Los Amish y la guerra de las barbas

BERGHOLZ, Ohio — Myron Miller y su esposa, Arlene, estaban durmiendo hacía una hora cuando su hija de 15 años los despertó y les dijo que alguien estaba golpeando la puerta.

Miller, de 45 años, un fornido trabajador de la construcción y obispo amish en la tranquila zona de cultivos del este de Ohio, se encontró con cinco o seis hombres que lo esperaban. Algunos lo inmovilizaron y lo arrastraron hacia afuera y otros avanzaron con tijeras hacia su barba y le cortaron quince centímetros. Como Miller siguió resistiéndose, su esposa gritó a los niños que llamaran al 911 y los atacantes huyeron.

Para un hombre amish, fue una incalculable violación personal y de lo más increíble, porque los acusados por el ataque eran otros amish.

“Nosotros no peleamos, pero es instintivo defenderse”, recordó Miller.

Los atacantes, dijeron las autoridades, habían viajado desde un aislado asentamiento escindido en Bergholz, al sur de la residencia de los Miller. Sheriffs y líderes amish de la región, hogar de uno de las más grandes concentraciones de amish del país, esperaban problemas del grupo de Bergholz. Se dice que es controlado con mano de hierro por Sam Mullet, un irritable hombre de 66 años quien quedó amargamente enemistado con las principales comunidades amish y tuvo varios enfrentamientos con el sheriff del condado de Jefferson.

Pero las violentas humillaciones que los hombres de su grupo fueron acusados de haber perpetrado contra los que percibían como sus enemigos a lo largo de ese otoño, usando tijeras y cortadoras a batería, sorprendió como algo bizarro.

Los ataques –al menos los cuatro conocidos por las autoridades– generaron temor entre los amish y terminaron en los arrestos, hasta ahora, de cinco hombres, incluidos tres hijos de Mullet, por cargos de privación de libertad y otros. Las autoridades dijeron que era posible que hubiera más arrestos.

En el primer episodio, el 6 de septiembre en la ciudad de Mesopotamia, una pareja casada que había dejado la comunidad de Bergholz hacía cuatro años, Martin y Barbara Miller, fueron atacados durante la noche por cinco de sus propios hijos y yernos y sus esposas –todos ellos habían optado por seguir con Mullet-, según las víctimas. La banda dejó al padre con la “barba raleada”, según describió el sheriff, después se volvió contra la madre –la hija de Mullet- y le cortaron largas mechas de su cabello.

“La barba es un símbolo clave de la identidad masculina amish”, indicó Donald B. Kraybill, un sociólogo y experto sobre los amish del Elizabethtown College en Pennsylvania. Las mujeres consideran su cabello largo, recogido, como su “gloria,” explicó Kraybill, y cortárselos implicó “un ataque a su identidad personal y a sus enseñanzas religiosas”.

Los acusados en el ataque fueron liberados bajo fianza. El Viejo Mullet no fue acusado, aunque permanece bajo investigación. “Sé que nada se mueve allí si él no dice que se mueva”, dijo Fred J. Abdalla, el sheriff del condado de Jefferson.

Los fiscales federales están considerando si levantar cargos por crímenes de odio, según la oficina del FBI de Cleveland.

Los procesamientos son inusuales porque los amish no creen en la revancha y prefieren resolver sus disputas internamente. La pareja de Mesopotamia, Barbara y Martin Miller, se negaron a atestiguar diciéndoles a los funcionarios que preferían “ofrecer la otra mejilla”. Pero otros están colaborando con las autoridades.

“Queremos ver a esa gente tras las rejas para que ese culto sea desterrado antes de que las cosas terminen como la mayoría de ellos las hacen”, dijo Myron Miller, quien vive en Mechanicstown. Muchos amish consideran a Mullet un peligro para el resto de la comunidad y sobre todo para las 120 personas de la colonia, incluyendo docenas de niños que crecen bajo su dominio.

Miller tiene ahora una barba de cinco centímetros. Él y su esposa creen que los ataques fueron una devolución por el hecho de haber ayudado a uno de los hijos de Mullet a abandonar la comunidad de Bergholz.

Mullet se negó a hablar con un reportero la semana pasada a través de la puerta de su amplia casa en el centro de la colonia de Bergholz y le ordenó abandonar la propiedad.

En una anterior entrevista con la agencia Associated Press,  Mullet había dicho que los recientes ataques se debían a “diferencias religiosas” y que él no los había ordenado, aunque sabía que habían ocurrido.

Las afirmaciones de Mullet enfurecieron a otros amish. “No es un asunto religioso, es una lisa y llana revancha”, dijo Arlene Miller.

Muchos amish dijeron que ya no considerarán a Mullet un amish y ni siquiera un cristiano. Si bien los amish tienen una larga historia de cismas, las distintas congregaciones tienden a mantener lazos de cooperación, y el hecho de que el grupo de Mullet no esté vinculado con ningún otro es una señal de su condición de renegado, apuntó David McConnell, un antropólogo del College of Wooster que estudia a los amish.

Una mañana reciente, la colonia de Bergholz, de unas 18 familias alojadas en casas de madera y rodantes dispersas en un valle al que se accede por un camino maltrecho, apareció repentinamente casi desierta. Los caballos y las vacas pastaban. Las mujeres, con sus tradicionales cofias y vestidos negros, miraban a los extraños a través de las ventanas.

Edward Mast, de 18 años, uno de los nietos de Mullet, estaba trabajando en el establo, donde guardaban a fornidos caballos y estacionaban sus carros.

Casi todos los hombres se van todas las mañanas en camionetas para trabajar en la construcción, dijo el muchacho, y le pagan a un “English” (inglés) –el término de los amish para los que no son amish– para que conduzca el transporte. Algunas mujeres enseñan  a los niños en su propia escuelita. Todos los niños dejan la escuela en octavo grado, habitualmente para trabajar, explicó.

Mast, quien adora la Mountain Dew y la caza de venados, dijo que daba por seguro que seguiría viviendo dentro de la comunidad.

En 1995, cuando Mullet compró tierras en Bergholz, ya era conocido como un solitario de actitudes provocativas. Pero sus conflictos con personas de fuera se multiplicaron en la última década, según el sheriff Abdalla y líderes amish locales. Un seguidor fue condenado por amenazas de muerte al propio sheriff después de perder una batalla de custodia. Uno de los hijos de Mullet fue a prisión por abusar de una niña de 12 años.

La amargura religiosa de Mullet aparentemente nace de sus esfuerzos durante cinco años por excomulgar a familias que se mudaron. Un grupo de líderes amish le dijo que no tenía fundamentos para hacerlo, a partir de lo cual fue alimentando su resentimiento, según el sheriff.

El ataque del 6 de septiembre a la hermana de Mullet y a su esposo generó una ola de preocupación en la comunidad amish. Al día siguiente, la hermana de Mullet, Bárbara, de 57 años, se rehusó primero a hablar con los funcionarios del condado de Trumbull, así que le señalaron la barba de su marido.

“Ellos le hicieron eso”, admitió ella, según el sheriff. “Y ellos me hicieron esto a mí”, agregó, quitándose el pañuelo y mostrando lo que los oficiales describieron como “varios parches de cabello perdido”.

La señora dijo a los oficiales que ella y su marido habían renunciado a Bergholz pero que sus hijos habían permanecido allí y se habían involucrado en lo que ella denominó otro “culto”.

Posteriores episodios, el 4 de octubre, terminaron en arrestos.  Un grupo de hombres fue acusado de atacar a dos hogares después de concurrir a una subasta de caballos y merodear por varios condados con un confundido conductor.

Las primeras víctimas aquella noche fueron un obispo amish de 74 años y su hijo en Mount Hope. Más hacia la noche, miembros del mismo grupo asaltaron, al parecer, a Myron Miller.

El señor Miller tomó por el rostro a uno de los asaltantes y después encontró pedazos de barba, no la suya, que el sheriff recogió como evidencia.

“Me aterrorizó que esos tipos estuvieran realmente arrastrándome fuera de mi casa”, dijo Miller. “Toda mi familia estaba aterrorizada”.

Aquí, versión original de este artículo, en inglés.

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Los amish (pronunciación AFI: [ɑmɪʃ]) son una agrupación religiosa cristiana de doctrina anabaptista, conocidos principalmente por su estilo de vida sencilla, vestimenta modesta y tradicional y su resistencia a adoptar comodidades modernas. Son alrededor de 230.000 personas, principalmente en 22 asentamientos en los Estados Unidos de América y en Ontario, Canadá.

Los amish son un grupo cultural y étnico fuertemente unido, descendiente de inmigrantes predominantemente suizos de habla alemana. Creen en el Nuevo Testamento de una forma muy literal y se aíslan del mundo exterior. Defienden elpacifismo y la vida sencilla. Visten como en el siglo XVII o XVIII. La mayoría habla en casa un peculiar dialecto alto alemán (Deitsch o «alemán de Pensilvania»), aunque los autodenominados «amish suizos» hablan un dialecto alemán que ellos llaman «suizo» (Swiss). Son sólo uno de los muchos grupos de «holandeses de Pensilvania», generalmente de origen alemán (la palabra Dutch, «holandés», es una forma arcaica de Deutsch, «alemán»). Los Beachy Amish, más «progresistas», especialmente aquellos nacidos después de la década de 1960, tienden a hablar predominantemente en inglés en casa.

La mayoría de las comunidades amish que se establecieron en Norteamérica no mantuvieron su identidad original. De hecho, la mayor parte de las comunidades tempranas decidieron abandonar finalmente su identidad amish y adquirieron gradualmente la identidad menonita. La división más importante, que resultaría en la pérdida de la identidad amish, ocurrió en la década de 1860. Durante esos años, los amish desarrollaron varias conferencias en Wayne County (Ohio) acerca de la manera en la que debían enfrentarse a las presiones de la sociedad moderna.

El estilo de vida amish es dictado por un conjunto estricto de reglas, la Ordnung, de la comunidad. Las Ordnung difieren entre comunidades, y dentro de una misma comunidad de distrito a distrito. Lo que es aceptable en una comunidad, puede no serlo en otra. Ningún resumen del «estilo de vida» amish puede ser totalmente certero, puesto que hay pocas generalidades que sean ciertas para todos los amish.

Las reglas de la iglesia –la Ordnung- deben ser observadas por todos los miembros. Estas reglas cubren la mayoría de los aspectos de la vida diaria, incluyendo prohibiciones o limitaciones sobre el uso de electricidad de origen externo, teléfonos y automóviles, así como regulaciones en el vestir. Muchos miembros de la iglesia Amish no toman seguros ni aceptan asistencia gubernamental, tales como la de la Seguridad Social de EE.UU. (Social Security). Comoanabaptistas, los Amish practican la no-resistencia (es decir, una forma de no violencia a ultranza) y no realizarán ningún tipo de servicio militar. Aquellos miembros que no aceptan estos principios y que no pueden ser convencidos de arrepentirse, son excomulgados. Adicionalmente estos miembros son “rechazados”; una práctica que limita los contactos sociales para avergonzar al miembro presionando para su retorno a la iglesia. Durante la adolescencia (conocida como “rumspringa” en algunas comunidades), el comportamiento rebelde que normalmente resultarían en el rechazo en un adulto bautizado puede ser perdonado hasta cierto grado.

Muchos amish, especialmente los de la vieja guardia, son reconocidos ampliamente por evitar toda tecnología moderna. Evitar objetos comoautomóviles y televisores, o incluso la electricidad, constituyen una decisión en gran medida malentendida. Los amish no consideran que toda la tecnología sea malvada, de hecho, pueden reclamar la aceptación de ciertas tecnologías dentro del estilo de vida amish. En algunas comunidades, los líderes eclesiásticos se reúnen para analizar la admisión de ciertos elementos, en otras, esto se hace cada vez que es necesario. Debido a que los amish, como otros menonitas, no tienen una estructura gubernamental centralizada y jerarquizada, como laIglesia Católica Romana o las iglesias de la Comunión Anglicana, diversas comunidades a menudo tienen ideas diferentes en cuanto a qué elementos tecnológicos son aceptables y cuáles no.

La electricidad, por ejemplo, es vista como una conexión con el «mundo», los «ingleses» o «yankees» (el mundo exterior). La utilización de la electricidad podría también llevar al uso de electrodomésticos que complicarían la tradición amish de vida sencilla. Pero, en ciertos grupos amish puede usarse la electricidad en situaciones muy específicas. En algunos grupos, por ejemplo, ésta tiene que ser producida sin acceder a las líneas eléctricas exteriores. Las baterías de 12V son aceptables para estos grupos. Los generadores eléctricos sólo pueden emplearse para soldar, recargar baterías y alimentar ordeñadoras. El razonamiento tras el sistema de 12V es que limita lo que el individuo puede hacer con la electricidad y sirve como medida preventiva contra abusos potenciales. La mayoría de las fuentes de potencia de 12V no generan suficiente corriente como para alimentar lo que es visto como mundano: dispositivos tales como televisores, bombillas y secadores de pelo.

La mayoría de las familias amish hablan un idioma conocido como alemán de Pensilvania (Deitsch) en el hogar. El término comúnmente usado de holandés de Pensilvania («Pennsylvania Dutch») viene del uso original de la palabra «Dutch», que se refería a todos aquellos que hablaban dialectos germano-holandeses y no sólo a los originarios de Holanda.

El código de vestimenta para algunos grupos incluye la prohibición de los botones, permitiendo que sólo ganchos y ojales mantengan la ropa cerrada. Otros grupos permiten que sus miembros cosan botones en sus vestiduras. En algunos grupos, algunos artículos pueden tener botones y otros no (la razón para la restricción en el uso de botones es su original asociación con las Fuerzas armadas). Los amish son notables por la calidad de sus edredones y por la eficiencia de su agricultura. Algunos amish han adoptado con entusiasmo los productos modificados genéticamente por su alta eficiencia.

Cabina telefónica instalada por un granjero «inglés» en el condado de Marshall, (Indiana), para uso en casos de emergencia por parte de las familias amish locales.

Típicamente, un hombre amish estará siempre bien afeitado mientras permanezca soltero. Al casarse dejará que su barba crezca. En algunas comunidades, sin embargo, un hombre dejará que su barba crezca después de ser bautizado. Los bigotes generalmente están prohibidos por ser vistos como símbolos del militarismo. Esto es debido a la persecución política y religiosa que sufrieron en Europa durante los siglos XVI y XVII. La nobleza y los miembros de la clase alta, que servían frecuentemente como oficiales militares, se dejaban bigotes pero no barbas.

Los amish, como todos los anabaptistas, no creen que un niño pueda ser bautizado en sentido completo, lo cual se refleja en el propio nombre «anabaptista», que significa «rebautizador», ya que los anabaptistas sólo bautizan adultos. Se espera que los niños amish sigan la voluntad de sus padres en todos los aspectos, pero cuando se hacen mayores, pueden elegir cuál es el modo de vida que quieren. En algunas comunidades, durante la adolescencia (la “rumspringa”) los padres permiten que sus hijos prueben el modo de vida «inglés» del mundo exterior durante un año, de manera que puedan decidir si quieren ser bautizados y unirse a la comunidad de por vida. Algunos eligen no hacerlo y vivir el resto de su vida dentro de la sociedad «externa». Algunas comunidades rechazan activamente a aquellos que deciden dejar su doctrina amish de nacimiento, incluso a aquellos que se marchan a otra congregación amish de doctrina divergente. Sin embargo, otras raramente practican ningún tipo de rechazo, manteniendo un contacto familiar y social cercano con aquellos que dejan la fraternidad.

Las comunidades amish pueden ser ligera o drásticamente diferentes unas de otras. Estas diferencias son visibles entre distrito y distrito o incluso dentro de una misma comunidad. Al describir detalles sobre el código de vestimenta, estilo de vida, etc., un escritor cuidadoso especificará el nombre de la comunidad a la que se refiere la descripción. Las diferencias van desde lo más profundo, tales como la aceptación de automóviles sin cromar en grupos conocidos como los «amish del parachoques negro» (los Beachy Amish), los cuales son considerados ampliamente como no-amish por otros grupos, hasta lo que podríamos considerar como trivialidades, tales como el desacuerdo entre grupos que mantienen posiciones diferentes acerca de la forma de los tirantes o acerca de cuántos pliegues debe tener ungorro. Los grupos con modos similares se consideran «en comunión» entre sí y unos a otros como miembros de la misma iglesia cristiana. Los miembros de estos grupos pueden visitarse y casarse entre sí, siendo ésta una consideración importante para evitar problemas relacionados con la endogamia.

La totalidad de los amish sienten la presión del mundo moderno. Las leyes sobre el trabajo de menores, por ejemplo, están amenazando seriamente sus modos de vida, establecidos desde tiempo inmemorial. A los niños amish se les enseña a trabajar duro desde una edad temprana (temprana para los estándares del siglo XXI). Los padres amish supervisan a sus hijos en las nuevas tareas para asegurarse de que aprendan a realizarlas de manera segura y efectiva. Las leyes modernas sobre el trabajo de menores entran en conflicto con la autoridad de los padres amish para decidir si sus hijos son competentes o no para las tareas arriesgadas.

Como muchos menonitas, muchos amish rechazan los seguros (incluyendo los médicos), confiando únicamente en el apoyo de su iglesia y su comunidad. Un ejemplo de tal apoyo es la reparación de graneros, en la cual se reúne toda la comunidad para reconstruir en un solo día los graneros dañados por el fuego o algún desastre natural.

Ya que casi todos los amish que existen en la actualidad descienden de los mismos pocos cientos de fundadores del siglo XVIII, éstos han sido objeto frecuente de dolencias genéticas hereditarias. Algunas de estas dolencias son bastante raras, en ciertos casos únicas, y unas pocas de éstas muy serias. Los trastornos afectan a los niños y han llevado a una mayor proporción de mortalidad entre ellos. La mayoría de los amish aceptan esto como «Gottes Wille» (voluntad de Dios), rechazando cualquier tipo de exámenes genéticos previos al matrimonio para prevenir estas dolencias, y negándose a que se practiquen exámenes genéticos en el feto. En cualquier caso, los niños con alguna discapacidad física o mental son amados y cuidados tanto como los niños que no las padecen. Sin embargo, a veces se encuentra diversidad genéticaentre las comunidades, dado el caso de que la relación entre ellas haya sido lo suficientemente distante. Así, los trastornos genéticos presentes en una comunidad pueden estar ausentes de la otra. Por ejemplo, aunque dentro de los amish de Lancaster County hay sólo unas pocas familias fundadoras, éstas son bien distantes de las familias fundadoras de la comunidad amish de Perth County, en Canadá.

Muchos padres están usando la tecnología moderna para cuidar de sus hijos. La amplia mayoría recibió permisos especiales de sus líderes religiosos para utilizar ciertos aparatos eléctricos, pero en algunos casos fue imposible obtener dicha autorización, lo que ha llevado a algunos padres a abandonar el estilo de vida tradicional, siendo consecuentemente «expulsados» por su comunidad.

Aunque los amish pagan impuestos, están exentos de la Seguridad Social de los Estados Unidos, según el proyecto de ley relativo aMedicare promulgado en 1965. Como parte de su rechazo a los seguros, los amish no aceptan ayuda del gobierno, ni en salud ni en alimentación. Así, a pesar de que los amish no pagan Seguro Social, tampoco la utilizan. Además, los amish pagan impuestos escolares por escuelas que no usan y por muchos otros servicios a los cuales no recurren.

Los amish residen en unas 22 comunidades cerradas en EEUU, así como en Ontario (Canadá). Las mayores concentraciones de amish en EEUU están en el condado de Holmes (Ohio),condado de Lancaster (Pensilvania) y el condado de LaGrange (Indiana). Por cantidad en cada estado, la población amish más grande está en Ohio, y la segunda más grande en Pensilvania. Hay unos 228.000 amish en EEUU y otros 1.500 en Canadá. Algunos amish del grupo Beachy Amish han emigrado a América Central en un intento de huir de las influencias de la sociedad moderna, fundando un establecimiento importante cerca de San Ignacio, en Belice.

Los grupos amish más estrictos son los denominados Nebraska Amish, Troyer Amish y los grupos Swartzendruber Amish. La lengua usada en todos los hogares amish tradicionales y en muchos hogares Beachy Amish es el alemán de Pensilvania (o «Pennsylvania Dutch»). El inglés se utiliza con el mundo exterior.

Los amish que abandonan sus viejas costumbres permanecen a menudo cerca de su comunidad y, en general, hay niveles de progresión escalonada de amish estrictos a grupos más progresistas (generalmente menonitas).

La comunidad Amish no suele tener edificios religiosos, las celebraciones religiosas son de carácter privado en sus propias casas. Esta práctica deriva del Nuevo Testamento y de la ideología anabaptista que cree que es mucho más seguro rezar en la privacidad del hogar.

Los Amish consideran que la Biblia es el modelo de vida a seguir. El aislamiento del resto de la sociedad se basa en la idea de ser la “raza elegida, una verdadera comunidad cristiana, una nación sagrada, el pueblo de Dios” (1 Pedro 2:9), no se “conforman con este mundo” (Romanos 12:2), evitando el “amor del mundo o de las cosas que viven en él” (1 Juan 2:15) y la creencia que “la amistad con el mundo los enemista con Dios” (Santiago 4:4)

Para evitar el contacto con el mundo exterior, los Amish prefieren trabajar en casa. Además del trabajo en el campo, los Amish también se dedican a la construcción y, en aquellas zonas con gran influencia turística, se dedican al trabajo artesanal. Los artículos decorativos tienen un papel muy escaso en la forma de vida Amish (…)

Aquí, publicación original y completa de este artículo.

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Por Joe Mackall, 20 de octubre de 2011.

Ashland, Ohio. A la hora en que iba hacia la granja del señor Stutzman para preguntarle cómo se haría cargo de los amish renegados de Bergholz, Ohio –un grupo escindido que incluye varios miembros recientemente arrestados después de participar en ataques a otros amish– ya era tarde para darle la noticia. Sabía que sería así. Varios de mis amigos ingleses (es decir, no amish) residentes de Ashland County habían ido a ver a Stutzman más temprano aquella mañana. Todos estaban ansiosos por contarle otro incidente con los amish. Y éste era de lo mejor: un caso de violencia entre los propios amish.

Los ingleses siempre paran en lo de Stutzman con noticias sobre el mundo exterior, especialmente si las noticias revelan indiscreciones sobre los amish, o peor. Hace unos pocos años, un hombre amish de un condado vecino fue enviado a prisión por abusar sexualmente de sus hijas. El tránsito en el puesto de producción de Stutzman ese día fue pesado, me dijo. Amigos nunca vistos antes se habían detenido a recoger una planta de lechuga o un manojo de pimientos. Mirándolo fijo a la cara, le preguntaban si había escuchado sobre el abuso. Esparcir malas noticias sobre nuestros vecinos amish es algo que hacemos aquí.

Vivo rodeado de amish Swartzentruber, ampliamente considerados los más conservadores entre los amish. Por estos lados, la gente parece odiarlos o amarlos. A diferencia de otras partes de los Estados Unidos, donde no hay grandes poblaciones y tienden a idealizar a la comunidad, aquí las cosas adquieren la forma de un prejuicio básico, algunos dirían que concreto.

Por aquí, la gente se cansa de esquivar carros y saltearse bosta de caballos. Por aquí, a la gente le molesta la cantidad de tierras adquiridas por los amish y cómo disponen de algo así como un seguro de salud propio, un seguro de salud llamado… comunidad. Por aquí, la gente está convencida de que los amish se están quedando con algo, han encontrado algo, tienen demasiado secretos. Por aquí, la gente ama hurgar en los huecos del tejido de solidaridad amish.

Los ataques y arrestos en Bergholz parecen ajustarse a un relato conveniente para gente que busca desacreditar a los amish. Hay evidencia de una escisión doctrinal, que es común en la comunidad como los sombreros de paja y los carros. Cismas y grupos escindidos prevalecen entre los amish que conozco. El vecino de Stutzman, Gingerich, también él un Swartzentruber, se separó hace poco del grupo de Stutzman por una discusión sobre si agregar una segunda lámpara a los carros. Gingerich se mudará a Maine en un mes para instalar su propia comunidad.

Todos los amish parecen caer en la trampa de creer que su estilo es el verdadero estilo amish. Los Swartzentrubers creen que los grupos más liberales Old Order viven peligrosamente cerca del mundo moderno, un mundo del cual los amish se mantienen apartados. Los grupos más liberales desprecian a los Swartzentrubers por bañarse sólo los sábados  y los llaman gruddel vullahs (“bolas de peluche”) por llevar restos de leche de vaca en sus barbas. Así que no sorprende para nada que los ataques en Bergholz, que incluyeron el corte forzado de cabello, fuera algo hecho por un grupo escindido que creyó que alguien había traicionado la causa, si es que las agresiones pueden ser tomadas por motivos tan nimios.

Como fuere, doy pocas cosas por seguras. Los amish Swartzentruber seguirán bañándose los sábados, creyendo que su intencionado descuido de la higiene es evidencia de un modo auténticamente amish de vivir. Sé que siempre habrá escisiones y cismas entre los amish. Sé que a muchos de los campesinos “ingleses” de Ashland County les seguirán desagradando los amish en general, aunque mantengan amistades genuinas con algunos. Sé que muchos estadounideneses seguirán viendo a los amish como un atrasado culto de fanáticos religiosos, pero que muchos más insistirán en mitificarlos, viendo en ellos lo que necesitan ver. Sé que, como dijo el escritor  Wendell Berry, la mirada estadounidense sobre los amish es una “perfecta ceguera”.

Lo que es totalmente cierto y puedo decir de los amish es que en una semana, o menos, desaparecerán de los medios y de la conciencia de la nación. Se evaporarán –hasta el próximo episodio noticioso– en el fondo de la América contemporánea.

Joe Mackall es profesor de inglés y redactor creativo en la Ashland University, y autor de “Secreto a voces: un extraño entre los amish”.

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