Lagos de fósforo

HONGOS
J. HENRY FAIR

La minería del fósforo presenta dos caras, una de ellas benéfica, la otra, ingrata y preocupante. Nos proporciona fosfato amónico, ingrediente principal de los abonos artificiales empleados para aumentar las cosechas, pero también genera grandes masas de detritus.
El fósforo se extrae de una roca que contiene fosfato de calcio. En varios estados norteamericanos se beneficia a cielo abierto, en franjas. El mineral se pulveriza y trata con ácido sulfúrico para obtener ácido fosfórico, en primer lugar, y en un segundo proceso, fosfato amónico. Por cada tonelada de ácido fosfórico producido se generan cinco de fosfoyeso, un subproducto de aspecto terroso, blanco-grisáceo que emite gas radón, por lo que tiene escasas aplicaciones (una de ellas, el cultivo del maní). Casi todo el fosfoyeso se apila, mediante excavadoras, en gigantescos vertederos que pueden alcanzar unos 60 metros de altura y cubrir 100 hectáreas o más. Cada vertedero contiene entre 4000 y 12.000 metros cúbicos de aguas residuales. Estas van escurriéndose gradualmente y originan grandes charcas, que rielan en azul o en verde al reflejarse la luz en los sedimentos lixiviados del fondo. Esta aguas poseen un pH de entre 1 y 2, por lo que son fuertemente ácidas y corrosivas. En la fotografía se observa el extremo de uno de estos vertederos, en Florida, y su laguna correspondiente.
Florida produce el 75 por ciento del fósforo utilizado por los agricultores estadounidenses y alrededor del 20 por ciento del total mundial. Más de 1000 millones de toneladas de fosfoyeso yacen apiladas en 25 vertederos repartidos por ese estado, a las que se añaden 28 millones de toneladas cada año.

 

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