Las ilusiones temporales

El ser humano vive en función del tiempo cronológico. Su transcurrir confiere sentido a la vida: nacimiento, adolescencia, edad adulta, vejez. Pero por más que los humanos han intentado luchar contra él –con pociones de juventud o cirugía estética– nunca han conseguido vencerle, ni siquiera han logrado ponerle un paréntesis: el tiempo transcurre inexorablemente para todos. ¿Qué sienten las personas ante el paso del tiempo? Desde la psicología se intenta comprender sobre qué descansa el «sentido del tiempo», cómo se elabora y cómo afectan ciertas situaciones o patologías a nuestra percepción del mismo. ¿Por qué unas veces nos parece que una hora dura una eternidad, mientras que otras nos transcurre en un visto y no visto?
La cuestión que debemos abordar antes de nada es la más sencilla a la par que la más compleja: ¿qué es el tiempo? San Agustín respondía de la siguiente manera: «Si nadie me lo pregunta, lo sé. Si quiero explicárselo a quien me lo pregunta, ya no lo sé». Sea cual sea la realidad del tiempo descrita y discutida por físicos y filósofos, los psicólogos centran su interés en saber cómo lo experimentamos. Se ha demostrado que existen varias formas de tiempo según la escala que utilicemos, que puede ir de unas milésimas de segundo a varios años. Cada forma implica diversos procesos cognitivos.

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