Lo “nuevo” de Juan Ramón Jiménez

Todos en casa me respetaron. Mi padre con (…) Mi madre con (…) Mis hermanos con admiración (…) Debo mi agradecimiento a todos.

Es frecuente que los que escriben sobre mí, digo, contra mí, me echen en cara que no he vivido. Recuerdo las líneas de Stendhal, en Roma: “Un día hermoso he visto la puesta de sol desde San Pedro, etc.” Pues cosas así son las que yo hago a diario: amo a una mujer, salgo a la naturaleza, campo, mar, jardín, plaza, ando por las calles, leo, veo pinturas, oigo música, viajo lo que puedo y sé que puedo estar solo cuando quiero. No voy a cafés, a toros o prostitutas, no por (…) sino porque no me gustan. Si X prefiere el café a la música, yo prefiero el (…) a la casa de putas. ¿Esa es la vida?

Se dice que X ha vivido. Conozco su vida. Se levanta, no se lava, desayuna, se va a dar un paseo camino de su clase, come, se va al café (tres horas), una puta, cenar y dormir, no se lava.

Lo que algunos han llamado mi vanidad, digo mi orgullo, consiste en creer que el poeta, yo si es personal por ejemplo, solo debe estar de acuerdo consigo mismo. (Y hacer caso de la crítica pero no para seguirla).

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