Las dos caras del estrés

La presión psíquica puede acarrear olvidos, incluso lagunas en la memoria. Sin embargo, también puede favorecer la capacidad de memorizar.

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Todavía quedan cinco minutos antes de que arranque el tren. Mi taxi permanece parado en el semáforo en rojo; hay que conseguir pasar en este turno. ¡No puedo llegar tarde de nuevo! Ahí delante está la estación. ¿Por qué tiene que haber siempre tanta gente las vísperas de festivos? Subo al andén corriendo a toda velocidad. El revisor da en ese preciso momento la señal de partida. El corazón me late a mil; tengo la frente perlada de gotas de sudor. Me hundo en el asiento del vagón. Una vez más, lo he conseguido.
¿Reconoce usted este tipo de situaciones? Ya sea por el apremio al que nos lleva la falta de tiempo, ya por la presión de la competencia, ya por las valoraciones críticas de los semejantes, el estrés forma parte de la rutina de la mayoría de los seres humanos. Una reacción, por otro lado, que activa un sistema biológico muy parecido en todos los vertebrados. Protagonistas de este sistema son las hormonas adrenalina, noradrenalina y cortisol, las cuales desarrollan en el cuerpo efectos dirigidos, sobre todo, a responder ante situaciones agudas y difíciles. Algunos de dichos efectos son la activación del sistema cardiocirculatorio o la aceleración de la respiración. Aunque la influencia del estrés va todavía más allá: afecta también al aprendizaje y la memoria.

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