Las nuevas expresiones del tango

La inclusión del tango en la Lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la Unesco en 2009 representó para los especialistas el disparador de una serie de debates vinculados con la historia cultural tanguera, la actualidad del género y su futuro. La naturaleza compleja y polisémica del tango como objeto de investigación, el histórico desinterés de las agendas académicas por su estudio, las implicancias del reconocimiento de la música de Buenos Aires como patrimonio vivo y los desafíos que plantea la formación de nuevos músicos son algunas de las cuestiones que fueron objeto de discusión.

Así surge de las ponencias del III Congreso Internacional de Tango organizado por el Centro’feca –un espacio de reflexión para promover diferentes expresiones culturales argentinas– compiladas por Teresita Lencina en el libro Escritos Sobre Tango Volumen 2: Cultura Rioplatense, Patrimonio de la Humanidad, de las que participaron músicos, historiadores, representantes de la Unesco y de instituciones pioneras en la formación de instrumentistas y compositores de tango en el país.

Frédéric Vacheron, especialista de programas de Cultura en la Oficina Multipaíses de la Unesco para Argentina, Paraguay y Uruguay, destaca que la declaración del tango como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad –que surge a partir de un pedido conjunto de Argentina y Uruguay– compromete a ambos países a desarrollar acciones para la salvaguardia del tango.

Frente a este panorama, la pregunta es qué considerar patrimonio y cómo protegerlo. Para la historiadora Liliana Barela, la clave es promover el diálogo entre el acervo tanguero y las nuevas generaciones, para evitar “congelar” el género en expresiones del pasado. Barela dice que la declaración crea obligaciones a las instituciones y al Estado y destaca experiencias como el ciclo “Tango en Cafés y Bares de Dos Orillas” –que permitió que cantantes uruguayos se presentaran en bares notables porteños y viceversa– o el trabajo de la Orquesta Escuela, donde jóvenes músicos aprenden diferentes estilos y modos de tocar. Y propone, entre otras ideas, la protección de iniciativas como las reuniones de vecinos para hablar de tango en el Café Los Laureles del barrio de Barracas.

Durante el encuentro se destacó el crecimiento, en los últimos años, de la oferta de espacios de formación para jóvenes músicos de tango, una tendencia que se inició en los 80 con el regreso de la democracia y el surgimiento de instituciones como la Escuela de Música Popular (EMPA) de Avellaneda, la creación de la carrera de Folclore y Tango en el Conservatorio Manuel de Falla y de asignaturas específicas sobre tango en la Universidad Nacional de La Plata. Javier Cohen, coordinador del Area Tango de la EMPA repasó la historia de ese espacio, destacó el desafío que representó diseñar una metodología específica de enseñanza que permitiera sistematizar conocimientos sin modificar la esencia de lo popular y el aporte fundamental de músicos como Rodolfo Mederos. También se refirió a las limitaciones que encuentran los egresados, “a merced de la exclusiva condición de la autogestión” y consideró necesario “un marco legal y social que favorezca las condiciones del músico en general”.

El futuro del tango también fue tema de discusión, abordado en este encuentro por críticos y periodistas como Carlos Bevilacqua, Andrés Casak, Mariano del Mazo, Ricardo Salton y Luis Tarantino, quienes opinaron que aunque el tango está vivo a través de un número creciente de producciones y del surgimiento de una generación de nuevos músicos, su público no es masivo y la última renovación estilística importante del género data de los años 60. Para los críticos, si bien el tango no corre el peligro de morir que los más agoreros le anuncian desde los años 20 del siglo pasado, tampoco se registra la aparición de nuevos públicos que le devuelvan la masividad de su edad de oro. Y además dudan de que desarrollar políticas públicas de difusión y promoción pueda cambiar significativamente esa realidad.

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