«La tragedia del hombre», pero animada

HONGOS

En 1996, durante el Festival de Cine húngaro en Los Ángeles se proyectaron 18 minutos del rodaje inicial de The Tragedy of Man, un trabajo animado que estaba realizando en ese momento el director Marcell Jankovics.

En dicho segmento, Lucifer y Adán visitan una comunidad socialista en algún momento del sombrío futuro de la Tierra, un momento en el cual la poesía y el cultivo de las rosas están prohibidos, a los bebés se les asignan números en vez de nombres, y se reciclan los cadáveres secos de los ciudadanos para fabricar productos destinados al hogar. Miguel Ángel ­o al menos su forma reencarnada­ es un obrero frustrado; Platón pasa su tiempo arreando bueyes.

«A la gente le encantó», dijo Bela Bunyik, fundador del festival, recordando ese preestreno. A decir verdad, aquella filmación fue apenas un pequeño fragmento de una película que no sería terminada sino hasta 2011 y que equivale a una superproducción que comienza en los albores de la creación, termina con el último aliento del hombre e incluye, entre otras, escalas en Grecia antigua, en Praga durante el siglo XVII, en el Londres dickensiano y el espacio exterior.

Con 160 minutos ­intervalo incluido­ la película ofrece un espectáculo visual tras otro. Cada una de las 15 partes está animada con un estilo diferente. «No es de esas películas que todos van a ver», admitió el propio Jankovics.

El estreno estadounidense de la versión completa de La tragedia del hombre fue el 18 de noviembre, volviendo al mismo festival después de 16 años de la proyección inicial y casi tres décadas desde que Jankovics empezó a trabajar en el filme. También está prevista la proyección de la película este mes en los festivales de Polonia, Portugal, Armenia y Canadá.

La tragedia del hombre es una adaptación de la obra del poeta Imre Madach del mismo título, que fue traducida a 90 idiomas, y es considerada una de las grandes obras de la literatura húngara. La acción transcurre a lo largo de un sueño, mientras Adán, Eva y un Lucifer charlatán visitan las grandes civilizaciones del mundo en el apogeo de su poder, para observar en definitiva cómo los sueños y esperanzas de la humanidad se reducen a nada.

Jankovics es el animador vivo más famoso de Hungría. En 1976, su película Sisyphus(Sísifo), una obra maestra en cortometraje sobre el rey que empuja la piedra, fue una de las nominadas para un premio de la Academia: al año siguiente su Kuzdok (La lucha) ganó la Palma de Oro en la categoría cortometraje en Cannes. «En Hungría lo conocen como se conoce a Walt Disney», dijo Paul Morton, que estudió animación húngara en Budapest en 2008.

Jankovics fue trabajando en una parte de La tragedia del hombre por vez. Cuando terminaba esa parte, salía a buscar dinero para la siguiente. Los equipos que dirigió como director y autor de la película cambiaron sustancialmente a lo largo de los años, conforme los animadores se retiraban o morían.

«La voz de Dios y Lucifer se mantuvo durante toda la producción», dijo Jankovics. «Pero Adán y Eva envejecieron, de modo que entraron actores jóvenes». La última parte del dinero para terminar la película llegó en 2008, cuando Jankovics permitió a General Motors utilizar Sisyphus en un aviso comercial para el híbrido GMC Yukon.

Tragedia… se exhibe actualmente en toda Hungría, donde ha recibido elogios de los críticos así como también en festivales de Rusia, Serbia y la República Checa. Por el momento, no hay planes de un estreno comercial.

La película termina con el oportuno retorno de Eva y Dios y la siguiente directiva celestial:Continúen luchando, continúen esforzándose por fea que se ponga la vida. No es precisamente un final feliz, pero para los húngaros es, al menos, satisfactorio.

Morton contó que, estando en Budapest, oyó a una mujer local explicar una diferencia fundamental entre las historias húngaras y las estadounidenses. Ella le dijo: «Ustedes siempre terminan el cuento diciendo `y vivieron felices para siempre’. Nosotros terminamos nuestras historias con «y vivieron felices para siempre ­hasta que murieron’».

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