Liderazgo árabe del Medioevo y Renacimiento europeo de las Ciencias.

HONGOS

La inestabilidad política en el mundo romano condujo a que en el año 395 se produjera su división en una región occidental y otra oriental. Este proceso de desintegración se corona casi un siglo más tarde con la ascensión al poder de Odoacro (476), bárbaro romanizado, que disuelve el imperio occidental dando paso al imperio medieval de los Papas y Patriarcas cristianos.

La influencia del cristianismo sobre el lento desarrollo del conocimiento científico en todo este período se explica atendiendo a los nuevos esquemas de pensamiento que esta religión portaba y a los intereses que defendía la nueva estructura del poder eclesiástico. Las principales preguntas y cuestionamientos que se hicieron los pensadores anteriores quedarían encadenadas por un dogma: sólo hay conocimiento en Dios y genuina vida en la fe. Se pretendió que el hombre cristiano se preocupara más por su alma eterna que por sus relaciones con los fenómenos naturales y la posible penetración en la esencia de los mismos mediante el estudio y el razonamiento. Agustín (354 – 430) es uno de los principales exponentes de esta corriente filosófica.

 

Hasta el cierre definitivo de la Academia en el siglo VI por el emperador Justiniano, la pálida producción del conocimiento filosófico de la época se asocia a la traducción de clásicos y al replanteamiento de las ideas contenidas en los sistemas de Platón y Aristóteles.

 

Boecio (47? – 525) aborda un problema con el cual se cierra un estadio en el desarrollo del pensamiento occidental que se reabriría al debate con el renacimiento de la cultura: se trata de examinar el grado de realidad o significación atribuible a “los géneros y las especies”, a los conceptos más generales. Tal cuestionamiento apunta hacia la prefiguración de dos corrientes epistemológicas: el realismo y el nominalismo.

De cualquier modo, paralela a la noche medieval europea, resplandeció la cultura árabe, y en el Oriente tuvieron lugar desarrollos notables. En el propio contexto europeo tuvieron lugar determinados avances y en la segunda etapa de este período, Europa occidental comenzó a recuperar el liderazgo científico.

La expansión del dominio árabe a la altura del siglo VI por el oeste de Asia y el norte de África; los contactos con restos de la herencia cultural griega en Persia y Egipto; y los intercambios con la India y China, fueron elementos que conformaron una asimilación multicultural de la cual emergen numerosos logros en particular en las Matemáticas, la Astronomía y la Alquimia.

Con relación al pensamiento matemático se destaca la aportación que viene de la India en el año 500 DC con la utilización del cero para evitar confusiones en el manejo del ábaco. La innovación más importante de este sistema, desarrollado por los árabes en los siglos VII – VIII DC fue el uso de la notación posicional, en la que los símbolos individuales cambian su valor según su posición en el número escrito. El sistema de numeración posicional es uno de los más grandes inventos de la humanidad, ya que con sólo diez símbolos permite expresar fácilmente cualquier número y múltiples operaciones entre estos.

El árabe Al-Khwarizmi (780 – 850), de cuyo nombre se deriva la palabra algoritmo, fue el primer matemático que reporta la notación posicional. En 810 escribe un libro donde acuñó el término que en español queda como álgebra. La primera referencia escrita del uso de este tipo de numeración en Europa data del año 976.

La Astronomía que tanto desarrollo mostró en la cultura griega pasó más tarde hacia el este a los sirios, indios y árabes. Los astrónomos árabes recopilaron nuevos catálogos de estrellas en los siglos IX y X y desarrollaron tablas del movimiento planetario.

El Almagesto de Ptolomeo y las llamadas Tablas Toledanas astronómicas del árabe Azarquiel, fueron rescatadas para el saber occidental gracias al movimiento de traducción que se desarrolla a partir de la reconquista en 1085 de la ciudad de Toledo por el rey Alfonso VI. Gerardo de Cremona (1114 – 1187), instalado en Toledo durante buena parte de su vida, contribuyó con su obra a la traducción de más de noventa tratados árabes. Así, el interés por las ciencias despertado a partir de entonces no puede ser separado del encontronazo entre dos culturas.

El rescate por los árabes de la Khemeia conservada por la secta de los Nestorianos en Persia, se transforma en un importante florecimiento de la Al-Kimia que potencia la fundación de una Farmacopea en Arabia.

Del contexto chino conocen los árabes el invento de la porcelana y el propósito de obtener oro para elaborar un elíxir de «larga vida». Vuelve a ser el oro fuente impulsora del conocimiento prequímico pero ahora en  otra dirección: la búsqueda de un elíxir de la eterna juventud. También los árabes conocieron el descubrimiento chino de los materiales pirotécnicos y la pólvora, razón por la cual llamaron a las luces de bengala «flechas chinas».

A partir del 750 y hasta el siglo XIII la Escuela de Farmacia de Arabia produce notables avances. El primer trabajo de este período, universalmente reconocido como un resumen de los conocimientos alquímicos acopiados en la época, es la obra de Abu Musa Jabir al-Sufi, llamado Geber en Occidente (760 – 815). A través de él conocemos que los alquimistas árabes trabajaron fundamentalmente con los metales oro y mercurio, con los elementos no metálicos arsénico y azufre, y con los compuestos formados por sales y ácidos. Ellos concebían los metales y en general la diversidad de la sustancias como el resultado de la combinación de dos principios representados por el azufre (sólido, combustible y amarillo) y el mercurio (líquido, metálico, y volátil). Confiaban en la transmutación de las sustancias y aunque sus hipótesis de partida fueran falsas iban desarrollando procedimientos experimentales para el tratamiento de las sustancias y descubrían nuevos productos, entre los que cabe mencionar el cloruro de amonio y el carbonato de plomo así como la destilación del vinagre para obtener el ácido acético concentrado, el ácido más empleado a partir de entonces en las recetas y digestiones alquimistas.

Abu Bakr Muhammed Ibn Zakariya Al-Rhazi (Rhazes, 850 – 925) escribió una verdadera enciclopedia médica. Es el primero que inicia las aplicaciones de las sustancias químicas en la medicina despojada de todo sentido místico al emplear el yeso, de acuerdo con sus propiedades, en la inmovilización de los huesos fracturados. Se le atribuye además el   descubrimiento del antimonio metálico.

A Rhazes le sucede Abu Ali Al-Hussaín Ibn Sena (Avicena, 979 – 1037), considerado por muchos como el médico más importante en el período que media entre el Imperio Romano y los orígenes de la ciencia moderna. En su famosa obra Kitab ash-Shifa (El libro de las Curaciones) proclama como el principal objetivo de la Alquimia la preparación de sustancias para combatir las enfermedades y declara estéril el estudio de la transmutación de los metales en Oro.

El pensamiento físico árabe brilla en la obra de Abu Ali al-Hasan ibn al Haytham (965 -1040), latinizada hacia el 1270 con el título de Opticae Thesaurus.    Alhazani, como fue conocido en Occidente, ofreció una explicación de la visión que supone al ojo humano como centro sensible de la luz  reflejada por un objeto y supera los elementos teóricos anteriores aportados por los clásicos griegos. Fue el primero en concebir la cámara obscura y proponer su uso.

Abu Arrayhan Muhammad ibn Ahmad al-Biruni (973 – 1048) en su obra Shadows realizó importantes contribuciones a las Matemáticas, a la Geodesia y la Geografía.  Introdujo la medida de la Tierra y de las distancias mediante el empleo de la triangulación. Encontró así el radio de la Tierra como 6 339.6 km un valor que vino a ser obtenido en Occidente a la altura del siglo XVI.

Al-Khazini (primera mitad del siglo XII) merece ser incluido entre los grandes físicos, por sus admirables determinaciones de pesos específicos.  Su obra, un tratado de mecánica y de hidrostática que lleva el poético título de «Balanza de la sabiduría», (Mizan al-Hikma) se cuenta entre los más notables escritos del medioevo. Para determinar los pesos específicos, Al-Khazini construyó varias balanzas, una de las cuales, particularmente sensible (con un brazo de 2 metros de longitud y con cinco platillos) era la «balanza de la sabiduría».

Después de Avicena vendría el ocaso del mundo árabe, como resultado de las invasiones de turcos y mongoles.

A finales del siglo VIII el emperador Carlo Magno (742 – 814),  ordena la creación de escuelas destinadas a enseñar rudimentos de lectura, aritmética y gramática. Se abren escuelas anexas a las catedrales e iglesias de las poblaciones más importantes, gestándose para la época una verdadera revolución educativa. Si embargo hasta bien entrado el siglo XI no existía una educación que pudiera salir de un nivel elemental.

En los siglos XI – XIV corre la época del florecimiento del feudalismo. Crecen las ciudades y se desarrollan las relaciones monetario mercantiles.  En este período, el siglo XII marca un reencuentro con el saber antiguo. Se advierte una reactivación de los viajes y el florecimiento de relaciones comerciales estrechas entre el occidente y el oriente.

La naturaleza de los contactos con el Oriente tiene otra expresión en las Cruzadas que se iniciaran con la proclama lanzada por el papa Urbano II en 1095 y en la reconquista que llevan a cabo los cristianos españoles de los territorios perdidos ante el Islam.

En la transmisión hacia Europa de la cultura grecolatina conservada por los árabes, un papel muy destacado desempeñó el filósofo y “físico” árabe del al-andalús medieval, Abul Waled Muhammad ibn Rusd, conocido como Averroes (1126 – 1198). En filosofía fue defensor de la doctrina de la doble verdad, la verdad de la filosofía natural y la verdad de la teología que más tarde se abrirá paso en Europa.

La obra del médico musulmán Ibn al-Nafis (1205 –1288) refleja el profundo dominio de la medicina árabe de la herencia hipocrática. Sus principales aportaciones se refieren a la descripción de las técnicas quirúrgicas en atención a traumatismos y la representación de la circulación pulmonar, es decir del movimiento de la sangre desde el ventrículo derecho del corazón al izquierdo a través de los pulmones. Con este descubrimiento al-Nafis se antecede en casi cuatro siglos a la revolución fisiológica que provocó el  redescubrimiento y el desarrollo de las ideas sobre el sistema circulatorio descrito por el inglés William Harvey (1578 – 1657).

Otra manifestación de esta transmisión cultural  se da a inicios del siglo SXIII cuando  el matemático italiano Leonardo Fibonaci (1170 -1240), que realizó aportaciones en los campos matemáticos del Álgebra y la teoría de números, introduce el sistema arábigo en Europa, el cual solo pudo ser difundido con la posterior invención de la imprenta. Fue un iniciador de los maestros del ábaco, expertos en Álgebra práctica y aritmética, que se difundieron en Italia durante el siglo XIV y puede ser considerado el precursor de Cardano, Tartaglia y Ferrari.

Es en este contexto histórico que se fundan las primeras universidades europeas con el propósito de servir de instrumento para la expansión de los nuevos conocimientos y transmitir la herencia cultural a las nuevas generaciones.  En el trivium de  Teología, Derecho y Medicina que dominara el currículo universitario, la Medicina se erigía como la disciplina que demandaba el desarrollo de estudios experimentales. Pronto, célebres » «Doctores» serían los impulsores de la alquimia europea.

Alberto Magno (1200 – 1280), reconocido como uno de los naturalistas más importantes del siglo XIII y uno de los propulsores del conocimiento científico árabe, es también considerado el primer alquimista europeo. A sus trabajos se debe el descubrimiento del arsénico en forma casi pura y algunos le atribuyen, de forma compartida, los estudios sobre la mezcla explosiva de nitrato de potasio, carbón vegetal y azufre (pólvora). En realidad los chinos desde el siglo VI conocían de la formulación de un explosivo del tipo de la pólvora con el cual construían cohetes que los árabes conocieron en el siglo VII.

Se le reconoce a Alberto Magno, ser uno de los artífices de la doctrina de «la doble verdad». La solución al debate entre la razón y la fe debió pasar por el filtro ideológico que admitiera al hombre la posibilidad y capacidad de estudiar el escenario natural creado por Dios, abriendo un espacio a la «filosofía de la naturaleza». Se afirma que a él se debe la decantación en el estudio inicial de la Zoología de los elementos de superstición y prejuicios religiosos que empañaban su conocimiento. De cualquier manera, no cesaría la censura del poder eclesiástico que obstaculizó el desarrollo y en ocasiones condujo a sanciones de prisión y horrendos crímenes.

Roger Bacon (1212 – 1294), fue como Alberto sacerdote, y como a él se le atribuyó también resultados con mezclas explosivas del tipo de la pólvora. Poco después, apenas iniciado el siglo XIV otro monje, Berthold Schwarz, describió el método de utilizar la pólvora para impulsar un proyectil con lo cual se inicia su negra aplicación en la guerra. Bacon sobresale no solo por sus estudios alquímicos sino también aborda problemas de la Óptica y la Astronomía.

Pero Bacon no corrió igual suerte que su contemporáneo. En 1278 el que fuera más tarde Papa Nicolás IV prohibió la lectura de sus libros y ordenó su encarcelamiento que se extendió durante 10 años. Su obra mayor Opus Malus se editó y publicó en el siglo XVIII.

En la segunda mitad del siglo XIII, en un período que se comprende entre 1268 y 1284, se han fabricado los primeros espejuelos por artesanos italianos que trabajando lentes convexas han logrado un correcto ajuste en la visión de lejos. La invención se la disputan Salvino D´Armate de Pisa y Alessandro Spina de Florencia. Las lentes cóncavas para el ajuste de ver de cerca (miopía) no fueron inventadas hasta el siglo XV.

Las boticas galénicas del Medioevo que basaban todas las preparaciones medicamentosas a partir de vegetales se caracterizaban por la polifármacos que mezclaban las partes activas de diferentes vegetales en búsqueda de una potenciación y ampliación de su efecto terapéutico. Se aplicaban ya entonces diferentes técnicas como la decocción, la infusión, la maceración, o la extracción acuosa.

A Ramón Llull (1232-1316), figura pionera en la formación de la literatura catalana, y a Johannes Rupescissa se le atribuyen  la producción del Libro de la Quintaesencia que tiene el mérito de aportar una nueva visión en la preparación de los medicamentos.  A partir de ahora la anquilosada farmacia galénica del medioevo que obtenía los principios activos mediante extracción acuosa, se enriquece con el empleo del alcohol para extraer los principios aromáticos de las plantas. Los textos sobre quintaesencias atribuidos a Rupescissa y Llull son importantes en la historia de la alquimia porque suponen un punto de transición en el camino que convirtió la alquimia en farmacia.

El más importante de los alquimistas europeos que firmaba sus documentos como Geber (el famoso alquimista árabe que viviera dos siglos antes) fue el primero en describir, hacia el año 1300, la forma de preparar dos ácidos fuertes minerales: el ácido sulfúrico y el ácido nítrico.  Poco tiempo después de Geber el estudio de la alquimia, por segunda vez en la historia, sería prohibido. En esta ocasión corresponde al Papa Juan XXII (Papa de 1316 al 1334) declararlo anatema. Sobrevendrían largos años de silencio o acaso de clandestinidad de la Alquimia que impidiera llegar hasta nosotros cualquier conocimiento producido.

Un gran vacío en la producción de los conocimientos científicos se advierte en el período de la gran epidemia de la peste (1340) que motivó la muerte de una cuarta parte de la población europea, y de la Guerra de los Cien Años (1337 – 1453) conjunto de episodios bélicos que asoló a Europa.

Coincidiendo en época pero en un escenario lejano a Europa, la legendaria Samarcanda vivía el esplendor de ser la capital del imperio mongol. Ulugh Beg (1394 – 1449),  nieto del gran conquistador Tamerlane (1336 -1405),  construyó en Samarkanda un observatorio de dimensiones sin precedentes, de forma circular tuvo tres niveles abarcando 50 metros de diámetro y 35 metros de alto. Allí se elaboró un catálogo estelar, el Zij-i Sultani, publicado en 1437, que incluye la posición de 997 estrellas con una sorprendente exactitud para la época. Este catálogo fue un modelo hasta el siglo XVII en que la astronomía da el salto concedido por el uso del telescopio.

Los tres procesos más trascendentes de los siglos XV y XVI fueron:

  • El Renacimiento que representó un redescubrimiento del saber griego y alentó un espíritu de confrontación con las viejas ideas.
  •  El descubrimiento de nuevas rutas marítimas que lograron la expansión de un comercio creciente condicionado por el surgimiento de la economía capitalista,  y la conquista de «un nuevo mundo».
  •  El desarrollo de los intereses nacionales que diera origen al nacimiento de los estados. Estos intereses económicos se reflejaron en el movimiento de las reformas religiosas (siglo XVI) que condujo a una flexibilización del control de la Iglesia sobre el proceso de construcción del conocimiento.

Además, fueron acontecimientos importantes:

  • La toma de Constantinopla por los turcos (1453) que significa la caída del último reducto de la herencia cultural grecorromana y el éxodo de los eruditos que trasladan consigo hacia Europa numerosas fuentes del antiguo saber griego.
  • La inauguración de la primera imprenta práctica por Johan Gutenberg (1397 – 1468) con lo cual se alcanza una reproducción y difusión  del conocimiento escrito no imaginado en épocas anteriores.

En este telón de fondo social, crece bruscamente el interés por la Astronomía y llegan tiempos felices para la trigonometría. En el siglo XV Johannes Muller (1436 – 1476) escribe la primera obra en que la trigonometría es tratada como disciplina independiente, “Cinco libros sobre triángulos de cualquier género”.

Pero corresponde al siglo XVI el inicio de una revolución en la historia de la Astronomía  como fruto de las aportaciones del astrónomo polaco Nicolás Copérnico (1473 – 1543). Copérnico dedicó la mayor parte de su vida a la Astronomía y realizó un nuevo catálogo de estrellas a partir de observaciones personales. Debe gran parte de su fama a su obra De revolutionibus orbium caelestium (Sobre las revoluciones de los cuerpos celestes, 1543), donde analiza críticamente la teoría de Tolomeo de un Universo geocéntrico y muestra que los movimientos planetarios se pueden explicar atribuyendo una posición central al Sol.

Sin embargo estas ideas fueron rechazadas durante su siglo y el siguiente debido a la ortodoxia católica, luterana (en la persona del propio Lutero) y calvinista. Estas ideas de Copérnico solo fueron aceptadas sin reservas por los neoplatónicos representados por Giordano Bruno (1548 – 1600) y Johannes Kepler (1571 – 1630).

Precisamente fue Kepler, copernicano convencido, quien llevara la Astronomía a un nivel bien fundamentado al enunciar sus famosas leyes del movimiento de los cuerpos celestes. Estas leyes consistían de una descripción cinemática de tales movimientos. Estos trabajos los concretó Kepler a partir de las observaciones realizadas con sorprendente precisión por Tycho Brahe (1546 – 1601). Kepler pudo resumir esos resultados al enunciar las conocidas tres leyes, pero sobre la base del modelo heliocéntrico.

Al tiempo que la Astronomía ahora en Europa sufre un despegue, el siglo XVI representa un despertar en el desarrollo del pensamiento matemático, y  para la Alquimia un momento de consolidación en la búsqueda de sustancias para fines medicinales.

La solución algebraica de la ecuación de tercer grado y los estudios de balística aparecidos en la obra Nova Scientia, en 1537 representan una original aplicación de los conocimientos matemáticos más avanzados de la época al fuego de artillería, y a la descripción de la trayectoria de los cuerpos en caída libre.  El autor de estos trabajos, Niccolo Fontana (ca. 1500-1557), más conocido por su apodo de Tartaglia (en italiano tartamudo), fue víctima de un sablazo recibido de pequeño durante la ocupación militar de su ciudad natal, Brescia,  que le provocó para el resto de su vida graves dificultades al hablar. No parece rara la inclinación de Tartaglia por los estudios balísticos al conocer que en Brescia se está creando por entonces lo que fuera un fuerte emplazamiento de la industria de armas.

La obra Ars Magna (1545) escrita por Gerolamo Cardano (1501-1576), médico y matemático   italiano,    marcó el inicio del periodo moderno del álgebra. Cardano nació en Pavía y vivió una infancia desgraciada. Fue nombrado catedrático de Medicina en Pavía en 1543 y en Bolonia en 1562.   En 1570 fue detenido por la Inquisición acusado de herejía, aunque pronto se retractó y recibió una pensión del papa Pío V. Cardano escribió más de 200 tratados. Su obra contiene las primeras soluciones publicadas de ecuaciones de tercer y cuarto grado cuya prioridad fue reclamada con acritud por su contemporáneo Tartaglia. Su libro «Liber de ludo aleae» contiene algunos de los primeros trabajos sobre probabilidad, en los que aprovechó su experiencia como jugador.  Su vida personal fue trágica: uno de sus hijos fue ejecutado en 1560 por el asesinato de su esposa, y otra hija fue una reconocida prostituta.

El representante más importante del movimiento iniciado en el campo de las Matemáticas está representado por el francés F. Viéte (1540 – 1603) quien se considera el primer autor de un tratado moderno de Álgebra por la obra publicada en la última década del siglo XVI. Sus trabajos especialmente en la teoría de números sirvieron de antecedentes para las investigaciones matemáticas del siguiente siglo.

Para la Física el final del siglo XVI va a representar pasos balbuceantes en la construcción de  instrumentos ópticos y en la edificación de una teoría magnética. El primer microscopio fue construido hacia 1595 por los fabricantes de lentes, hijo y padre, Hans y Zacarias Janssen, en Milderburg, Holanda. Mediante dos lentes separadas construyeron un primitivo artificio que permitió la ampliación de la imagen del objeto entre 3 y 9 veces. Más que un instrumento científico fue considerado una atractiva curiosidad. Alrededor de sesenta años faltaba para que fuera perfeccionado y empleado para abordar el mundo de los microorganismos.

Después de siglos de predominio de las ideas aristotélicas sobre la simpatía de los cuerpos cargados eléctricamente y entre los atraídos por un imán y este, la obra de William Gilbert (1544 – 1603) «De Magnete», publicada en el mismo 1600 representa un punto de inflexión en los estudios sobre los fenómenos electromagnéticos. Gilbert, perteneciente a esa legión de egresados de Medicina según el currículo medieval que se ganan la vida cómo médicos (William sirvió en la corte de Isabel I), pero sienten la necesidad de investigar en otros campos, desarrolla las ideas primarias sobre el carácter sustancial de la electricidad  al atribuirle propiedades semejantes a la de los fluidos, nociones que encajan bien con las primeras hipótesis sobre las diferentes formas de la energía que serían refinadas más de un siglo después. También se le atribuye el descubrimiento del magnetismo terrestre.

A partir del siglo XVI se suman a los médicos los interesados en la minería  como aliados del desarrollo de la Alquimia.

El siglo XVI apreció la emergencia de la literatura impresa sobre la práctica química. Por primera vez los métodos químicos fueron descritos con relativa claridad. Inaugurando el siglo se publica la obra de Hieronymus Brunschwygk (c.1450-1513) conocido como “El Libro del arte de la distilación” que imprime un impulso al conocimiento sobre la destilación y a la preparación de medicinas a partir de las plantas. Una versión ampliada de este libro aparece en 1512 “El gran libro de la destilación”. El siglo XVI fue testigo también de la aparición de tres importantes títulos sobre la metalurgia, De la Pirotechnia (1540) por Vannuccio Biringuccio (1480-c.1539) ; De re metallica (1556) por George Bauer, Agricola en Latin (1494-1555) ; y el “Tratado sobre ores y ensayos” de Lazarus Ercker (1530- 1593). Estos libros ofrecieron detalles prácticos sobre el tratamiento químico de los minerales y la preparación de reactivos tales como ácidos minerales y sales, estimulando notablemente las actividades en la metalurgia.

En particular la obra de Biringuccio y el tratado de Agrícola, por el amplio resumen que hacenlas principales aportaciones de los alquimistas en el estudio de las transformaciones de los minerales se consideran obras fundacionales de la mineralogía y merecieron ser reeditadas durante dos siglos al constituirse en textos básicos de los ingenieros en mineralogía. Agrícola fue además un pionero en el estudio de las enfermedades de los mineros y en el estudio de las aplicaciones farmacológicas de los metales.

Paracelso, funda una escuela que pretende estudiar los métodos de preparación de minerales con fines medicinales y niega la posibilidad de la transmutación de los metales. La piedra filosofal es reconceptualizada como el elíxir de la vida. Utilizó el azufre y el mercurio en la elaboración de preparados para combatir la sífilis y el bocio. Se considera por algunos un precursor de la homeopatía al aplicar en sus remedios el precepto de que «lo similar cura lo similar». Se afirma que sus encendidas críticas a la práctica médica de la época le trajeron el rechazo de la comunidad médica. Una aportación concreta de Paracelso al desarrollo de la Alquimia viene dado por su descubrimiento del zinc metálico.

El médico y metalurgo sajón Andreas Libavius (1540? – 1616) cierra el siglo XVI con la publicación de su libro “Alchemia”. Este libro viene a representar el primer manual de Química de la Historia, constituyendo un texto, durante muchos años para la enseñanza de la Química a médicos y farmacéuticos. En otro libro sobre química técnica «Syntagma» (1611-13) describe la forma de preparar el tercer ácido fuerte mineral, el ácido clorhídrico y la mezcla que atacaría al oro y recibiría el nombre de agua regia. Fue un pionero en el diseño de un laboratorio de Química según las necesidades y posibilidades de la época, pero sus planes no cristalizaron. Libavius compartía el criterio de Paracelso sobre la función principal de la alquimia, pero reconocía la posibilidad de la transmutación de los metales.

Las observaciones del cuerpo humano realizados por el anatomista y fisiólogo del renacimiento europeo, el belga Andrés Vesalio (1514- 1564), e ilustradas fielmente en sus obras por un discípulo del Tiziano, marcaron un viraje en diversas concepciones anatómicas aceptadas durante miles de años desde la obra de Galeno en el segundo siglo de nuestra era.

La obra de Vesalio se destaca no solo por su valor intrínseco, anatómico y artístico,  sino también por marcar una época en que comienza a concederse más importancia a las observaciones y nuevas interpretaciones de la realidad que a lo escrito sobre ella por las autoridades que le precedieron.  Su etapa productiva se relacionó con sus investigaciones en la Universidad de Padua conducidas durante cinco años.  De este período es su creación “Siete Libros sobre la Estructura del Cuerpo Humano”, escrito con sólo 28 años de edad y que refiere más de doscientos errores de la Anatomía Galénica. A los 50 años cuando ya había alcanzado notoriedad por sus habilidades como médico de la corte de Carlos  V, Vesalio encuentra la muerte durante un naufragio de regreso de una peregrinación a los territorios de la Tierra Santa.

Desde principios del siglo XIV y a lo largo del siglo XV una interesante rivalidad profesional se había extendido entre un grupo de cirujanos que habiendo fundado en París la Hermandad de San Cosme, pretendió monopolizar el ejercicio de la cirugía y privar a los barberos cirujanos del derecho a tratar lesiones menores, congestiones y úlceras.  Pero para la fecha en que naceAmbroise Paré ( 1507-1591)  el asunto había sido resuelto con la aceptación de la Facultad de Medicina como autoridad suprema, la aprobación de que los cirujanos podía optar por grados académicos y el consentimiento de que los barberos estudiaran cursos de anatomía y cirugía en la Facultad.  De manera que el joven aprendiz de barbero Paré se desarrolla en este ambiente de posibilidad del ejercicio de la cirugía menor para los barberos. Otra doble coyuntura en que se ve envuelto,  las guerras religiosas y la aparición en el escenario bélico de la primera arma «ligera» portátil, el arcabuz,  le hace asistir a un numeroso grupo de heridos y lisiados. De esta experiencia, publica en 1545 su obra «El método de tratar las heridas hechas por los arcabuces y otras armas de fuego; y de las causadas por flecha; dardos y similares; también de las quemaduras especialmente hechas por la pólvora de cañón» en la cual propone la sustitución del tratamiento por cauterización con aceite hirviente de las heridas por la sutura de los vasos,  innovaciones en  el tratamiento de las fracturas y promueve la inserción de extremidades artificiales. Se ha afirmado que Paré representa para la cirugía del renacimiento lo que Vesalio significó para la anatomía.

Uno de los discípulos de Vesalio en la Universidad de Padua, Realdo Colombo (1516-1559), quién fuera luego su sucesor en la cátedra de Anatomía describió en su obra póstuma De Re Anatomica, la circulación pulmonar. A tal conclusión llegó también, Miguel Servet (1511-1553), en cuya obra Restitutio christianismi, contiene una descripción rigurosa de la circulación pulmonar. Acusado de herejía y blasfemia contra la cristiandad, murió quemado en la hoguera por dictado del gobierno calvinista de Ginebra. La revolución en el terreno de la fisiología era cuestión de años y sería impulsada por la obra de un graduado de la gran Padua que vino del otro lado del Canal de la Mancha.

Mientras la Matemática avanza,  la Alquimia agoniza para dar paso a una ciencia experimental,  la Medicina destierra los errores de Galeno e incuba grandes avances, y la Física, luego de generar un cambio de paradigma en la Astronomía que se mantuvo vigente durante más de mil años, profundiza en la modelación del movimiento mecánico de los cuerpos. Se fertiliza así el terreno para cristalizar la obra de Newton en el siglo XVII. Toda la Ciencia posterior iba a recibir su impacto…

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