– LAMENNAIS

Este malogrado escritor empezó por deprimir la razón exaltando la revelación; y acabó por deprimir la revelación exaltando la razón: el resultado de los sistemas exagerados es el error. Pirron exagera el cuerdo dicho de Sócrates: «Sólo sé que nada sé», y cae en la duda universal; Antístenes exagera otro principio del mismo Sócrates, la superioridad de la virtud, y funda el cinismo; Lamennais se propone combatir a los que enaltecen en demasía a la razón individual; para esto le niega todo valor, y busca el criterio de la verdad en el consentimiento común, afirmando que aun las ciencias exactas no tienen otra base; que el mismo nombre de exactas no es más que uno de esos vanos títulos con que el hombre engalana su flaqueza; que la geometría misma no subsiste sino en virtud de un convenio tácito de admitir ciertas verdades necesarias, convenio que puede expresarse en los términos siguientes: «Nosotros nos obligamos a tener tales principios por ciertos; y a cualquiera que se niegue a creerlos sin demostración, le declaramos culpable de rebeldía contra el sentido común, que no es más que la autoridad del gran número.» (Ensayo sobre la indiferencia.)

343. Si todo criterio depende del consentimiento común, ¿por qué los individuos, para creer, no esperan a cerciorarse de que lo mismo dicen los demás? ¿Qué consentimiento se necesita, el de un pueblo o el de todos? ¿El de una época o el de todas? ¿Dónde se ha formado el convenio? Si es tácito, ¿por qué han convenido tácitamente los hombres ? ¿No diríamos mejor que todos los hombres están ciertos de algunas verdades, porque todos las hallan atestiguadas por su conciencia y su razón? No las cree cada uno porque las creen todos; por el contrario, las creen todos porque las cree cada uno. Aquí está la equivocación de Lamennais: toma el efecto por la causa y la causa por el efecto.

344. El sistema del consentimiento común lleva derechamente al escepticismo, y lejos de afirmar la religión, la destruye: ved lo que ha sucedido al infortunado escritor. No es buen modo de defender la revelación el empezar por destruir la razón. Leibnitz ha dicho con tanta verdad como ingenio: «Proscribir la razón para afirmar la revelación, es arrancarse los ojos para ver mejor los satélites de Júpiter al través de un telescopio.» (V.Filosof. fundamental, lib. I, cap. XXXIII.)

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