LEGADO CONTEMPLATIVO

El Legado
(Relato anónimo tradicional)
Cuando el anciano vio acercarse el momento de la partida, decidió dejar un breve escrito para ser leído como despedida por sus amigos, cuando el ya no estuviera entre ellos…
Llegado el día, concluido el ritual de despedida, el mayor llenó las copas con buen vino y se dispuso a leer, antes del brindis final, el texto que, escrito con letra serena, decía así:

“Amigos míos, mis queridos compañeros, finalmente me reintegro al Todo… Vuelvo a la Casa que me vio partir, vuelvo al Padre, al Origen, al Centro y al Inicio… Estoy en paz, sin temor ni dolor, solo paz… Y como despedida, permítanme compartir con ustedes algo de lo aprendido en el Camino…
Todo Es Uno… Por lo tanto, es razonable pensar que, más allá de esta existencia finita y transitoria, permaneceremos unidos en El, aunque de un modo diferente al que existe aquí…
Todo permanece vinculado, porque Todo Es Uno…
Por favor, no me extrañen, no piensen en mí con tristeza, nostalgia o añoranza, ya que – lo crean o no – sigo vivo, conscientemente unido al Todo, a Dios, a Aquel que me dio la vida y que alentó en mí durante todo el viaje en la existencia…
Si acaso quisieran recordarme, construyan un rito sencillo de recordación (por ejemplo, en mi fecha de nacimiento o de muerte) y luego, durante el resto del año, olvídenme…
A lo largo de mi viaje, he aprendido algunas cosas que quisiera compartir…
Ante todo, debemos olvidar el pasado, por bueno o malo que haya sido; no debemos pensar en el, excepto para aprender a andar hacia el futuro a través del ahora…
No debemos rumiar culpas ni rencores, no debemos anclarnos a los errores cometidos o a los daños sufridos: debemos soltar las amarras que nos ligan al puerto del ayer…
Debemos asimismo, vaciar la mente de todo lo inútil con que habitualmente la llenamos, movidos por nuestro miedo al vacío… No debemos llenarnos la cabeza con recuerdos, pensamientos, dudas, afectos o emociones… Una mente serena es una mente aquietada y silenciosa, donde las palabras necesarias surgen de manera sencilla y clara…
No debemos tener doble intención en las acciones ni en los afectos; nuestra intención debe ser simple y transparente, directa y firme, y la herramienta para ello es la sinceridad, que requiere de la mirada honesta respecto de nosotros mismos…
Hagamos lo que amemos hacer… Pero, si por cuestiones de supervivencia, debemos hacer algo que no amamos, hagámoslo como si lo amaramos, a fin de que la dureza del camino sea más suave a nuestros pies… Y siempre reservemos un tiempo para aquello que verdaderamente amemos…
Tomemos de cada persona aquello que sea útil para el camino, sin que ello signifique utilizar al otro para nuestros fines: tomemos solo aquello que se nos ofrece explícitamente o a través del ejemplo… Y siempre seamos agradecidos con aquellos que de algún modo guiaron nuestros pasos…
No pensemos en vivir: vivamos…
Detengámonos periódicamente para mirar el mundo y su belleza, el camino recorrido, la dirección que llevamos y el destino que vislumbramos… Y después de aceptar las cosas como son, continuemos nuestro camino, cambiándolo o reeligiéndolo…
Vaciémonos de lo superfluo, haciendo lugar solo para lo importante y trascendente, porque nada nos llevaremos de esta vida, excepto las huellas de lo que hayamos hecho…
No debemos temer el vacio interior, pues allí reside Dios, que siempre nos habla al oído… Pero debemos recordar que El nos habla en susurros y por ello, necesitamos aquietarnos y silenciarnos, para escuchar Su voz… Dios nos habla en el silencio, desde nuestro propio corazón: ¿Cómo podremos escucharlo si lo tenemos confundido, agitado y lleno de ruido?…
Cuando algo nos fascine, huyamos… Recordemos que incluso lo bueno puede ser usado para el mal y el mal consiste en la confusión y el aturdimiento, que impiden, bloquean y desvanecen nuestra capacidad de discernir…
Recordemos esto: la verdad no fascina, la mentira si…
El único deseo profundo y genuino del ser humano es la felicidad, y esta proviene solo de la conciencia del Ser, del propio ser individual que es una partícula del Ser Universal, Dios… Y la conciencia requiere serenidad y discernimiento: no “compremos” las falsas felicidades que la sociedad nos ofrece insistentemente…
Si nos ofrecen algo barato, desconfiemos pero, si nos lo ofrecen gratis, no dudemos en rechazarlo: nada valioso se ofrece gratis, excepto en el ámbito espiritual (y aun en este, hay que aplicar el discernimiento: porque maestros que fascinan, no son maestros)…
Todo Es Uno y nada hay que temer: todo puede ser perdonado y siempre existirá el vínculo cordial, de corazón a corazón, que nos mantiene unidos con El y en El, por obra de Su Soplo…
No debemos temer la muerte, ya que no hay dolor alguno en ella… Simplemente, es una puerta, un umbral que deberemos cruzar tarde o temprano, rumbo a la Gran Luz, con plena conciencia…
La vida es buena y la muerte puede serlo, igualmente… Por eso, debemos prepararnos para la muerte como lo hacemos para la vida…
Y puesto que el vínculo no se romperá, si alguna vez me necesitan, no duden en llamarme: de alguna manera, estaré junto a ustedes, y encontraré algún modo de hacérselo saber…
Y más allá de ello, siempre hablen con El, que vive en el corazón de todos y cada uno de nosotros…
Levantemos, pues, la copa y brindemos por la vida y por la muerte, igualmente bellas e intensas, que tuvimos, tenemos y tendremos…
Que la vida les depare, como tuvo la amabilidad de hacerlo inmerecidamente conmigo, la feliz conciencia del Ser…
Ha sido, y siempre lo será, un honor y un placer compartir el camino con ustedes…
No diré “adiós” sino “hasta pronto”…
¡Salud!…”

El mayor terminó de leer y, al mirar a sus compañeros, vio que todos sonreían… Y levantando las copas, brindaron a la salud del anciano, cuyos pasos hollarían ya otras sendas, en el seno de Aquel que, finalmente, lo había tomado de la mano…

Fin

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