Las especies nuevas aparecen en pulsos

Las especies nuevas podrían resultar de sucesos raros, no de la acumulación gradual de cambios pequeños. Así se desprende del estudio de miles de especies y sus árboles evolutivos. La conclusión cuestiona una hipótesis harto difundida, según la cual las especies cambiarían sin cesar y al compás de su entorno; las nuevas especies surgirían por acumulación de esos cambios. Hablamos de la «hipótesis de la reina roja», por el personaje de Lewis Carroll que le dice a Alicia que «aquí, ya ves, hay que correr todo lo que puedas para seguir en el mismo sitio». Es decir: las especies deberían evolucionar para conservar su nicho ecológico. Y, por ende, las especies de un mismo género deberían evolucionar gradualmente al mismo ritmo.
Mark Pagel y su equipo de la Universidad de Bristol contradicen en Nature estas ideas. Han estudiado, con procedimientos computacionales, las longitudes de las ramas de los árboles evolutivos de miles de especies de más de cien grupos de los reinos animal y vegetal. La «reina roja» sólo encajaba bien con un ocho por ciento de los árboles. En cambio, el 80 por ciento concordaba con un modelo en el que los cambios evolutivos ocurrían en episodios evolutivos raros. Como dice Pagel, la especiación se debería a «felices accidentes» (la aparición de una cordillera o un cambio climático).

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