Lirismo, distopía y psicoanálisis

El comienzo fue hace poco más de un año, cuando en Ñ pensamos que valía la pena organizar un certamen que diera visibilidad a los nuevos creadores de historieta que pululan en gran número por nuestro país. De arranque, nos parecía un sinsentido que en la Argentina, donde existe una de las más viejas y fecundas tradiciones historietísticas del mundo, no hubiera un reconocimiento de gran alcance que diera difusión al género.

Y la cosa resultó.

A la convocatoria respondieron más de ciento cincuenta autores de distintas partes de la Argentina, y también muchos extranjeros afincados por estas tierras. Dentro de esos sobres de papel madera estaban representadas las diversas pulsiones expresivas que conviven en la escena actual de la historieta argentina: de relatos autobiográficos, detectivescos, de aventuras o ciencia ficción, a delirios experimentales y piezas de humor gráfico. Con una enorme variedad de matices en el medio.

Entre todas había que elegir una. Y el jurado, integrado por Horacio Altuna, Juan Sasturain, Juan Carlos Kreimer, Fernando Calvi y este servidor, decidió que sería Reparador de sueños , una obra oscura y compleja, con algo de Blade Runner , con algo de El Eternauta . Una obra interesantísima. Luego nos enteramos de que el guionista era Matías Santellán, hijo de Eduardo Santellán, toda una leyenda de la historieta argentina y que Serafín, el dibujante, vive en la rionegrina urbe de General Roca y es uno de los animadores de la activa escena del cómic patagónico, que se nuclea en torno a La Duendes, una recomendable revista hecha a dos pulmones.

A ambos los agarramos al borde del ataque de pánico, imaginando, un poco aterrados, la multitud que tuvieron que enfrentar en la Feria del Libro, el sábado cuando presentaron el título. Y, en ese estado de ánimo, salió esta charla.

Del casi anonimato a la Feria del Libro en horario central, ¿dio un poco de vértigo?

Serafín: Y, estas cosas siempre un poco de vértigo dan… Además, ¡sentados entre Altuna y Sasturain! Por suerte son dos grosos, pero también buenos tipos, gentiles, que te hacen sentir cómodo.

Matías Santellán: Es que recibir este premio con un jurado de esta magnitud, y ser editados nada menos que por Ediciones De la Flor es realmente el cénit soñado del historietista argentino. Compartir catálogo con maestros como Fontanarrosa, Caloi, Quino o Rodolfo Walsh, entre tantos otros, nos llena de orgullo y satisfacción. Ahora sólo pensamos en crecer como artistas y estar a la altura.

El libro ahora llegará a librerías de todo el país, ¿qué respuesta imaginan de parte de la gran cantidad de lectores?

Santellán: Tratándose de una ópera prima el libro resulta eficaz y convincente, y tiene, para mí, con qué defenderse. Tanto Serafín como yo hemos dejado la vida en esas más de ochenta páginas, pero nunca se sabe cómo será la respuesta del público. Lo que es seguro es que Reparador de Sueños combina elementos muy representativos del gusto por la historieta tradicional argentina de ciencia ficción y la influencia innegable de guionistas como Oesterheld, Barreiro o Trillo. Más allá de los méritos artísticos que pueda tener y que no seré yo quien los señale, su novedad radica quizás en esa mezcla de lirismo, distopía y psicoanálisis que constituye la esencia de la obra.

¿Creen que es un libro que puede ser disfrutado por gente que no suele leer historietas?

Santellán: Creo que sí, absolutamente. Toda disciplina o manifestación artística debería disfrutarse sin el prejuicio del formato. En este sentido Reparador de sueños sobre todo por ese inusual tono lírico del que hablaba antes puede ser leído, y si así lo amerita, disfrutado tanto por lectores habituales de cómic como por un público quizás más cercano a la literatura e incluso al cine.

Serafín: Creo que sí, porque maneja una temática que no es exclusiva del género y que comparte con otras disciplinas artísticas.

El relato de Reparador de sueños tiene lugar en Polenia, una ciudad retro-futurista demasiado ordenada, con un paradigma social dominado por la mecánica y la geometría. La camarilla gobernante tiene un mecanismo de dominación que es controlar los sueños y deseos de la gente a través de unos artefactos llamados “sueñomotores”. El héroe del libro, Cacho, es un reparador de “sueñomotores”, un tipo común y corriente, sin mayores pulsiones, que se enamora de una misteriosa clienta. Y desde allí, de ese arrebato amoroso, se revoluciona todo.

El héroe del libro es un personaje ordinario que de pronto se ve empujado a enfrentar desafíos extraordinarios, un poco lo que le ocurría a Juan Salvo en “El Eternauta”.

Serafín: Hay similitudes pero una diferencia que creo destacable: Juan Salvo se enfrentaba a una amenaza externa, ajena, extraña. En cambio, Cacho se revela a algo ya establecido, cotidiano, a una estructura social de la que él es parte y, de alguna forma, promotor.

Santellán: La metamorfosis de nuestro “mecánico onírico” es más introspectiva y se va produciendo casi a nivel de un deseo inconsciente que irrumpe lentamente.

En el libro, ustedes transitan por los carriles de la ciencia ficción, un género muy cultivado por grandes exponentes de la historia del cómic argentino. ¿Qué referentes creen que los influenciaron más en este proceso?

Santellán: En mi caso, puedo ubicar mis influencias principales en la ciencia ficción distópica de George Orwell, Ray Bradbury o Aldous Huxley y de otros maestros del género puro como Jules Verne, Philip K. Dick, Theodor Sturgeon o Clark. También en guionistas como Trillo, Oesterheld, Barreiro, Sampayo y Agrimbau. De afuera Moore, Gaiman y Benoits Peeters. En cuanto a autores integrales: Eduardo Santellán, Altuna, Juan Giménez, Risso, Moebius, Bilal, Schuiten, De Crecy o Philippe Caza entre tantos otros.

Serafín: Como amante de este género las influencias vienen de todos los medios, no sólo historieta, también del cine y la literatura. En historieta no puedo dejar de mencionar obras como Ciudad , Parque Chas , El Eternauta , Mort Cinder , La Burbuja de Bertold y a autores como Breccia, Risso, Mandrafina y un largo, muy largo etcétera.

¿Cómo ven el estado de situación de la historieta argentina de hoy?

Santellán: Es innegable un resurgir que se viene dando más o menos desde 2006 en adelante con la vuelta de la mítica Fierro, el furor de Internet, las nuevas editoriales y una serie de síntomas que confirman ese camino creciente. La inversión y la organización de concursos como el Premio Ñ de Historieta son fundamentales para llenar un vacío que en la Argentina para mí tiene que ver, principalmente, con la madurez del género en tanto industria cultural. En ese sentido queda aún mucho por hacer.

Serafín, vos formás parte de la escena de la historieta patagónica. ¿Hay posibilidad de existir, en términos historietísticos, fuera de Buenos Aires?Serafín: Sí, claro que sí. Hace tiempo que participo del colectivo La Duendes Historieta Patagónica, que nació con la finalidad de agrupar a quienes hacemos historietas y estamos desperdigados por todo el extenso territorio sureño. Actualmente el grupo ha ampliado la participación a autores de todo el país, cuenta con un sello editorial propio con el que se han editado gran cantidad de obras grupales y de autor y publica gratuitamente todos los días por medios digitales el material producido.

Como guionista, Santellán, te formaste con Diego Agrimbau, otro cultor del género de la ciencia ficción, que es uno de los autores argentinos contemporáneos más premiados y difundidos fuera de la Argentina. ¿Qué cosas sentís que aprendiste de él y de otros colegas que pueden haberte dejado marcas de estilo?

Santellán: Si bien escribo desde muy chico, me formé específicamente como guionista de historietas con Diego Agrimbau. Con él aprendí a amar este oficio y a descubrir la dimensión real de nuestro rol, no sólo en la producción de la historia en sí, sino también en la creación de escenarios, personajes, ambientes, etc. El guión de historieta no es un mero texto que ha de ilustrarse sino que tiene pautas muy específicas. Algo que enseñan también desde sus obras los grandes como Trillo, Oesterheld, Barreiro, Moore y tantos otros. En Reparador de sueños, por ejemplo, lo último que definí fueron los textos de los cartuchos y los globos, previamente hubo todo un trabajo sobre la narrativa formal: Sinopsis, Escaleta, cantidad de cuadros por página, elección de planos, elaboración de secuencias, etc. Un proceso que, generalmente al leer la historieta terminada, no suele atribuírsele al guionista pero que está presente y hace al guión propiamente dicho.

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