LA VIDA DEL PROFETA

¿Como fue la vida de nuestro Profeta Muhammad(swas)?

Muhammad (Mahoma) Ibn Abdallah nació en la ciudad de La Meca en el 570 d.C.. en el clan más noble de la tribu que gobernaba dicha metrópoli. Pese a pertenecer a la nobleza de los árabes, su clan era pobre. Quedó huerfano de padre antes de nacer y perdió a su madre cuando sólo contaba cuatro años, siendo a partir de entonces criado primero por su abuelo y luego por un tío paterno.
La ciudad de La Meca gozaba desde antiguo de un privilegio especial en la atrasada Península Árabe. Era la sede de la Kabah el primer templo al Dios Único que las tradiciones remontan a Adán. y que fuera reedificado por Abraham e Ismael su hijo. No obstante la pura tradición monoteísta de Abraham había sido oscurecida con el paso de los siglos y el templo de la Kabah se hallaba repleto de variados ídolos a quienes rendían culto las distintas tribus árabes. Esto hacía de La Meca una metrópoli importante de la región central de Arabia, el Hiyaz, por su carácter religioso y sagrado antes que económico (pues no poseía riquezas) que la convertían en paso obligado de las frecuentes caravanas comerciales que recorrían la Península de Norte a Sur y viceversa y en lugar de reunión y peregrinación de los árabes de toda Arabia.
Con excepción de Palestina y Siria (dominada por los cristianos bizantinos) y de las regiones del sur (Yemen Arabia Feliz). Arabia era por entonces un territorio inculto y pobre salpicado de ciudades-oasis independientes y recorrido por tribus nómades enemigas entre sí. Con excepción de algunos asentamientos de árabes judíos en todo el Hiyaz predominaba la idolatría y una serie de costumbres bárbaras sólo atenuadas por el apego de los árabes a la caballerosidad y la generosidad. La lengua escrita era casi inexistente, y sólo se cultivaba la poesía y su transmisión oral, única forma artística.
En este ambiente de atraso surgió el Sello de los Profetas, y esto constituye uno de sus galardones más notables por la transformación radical, realmente milagrosa, que operó su prédica en esa sociedad, una de las más atrasadas e incultas de la época, convirtiéndola en el germen de la civilización más sorprendente de la historia.
Hasta los cuarenta años el futuro profeta vivió en el seno de su comunidad sin someterse a sus bajezas, y era tal su honestidad y espíritu de justicia que se lo apodó Al-Amín, que significa el verídico y leal, el digno de fe y confianza. Se casó con una mujer viuda de su propia tribu, de nombre Jadiya y tuvo varios hijos e hijas, de las cuales sólo sobrevivieron estas últimas. Sus hijas no tuvieron descendencia, con excepción de la menor, Fátima, la más amada por el Profeta. Fátima se casó con Alí ibn Abi Talib (primo del Mensajero de Dios), y tuvieron dos hijos: Al-Hasan y Al-Husain, la paz sea con todos ellos. Cabe destacar que Alí había sido criado como un hijo por el Profeta, y que fue el primer hombre en creer en su misión y aceptar el Islam.
Fátima, Alí, Al-Hasan y Al-Husain, constituyen la Gente de la Casa del Profeta (Ahlul-Bait), a quienes Dios purificó especialmente y en los que depositó la Sabiduría y la Custodia del legado del Mensajero de Dios. El Profeta llamaba a sus nietos Al-Hasan y Al-Husain «mis hijos».
Cuando tenía cuarenta años, durante uno de los retiros que solía realizar en las afueras de la ciudad de La Meca, recluido en una caverna, anhelante de la Verdad, recibió por primera vez la Revelación divina y la función profética. A partir de ese momento su vida sufre un cambio total. Se dedica de lleno a la misión que le es encomendada, proclama en La Meca la Unicidad de Dios y exhorta a abandonar la idolatría. El, que no conocía la lengua escrita ni mucho menos poseía antecedentes literarios o poéticos, de la noche a la mañana les recitaba a sus conciudadanos versículos bellísimos en la más pura lengua árabe, frases rebosantes de sabiduría que persuadían a los corazones.
No obstante, la oligarquía quraishita temió el peligro de que la metrópoli de los 300 ídolos se convirtiera en la ciudad de un solo y único Dios, ahuyentando así a los peregrinos que hacían su riqueza. Persiguió entonces encarnizadamente al Profeta y a sus pocos seguidores. Los trece años de prédica en La Meca estuvieron caracterizados por la persecución y la injusticia, hasta que el Mensajero de Dios recibe la orden de emigrar a una ciudad distante 400 Km. hacia el norte, lazrib (luego llamada Medina), donde una reciente comunidad de musulmanes lo recibió con afecto fundándose allí el primer gobierno islámico independiente. Este acontecimiento crucial es conocido como la Hégira o emigración, y es el punto de partida del calendario lunar islámico que lleva ya 1428 años.
En pocos años, y luego de sortear con éxito diversos ataques y guerras con los idólatras de La Meca, que llegaron a coaligarse con otras tribus para tratar de destruirlos, se firmó un acuerdo de paz con los líderes de Quraish. En muy pocos años el Islam se afirmó en toda la Península Árabe, unió a las tribus dispersas bajo la bandera de la Unidad divina y la Causa de Dios, y finalmente, luego de una agresión con la que los quraishitas quebraron el pacto, el Profeta avanzó sobre La Meca y la tomó sin derramamiento de sangre ni lucha. Purificó ese territorio sagrado como era en época de sus ancestros Abraham e Ismael, y destruyó todos los ídolos del Templo de la Kabah.
En el último año de su misión, durante la peregrinación llamada «de la Despedida» y al retornar de la misma, el Mensajero de Dios transmitió a su comunidad dos enseñanzas finales para la preservación del Islam. Dijo el Profeta: «¡Humanidad! Dejo entre vosotros las dos cosas más preciosas: el Libro de Dios y la Descendencia de la Gente de mi Casa (Ahlul-Bait). ¡No las separéis hasta que os encontréis conmigo en la Fuente del Kauzar (en el Paraíso)».

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