Lloro por ti Argentina

Compartimos un artículo de David Harris, Director Ejecutivo del American Jewish Committee (AJC), publicado el 4 de marzo en The Huffington Post acerca de la aprobación del memorándum de entendimiento con Irán para encarar conjuntamente la investigación del atentado terrorista de 1994 al edificio de AMIA.

Argentina acaba de aprobar un memorándum de entendimiento con Irán para encarar conjuntamente la investigación del atentado terrorista de 1994 al edificio de AMIA, o federación judía, en Buenos Aires. La bomba mató a 85 personas e hirió a 300. El acuerdo presenta sólo un problema. El actual régimen iraní, más su representante, Hezbollah, fue responsable del atentado. ¡No se trata de una especulación, sino de la conclusión a la que arribó hace años el gobierno argentino!

Investigar conjuntamente con Teherán lo que ocurrió equivaldría a que los judíos alemanes colaboraran con el tercer Reich para investigar a fondo los funestos sucesos de la Noche de los Cristales, o que Washington acordara una «comisión de la verdad» con Al Qaeda para asignar responsabilidad por el 11 septiembre.

Para resaltar aún más lo absurdo de esta iniciativa, uno de los individuos nombrados por Argentina en la causa AMIA -y, desde 2007 destinatario de una «alerta roja» de Interpol, lo que significa que Argentina pretende su arresto y extradición – es, de hecho, el actual ministro de defensa de Irán. ¿Acaso Irán lo entregará a la Argentina como acusado en un juicio? Sí, ¡justamente!

Todo este episodio representaría una comedia política hilarante si no fuera tanto lo que está en juego.

Después de todo, lo que ocurrió en 1994 fue el mayor ataque terrorista en América Latina, y sucedió a un ataque anterior contra la embajada de Israel en Buenos Aires que dejó un saldo de 29 víctimas mortales.

Durante años, personalmente escuché a un gobierno argentino tras otro prometer que llegaría al fondo de la causa, pero impulsadas por grandes dosis de incompetencia, vacilación, y corrupción, ninguna investigación prosperó hasta ese punto.

Entretanto, los familiares de las víctimas lucharon por aceptar la falta de justicia, mientras muchos temían un tercer ataque en un país que parecía no animarse a perseguir a los autores del atentado.

Pero luego las cosas empezaron a cambiar.

El Presidente Néstor Kirchner, difunto esposo de la actual presidente, asistió al Foro Global del AJC en Washington en 2004. Dijo, para que todos lo escucharan, que la investigación no resuelta era una «vergüenza nacional» y que no se retrasaría más la justicia.

En 2005 se nombró a un decidido fiscal especial, Alberto Nisman, quien recibió el mandato de dirigirse a donde las pruebas lo llevaran, ya fuera la Triple Frontera con Brasil y Paraguay, el Valle de Bekaa en Líbano, Damasco, o Teherán.

Y el resultado fue un informe que nombraba a cinco iraníes y a un miembro de Hezbollah relacionándolos con el atentado, y un pedido de cooperación a Interpol. Irán luchó con uñas y dientes contra esta medida, recurriendo por sobre todo lo demás al soborno y al chantaje, sus herramientas diplomáticas probadas desde hace tiempo. Pero al momento del enfrentamiento en la votación en la reunión de Interpol, en Marrakech, Marruecos, Argentina prevaleció.

Cuando Cristina Kirchner fue elegida para suceder a su esposo en diciembre de 2007, el ímpetu inicial continuó. Antes ella había elevado su voz enérgicamente en la causa como senadora argentina, también en el Foro Global del AJC en Washington meses antes de su elección. Se refirió a la doble indignidad que había afectado al país -un ataque mortal contra Argentina y lastimosamente poco para mostrar después de años de investigación.

Entonces, ¿por qué este nuevo cambio de rumbo de la misma presidente, respaldada por su canciller, Héctor Timerman? ¿Por qué están tan decididos a seguir adelante con el memorándum de entendimiento, incluso enfrentados a un torrente de críticas en el país, entre ellas muchas de grupos cívicos, medios de comunicación, y partidos políticos (el acuerdo fue aprobado ajustadamente en el Senado y la Cámara de Diputados de Argentina en votaciones de 39 -31 y 131 -113, respectivamente), y en el exterior?

No importa cómo pretendan encubrirlo, la respuesta más probable parece ser el deseo de «reparar» las relaciones bilaterales con Irán. Encontrar una fórmula para darle un «cierre» a la causa AMIA «normalizaría» el vínculo, generando a su vez tangibles beneficios políticos y económicos para Argentina.

Temen que de no ser así el problema se arrastre durante muchos años más, mientras Argentina sigue separándose de un Irán hambriento de romper el aislamiento que Estados Unidos y Europa pretenden imponerle -y con el cual Buenos Aires no está temperamentalmente tan comprometida.

También sorprendente ha sido la susceptibilidad del gobierno de Kirchner desde que se anunció inicialmente el acuerdo.

Respondió agresivamente a sus críticos, incluso supuestamente amenazando complicarle la vida a AMIA si sus dirigentes continúan protestando contra el acuerdo diabólico con Irán.

Pero después de todo, Argentina es una democracia y quienes están en desacuerdo están ejerciendo su derecho a expresarse.

Más aún, los dirigentes actuales de AMIA, algunos de los cuales estaban en el edificio en ese aciago día de 1994, siguen luchando con el trauma de lo que ocurrió hace casi 19 años. Han tenido que enterrar a sus colegas y amigos, consolar a los sobrevivientes, y preocuparse constantemente por la seguridad. Si no se pueden expresar respecto de este acuerdo particular entre Argentina e Irán sin temor a la intimidación o la represalia, ¿entonces quién exactamente tiene derecho a hacerlo?

Todos los amigos de Argentina, de la democracia y la justicia deberían apoyar a aquellos argentinos, judíos y no judíos por igual, que se oponen a un vergonzoso pacto con Irán que, efectivamente, trae a la memoria la ingenuidad, autoengaño, y contemporización del pasado.

Hoy, lloro por ti, Argentina.

Fuente: AJC

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