Las aguas del inconsciente

El mexicano Jorge Volpi consigue en “La tejedora de sombras” una novela histórica con estructura de sonata.El último premio Casamérica Planeta, La tejedora de sombras, es un libro escrito en una encrucijada de géneros: es novela histórica (con fotografías y dibujos que la ligan directamente a los personajes reales cuyas vidas cuenta); tiene una estructura musical, de sonata; es la descripción de un personaje (al estilo de Madame Bovary) y, sin duda, pertenece a un grupo de relatos literarios y cinematográficos que vuelven sobre la primera época del psicoanálisis (Un método peligroso, la película de David Cronenberg que se estrenó en las salas argentinas hace un par de semanas es un ejemplo entre muchos).

El libro de Jorge Volpi narra el amor entre Christiana Morgan y Henry Murray, personajes históricos, muy ligados a Jung. En general, el centro de atención es Christiana. Volpi narra en tercera persona pero cede la palabra al personaje muy a menudo, cuando cita sus cartas y diarios y muestra los dibujos que obsesionaron a Jung. Alrededor de la “tejedora”, la novela se abre al punto de vista de otros personajes: Will, marido de Christiana; Jo, esposa de Henry y Jung. El resultado es una novela con elementos gráficos y textuales muy variados y un planteo clásico del tiempo: empieza por el final y retrocede al pasado para explicarlo. La “coda” se parece bastante a los carteles con que se explica, en las películas históricas, lo que pasó con los personajes después de la última imagen.

Una emoción desatada
Volpi coloca una metáfora esencial en el principio, cuando antes de morir en el Caribe (al que ella llama “abominable paraíso”), Christiana piensa en el mar como un ser doble: una superficie calma (“de buenos modales”) y una profundidad de “calumnias, rumores”, semejantes “a peces carnívoros”, “una oscuridad que todo lo iguala y todo lo destruye”, descripción aplicable tanto a la sociedad como al ser humano.

Christiana desafía a la sociedad de su tiempo con una mente que Jung llama “demasiado masculina”, desde una visión claramente prejuiciosa en la que las mujeres están condenadas a la emoción y a “crear hombres”. Christiana termina aceptando ese rol y en el fondo, ella es tanto inteligencia como emoción, una emoción desatada. Su historia y la de Henry Murray es una descripción de las clases altas occidentales en la primera mitad del siglo XX (Volpi es consciente de eso y lo explicita cuando describe a las “valquirias de Jung”, es decir, sus clientas).

Poética o historia
Para lectores sin un aprecio particular por el tema, las primeras páginas de La tejedora de sombras prometen demasiado. Después de desplegar la poética del autor, los mecanismos narrativos y el tono general, el libro se vuelve un poco repetitivo. En cambio, para quienes busquen un análisis de las figuras históricas o el momento en que nace el psicoanálisis, la novela vale, sobre todo, porque estudia en un remolino los dos lados del desarrollo de ciertos protocolos (por ejemplo, el del Test de Apercepción Temática): el puramente intelectual, en el que el pensamiento científico también se roza con casualidades y el emocional, en el que se unen el sexo, el deseo, el amor; el emocional que, en gran parte, guía el estudio desde abajo, desde la “oscuridad”, a la que también podríamos llamar “inconsciente”.

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