1985 arranca la novela gráfica El zen de Steve Jobs (Oberon). Jobs acababa de ser fulminantemente despedido y Otogawa se enteraba de la noticia por la radio. En la campaña presidencial de 2008, Barack Obama soliviantó a la opinión pública cuando dijo que, cuando las cosas se ponen feas, los americanos se aferran a las armas y la religión. Por una vez, Steve Jobs no se distinguió de la media y se entregó al budismo y a las lecciones de su mentor. Esta etapa, la de los años sobre los que menos luz se ha arrojado, es la que han “re-imaginado” el periodista Caleb Melby y la agencia JESS3 –que desgrana sus decisiones estéticas en un making of al final del libro–. Durante un mes, Melby entrevistó a sacerdotes budistas que los conocieron a ambos. “Es difícil rastrear la relación de Jobs con el budismo porque Otogawa murió en 2002 y por su notoria distorsión de la realidad. Su relación con el budismo no fue lineal: se desligó mucho cuando volvió triunfalmente a Apple a mediados de los noventa. La idea de que Steve se aferró al budismo, extrajo lo que necesitaba y luego lo abandonó está en contradicción con la imagen pública que tenemos de este dios tecnológico holístico y genial, pero así fue como pasó”, explica desde Nueva York.

El libro ilustra la conocida obsesión de Jobs por la búsqueda de la belleza y la perfección. Otogawa le ayuda en lo primero, y trata de apaciguarlo en lo segundo. “Steve, el significado de nuestras vidas no lo encontramos en la creación de cosas perfectas. Apple, el iMac, no pueden definirte”, le insiste. En concreto, ese consejo no surtió efecto, pero, según Melby, aunque en ocasiones Jobs fuera reacio a reconocer el legado de Otogawa, el japonés fue fundamental para la estética de Apple pero, sobre todo, para su filosofía. En ese mismo discurso en Stanford, que remató con la ya mítica recomendación “Stay hungry, stay foolish”, Jobs recalcó que, tras su salida de Apple, “la pesadez del éxito fue sustituida por la ligereza de ser de nuevo un principiante”. Otro caso de la famosa apropiación de ideas de Jobs, opina Melby. “Precisamente una de las citas más célebres de Shunryu Suzuki, que fue quien trajo a Kobun a Estados Unidos, es ‘La mente del principiante está llena de posibilidades, en la del experto escasean’. Steve absorbió esta actitud. Se convirtió en un principiante perpetuo”.

Avalancha editorial

El cinco de octubre de 2011, fecha del fallecimiento de Steve Jobs, comenzó una carrera por publicar libros en torno a la figura y/o mito del co-fundador de Apple. Es difícil hacer un cálculo certero, pero parece prudente decir que a mediados de abril de 2012 el contador ya supera la veintena (quedan descartadas las ediciones electrónicas pergeñadas por fans afligidos). Así pues, ¿por qué deberíamos leer El zen de Steve Jobs? “Como mínimo, aporta dos cosas: es una mirada en profundidad a la incursión de Jobs en el budismo zen y la enorme influencia que ejerció sobre él y Apple, y es un retrato sincero de su temperamento. El zen de Steve Jobs lo pinta como lo que era: imperfecto y humano”, argumenta Melby, quien habiéndose criado en la católica Minnesota reconoce una cierta fascinación por el budismo. “Es una religión basada en el pensamiento crítico, la contemplación y el auto-descubrimiento. Parece que se estructurase no sólo para ayudarte a sobrevivir en esta era tecnológica, sino para prosperar en ella. Es fácil ver por qué Steve Jobs se sintió tan atraído”.

La influencia del budismo

Según El zen de Steve Jobs, las enseñanzas de Kobu son especialmente patentes en dos conceptos que acompañaron a Jobs durante su etapa profesional de mayor éxito:

1. La esencia

Eso, decía Kobu, era lo que Jobs debía buscar. Por ello, tras su regreso triunfal a Apple en 1997, Jobs decidió simplificar la línea de productos de la compañía, que por entonces ofertaba una docena de versiones del Macintosh. A partir de entonces, Apple fabricaría ordenadores de sobremesa y portátiles para usuarios profesionales y domésticos.

2. El círculo

“Dar vueltas es esencial. El ritmo natural de la respiración es un círculo”, le repetía Kobu a Jobs mientras éste caminaba a su alrededor. Sólo así podría pensar con claridad. Y, según el libro, de esta enseñanza surge que Jobs le pidiese a Foster + Partners que el círculo fuese la geometría imperante en el Apple Campus de Cupertino. Jobs buscaba que sus trabajadores pudieran caminar en círculo para reflexionar sobre su trabajo y, también, que se produjesen encuentros fortuitos entre compañeros de distintos departamentos: Jobs creía que las reuniones más productivas ocurrían así, por accidente (Jonah Lehrer lo contaba recientemente en The New Yorker).

 

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