Las leyes y la intimidad del hampa

Que las historias de la Mafia nos fascinen se lo debemos en parte a la voz cascada de Marlon Brando haciendo de Vito Corleone en El Padrino, y a la verborrea de Joe Pesci en el papel de Tommy en Buenos muchachos. También al enamoradizo y despiadado Jack Nicholson de El honor de los Prizzi, al panicoso y poderoso Tony Soprano, y por qué no, a la parodia acerca del submundo del hampa que hace Woody Allen en su ensayo “Para acabar con la Mafia”.

Es decir, que las historias de mafiosi y de los bajos y húmedos fondos de las grandes ciudades norteamericanas nos fascinen, se lo debemos en parte a la pintura del imaginario cultural. Y ese imaginario, cuando se vuelve un producto, forzosamente elimina los tiempos muertos y todo lo que no hay de “entretenido” en la vida de un mafioso. Además como lo que vemos son ficciones, es inevitable que queden a flote preguntas como: ¿en serio tienen tanta sangre fría?, ¿en serio sus mujeres son tan chillonas?, ¿en serio todos los capos se parecen entre sí?, ¿en serio todos tienen apodos? Etcétera.

Una parte de Honrarás a tu padre, reedición del clásico de 1971 escrito por el periodista Gaetano “Gay” Talese, refiere a esos estereotipos, al contar que a los gángsteres les gustaba ver la serie de los 60 Los Intocables: “Lo consideraban como pura comedia y sátira. Se reían de comentarios que no pretendían ser graciosos; se burlaban de las torpes caricaturas de sí mismos; abucheaban y se mofaban de los personajes que representaban al FBI o a la policía, convirtiendo el acto de ver la televisión en una especie de psicodrama”.

El hijo del sastre

Talese era hijo de un sastre calabrés que se enfurecía porque en las series policiales aparecía siempre algún criminal de origen italiano, y para colmo tuvo que tolerar la fascinación de Gay por las andanzas de Lucky Luciano y Vito Genovese que aparecían compulsivamente en los periódicos. El honesto sastre llegó a decir que todo era un invento del FBI, tanto le dolía presentir que en algún momento Italia iba a convertirse en sinónimo de Mafia.

La familia

Gay Talese trabajó cerca de siete años en ese libro de casi seiscientas páginas sobre la historia de los Bonanno, una de las cinco familias que manejaban el crimen organizado de Nueva York. Sus años de esplendor fueron los 40, cuando el Don Joseph Bonanno era un verdadero multimillonario con negocios en la prostitución, la usura y las apuestas, y la decadencia empezó a fines de los 50, cuando el gobierno dejó de tolerar un negocio clandestino que se apoderaba de miles de millones de dólares al año. Pero el libro no empieza con el apogeo de los Bonanno, sino con la calma que precedió a la tormenta de su caída. Y su protagonista no es el capo Joseph sino Bill, su primogénito y natural heredero del imperio construido por su padre siciliano.

Talese trabajaba en The New York Times cuando en 1965 la policía atrapó a Bill Bonanno. El periodista, de entonces 33 años, fue a cubrir su audiencia judicial y allí mismo le pidió un encuentro en vistas a escribir sobre su infancia. Para Talese, la información que circulaba en diarios y fuentes ponía el énfasis en todo lo que la Mafia podía tener de grotesco y parodiable. El en cambio quería saber “cómo pasaban aquellos hombres las horas de ocio que sin duda llenaban la mayor parte de sus días, cuál era el papel de sus esposas, cómo era la relación con sus hijos”.

Unos meses después Bill aceptó cenar con él y fue en compañía de su abogado. La charla duró varias horas, se entendieron, y Bill aceptó “protagonizar” un libro que no sospechaba se convertiría en un best-séller apenas vio la luz.

Se trata de una gran crónica que no se ahorra esas “horas de ocio” que buscaba Talese. El, que ya había escrito el famoso perfil “Frank Sinatra está resfriado”, y que había compuesto trepidantes retratos de los boxeadores más famosos de su época, se encontraba de pronto ante un proyecto titánico que, si había de respetar, no podía acelerar. Hizo bien en elegir a Bill, que le abrió las puertas de su casa y tenía una memoria tan poderosa como los mandatos familiares, explícitos o no, que se cernían sobre él. Talese completó el panorama viajando Castellammare del Golfo, el pueblo de Sicilia del que surgieron los Bonanno. Y con una prosa minuciosamente afinada con los momentos de la narración, publicó el primer libro de no ficción que penetró en el mundo cotidiano de la Mafia: las relaciones familiares, la escolarización de los niños, los “rangos”, las rivalidades, las lealtades y la identidad. Porque Honrarás a tu padre también puede leerse como el complejo tratado de una cierta identidad, de un cierto modo de vivir, en el que unos hombres, siempre nostálgicos de su tierra natal, proyectan el destino de unos hijos que no sienten esa nostalgia ni nacieron en sitios arrasados por la pobreza. Por eso el título del libro, uno de los mandamientos bíblicos, se vuelve epifánico al terminarlo: no sólo refiere a la relación entre Joseph y Bill; de alguna manera, Gay estaba honrando también a su propio padre.

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