La Voz Interior

.- ¿Por qué estas preocupado, amigo mío? – dijo un día el anciano, al notar que el joven estaba inquieto y distraído
.- Venerable – dijo entonces el joven, mientras caminaban – hay en el pueblo un maestro que dice que será mi guía para alcanzar la felicidad y la abundancia, cambiando para siempre mi vida…
.- ¿Y porque querrías cambiar tu vida, amigo mío? – dijo el anciano lentamente – ¿Es acaso ella tan mala, que querrías tener otra?..
El joven permaneció en silencio, pensativo
.- Por otra parte – agregó el anciano – ¿se ofrece él como guía? ¿Y qué le hace presumir de sabio, prejuzgando tu ignorancia?…
.- Es que proviene – dijo el joven, con mirada preocupada – de una sabia y antigua cultura, venerable…
.- Incluso en culturas sabias hay individuos necios, amigo mío – dijo entonces el anciano – Y siempre es necio quien presume de su propio yo…
El joven miró al anciano con ojos muy abiertos
.- ¿Propone, además, alcanzar felicidad y abundancia, como si fueran cosas equiparables y ajenas a tu realidad?…
El anciano miro de frente al joven, con ojos serios – Miente, amigo mío – agregó enseguida – pues ambas cosas pertenecen a diferentes ámbitos de la realidad y, por lo mismo, no van de la mano… Más aun, la supuesta abundancia, propia del ámbito existencial de la cantidad, atenta contra la felicidad, propia del ámbito esencial de la cualidad…
El joven caminaba cabizbajo
.- No te apenes – dijo el anciano, amigablemente –por las artes del confusor, que en eso sí es maestro ese supuesto guía… Ríete y, frente a la verborragia hábil e histriónica de los ilusionistas, esgrime el báculo del discernimiento y la lámpara de la claridad… Y verás esfumarse sus palabras en el viento y aparecerá su verdadero rostro a la luz…
.- He sido necio, venerable – dijo el joven, apesadumbrado – y he sucumbido a la ilusión…
.- No, amigo mío – dijo amablemente el anciano – Todo lo contrario: has sido sabio, pues has dudado frente a la ilusoria prestidigitación del confusor, y has buscado ayuda… Ve ahora a tu propio interior y, en pacifico silencio, decide serenamente y por ti mismo el camino a seguir…
El joven caminaba con la cabeza gacha y el anciano palmeó amigablemente su hombro – Tranquilízate, que todo estará bien, pues tu conciencia interior te ha advertido del peligro que te alejaría de la unidad con El, que habita en cada uno de nosotros: ese susurro interior que al principio te inquietaba, mi buen amigo, es la sabiduría…
El joven suspiró profundamente, aliviado y sorprendido, mientras veía al anciano que, lentamente, se alejaba por el sendero solitario…
Anónimo

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