Laurence Freeman. La revolución silenciosa de la contemplación

Nº 2376 » Enero 2012

Laurence Freeman. La revolución silenciosa de la contemplación

por George,David ·

Laurence Freeman, monje de la Orden de San Benito, recientemente visitó Buenos Aires para dar una conferencia sobre meditación cristiana y participar en un panel de diálogo interreligioso. Previamente dirigió un retiro de silencio con más de cien participantes en La Falda, Córdoba. Posteriormente, en Río de Janeiro, presidió una reunión de coordinadores de los grupos brasileños de la Comunidad Mundial para la Meditación Cristiana , de la cual es el director espiritual.

Nacido en Londres, estudió literatura inglesa en el New College de Oxford. Es monje y pertenece a la Congregación Benedictina Olivetana. Su guía espiritual fue el padre John Main, a quien ayudó y asistió en la apertura del primer Centro de Meditación Cristiana en Londres en 1975, y luego en Canadá. Tras la muerte de John Main en 1982, el padre Freeman continuó la labor de difusión y enseñanza viajando por América, Europa, Australia y Asia, dando retiros y conferencias. Está involucrado en el diálogo contemplativo interreligioso y guió The Way of Peace (El camino de la paz) con el Dalai Lama.

En la Facultad de Psicología de la Universidad del Salvador, el lunes 7 de noviembre habló sobre la práctica de esta oración con el título Diferentes tipos de pobreza: la contemplación como revolución silenciosa. En síntesis, contrastó la pobreza material y la de sociedades adictivas, hiperactivas y consumistas con la “pobreza de espíritu” que Jesús enseñó.

Aunque enfatizó que es esencial satisfacer primero las necesidades materiales básicas, afirmó que la pobreza material no necesariamente impide el desarrollo del tercer camino. Relató la experiencia de un médico en Haití, el doctor Pierre, quien trabaja en un hospital para víctimas con daños vertebrales y enseña a sus pacientes a meditar; según su testimonio irradian gozo y paz, a pesar de su condición.

Pierre tiene muy claro que sus planes para enseñar la meditación se basan en algo más que el consuelo o una huida de la miseria; conducen a una nueva dignidad personal, aclaran la mente, purifican el corazón y liberan sabiduría y compasión.

La pobreza del espíritu que podemos conocer por medio de la contemplación es nada menos que la plena transformación del ser humano, algo que ocurre en el corazón, no entendido como símbolo emocional. Cuando somos capaces de abandonar todos nuestros pensamientos –buenos y malos– experimentamos una nueva libertad que nos empieza a cambiar en la profundidad del ser.

La tarde siguiente tuve ocasión de encontrarme con el padre Freeman y con Magdalena Puebla, coordinadora de la comunidad en la Argentina y traductora de sus libros al español. Quería profundizar el tema de la oración contemplativa, especialmente en el diálogo interreligioso y a la luz de los encuentros iniciados por Juan Pablo II en 1986 en Asís y las celebraciones locales del Día Mundial de la Paz. La última en Buenos Aires tuvo lugar el 27 de octubre en la basílica de San Francisco, con la participación de un amplio espectro de diferentes cultos y religiones.

En lo que sigue intento dar una síntesis de sus respuestas a varias preguntas relacionadas con este tema y las implicancias para el futuro de nuestro mundo.

Paz interior

La oración contemplativa produce primero una paz interior y está comprobado que nos tornamos menos agresivos y más compasivos cuando enfrentamos y superamos nuestros propios conflictos, especialmente los provocados por nuestros deseos. Pero el impacto no es solamente individual porque, en el contexto de una comunidad, la experiencia personal de la paz también se advierte en las relaciones con otras personas. Todas las religiones tienen una corriente de enseñanzas sobre la meditación y todos, partiendo de este mismo centro, estarían en paz entre sí.

Juan Pablo II dijo que cuando oramos juntos nos elevamos por encima de nuestras divisiones en la causa de la paz. Para la mayoría de la gente, orar juntos suena de sentido común, pero los líderes son más cautelosos; sin embargo, con el tiempo la idea de orar juntos se vuelve inevitable.

El misterio de la contemplación

El Concilio Vaticano II dice que la plena revelación se encuentra en Cristo pero que el misterio salvador de Cristo “de manera misteriosa” toca a cada ser humano. Cuando creyentes de otras religiones practican este tipo de oración, yo diría que el Espíritu Santo ora dentro de ellos, pero sé que para algunos el concepto es difícil. Un problema fundamental que ha marcado la historia de la Iglesia en Occidente ha sido la fisura entre la teología y la oración. Evagrius Ponticus ha dicho que “alguien que ora es un teólogo y un teólogo es alguien que ora.”

En la transformación que la oración contemplativa opera se encuentra la esperanza para la salvación del mundo (y de las Iglesias) porque depende de un número suficiente de personas sabias.

Funciona como una levadura en grupos pequeños y familias, pero se necesita una masa crítica para establecer una diferencia.

Fe y religión

Responsabilizo a algunos medios de comunicación por confundir fe con religión, porque no entienden que la fe es la capacidad humana inna ta para la transformación y que las creencias proveen un marco para los valores y ritos. Si tuviera que elegir entre ser “religioso” y ser “espiritual” optaría por lo segundo. Diría que se puede crear una comunidad de fe entre personas con creencias diferentes –incluyendo a ateos–. Soy partidario de enseñar la contemplación a los niños; muchas veces la sencillez de la práctica facilita su aceptación.

Por ejemplo, hay una escuela anglicana en el oeste de Londres en la cual tanto musulmanes como cristianos comparten la oración.

Meditación y transformación

En los últimos años en todo el mundo ha habido un cambio importante en la aceptación social y académica de la contemplación ante la confirmación empírica de sus beneficios y sus posibilidades. Conozco una estudiante universitaria sin ningún trasfondo religioso que empezó a meditar y después de un tiempo descubrió la existencia de Dios en su vida. Hace poco en la universidad de Georgetown dos conocidos líderes del mundo financiero norteamericano dieron testimonio del valor transformador que habían experimentado en todos los aspectos de su vida mediante la práctica de la contemplación. No sé si se puede decir lo mismo de las Iglesias. Lamentablemente sus líderes a menudo están demasiado ocupados en cuestiones institucionales.

Encuentro en Asís

Con respecto al primer encuentro en Asís creo que fue significativo en el nivel icónico y simbólico. La foto de todos los líderes religiosos reunidos me recordó otra foto emblemática: la de la Tierra tomada desde la Luna. El hecho de que se haya realizado el encuentro de Asís es importante en sí mismo. El “don de paz” permanece como un objetivo irrenunciable y la experiencia del Camino de la Paz con el Dalai Lama ha comprobado que la calidad intelectual del diálogo avanza cuando se da en el contexto de la contemplación. La situación actual exige que alcancemos mayor profundidad para asegurar la estabilidad y la paz del mundo. Debemos descubrir que en el corazón Dios está presente a través de la quietud, el silencio y la sencillez.

Para Freeman uno de los frutos de la contemplación es una nueva libertad que incluye la liberación del miedo y afirma que, con la confianza que el amor engendra en el corazón, se hace posible la colaboración con personas de otras religiones en la práctica de la meditación; y los cristianos pueden compartir la oración en este nivel. Lejos de permitir que el sincretismo o el relativismo entren en la Iglesia por la puerta trasera para subvertir su verdad, el padre Freeman dice que la meditación compartida en silencio realza el diálogo interreligioso y constituye una buena preparación para el diálogo efectivo entre las diversas manifestaciones de fe en nuestro mundo.

El autor es pastor de la Iglesia anglicana.

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