Laxitud analítica

La imprecisión estadística en el análisis de los datos procedentes de neuroimágenes puede incluso resucitar a peces muertos.

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En las jornadas convocadas en 2009 por la Organización para el Mapeo Cerebral Humano (OHBM, por sus siglas en inglés) que tuvieron lugar en San Francisco, se aglomeró la mayoría de los 2500 participantes en un auditorio demasiado pequeño para tal multitud a fin de escuchar la ponencia final sobre avances en el mapeo del cerebro humano mediante tomografía por resonancia magnética funcional (TRMf). Un tema que, por tradición, suscita gran interés. El ponente resaltó alguna de las informaciones destacadas de las jornadas, entre ellas las relativas a una ponencia que habría pasado por completo inadvertida a la mayoría de los asistentes (incluyéndome a mí) de no ser por él. La sala se alarmó.
Craig Bennett, de la Universidad de California en Santa Bárbara, había presentado un experimento basado en TRMf en el que un voluntario debía observar fotografías de personas en diferentes circunstancias sociales durante diez segundos cada una. El probando, bajo el escáner cerebral, debía nombrar la emoción que manifestaba la persona de la imagen. Como reflejaron los datos procedentes del dispositivo TRMf, el cerebro del sujeto mostraba mayor actividad cuando se le presentaban fotografías que cuando no se le mostraba ninguna. La descripción de las emociones por parte del voluntario no cuajó del todo. Nada extraño, si se tiene en cuenta que el «probando» era un pez muerto. En concreto se trataba de un ejemplar de salmón atlántico (Salmo salar) de 45 centímetros de longitud y kilo y medio de peso.

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