La Tortuga Golfina

Ha iniciado la época en que las tortugas marinas visitan nuestras playas para depositar sus huevos y así perpetuar su especie. Todo el mundo ha escuchado hablar de ellas o las ha visto, pero pocos se detienen a pensar en los problemas que esta maravillosa especie enfrenta cada noche y cada día al salir a la playa.

¿Quién es la tortuga Golfina?
La tortuga Golfina (Lepidochelys olivacea) es la única de las 7 especies de tortugas marinas del mundo que visita regularmente nuestras playas. Está entre las más pequeñas, pero aún así puede medir hasta 75 cm de largo (sólo el caparazón) y pesar hasta 45 kilogramos. Localmente la gente la conoce como «caguama», aunque es un término poco exacto, pues así se le llama en general a cualquier especie de tortuga marina. Su nombre en inglés (Olive Ridley) proviene del color de su caparazón, de una tonalidad café-verdosa. Por su parte, nadie puede explicar el origen de su nombre en español, pues aunque se entiende que significa «del Golfo» o «que viene del Golfo», esto no tiene mucho sentido, pues se le puede encontrar en ambos lados del Océano Pacífico, en el Océano Índico y, aunque rara, está también presente en el Océano Atlántico.

Lo más interesante a resaltar sobre su vida, es su capacidad para regresar a la misma playa que la vio nacer (aunque también hay individuos que anidan donde les plazca), con intervalos que pueden ser anuales, bianuales y tal vez más. Durante la temporada de anidación saldrán hasta 3 veces, depositando en cada ocasión entre 80 y 120 huevos, de los cuales nacerá alrededor del 80%, pero que sólo unas pocas llegarán a la edad adulta.

Una peligrosa popularidad
En México, así como en la mayoría de los países centroamericanos, han sido utilizadas para atraer al turismo y Puerto Vallarta no es la excepción. Autoridades, hoteles, restaurantes, prestadores y promotores de servicios turísticos, hacen gala de las bondades de las tortugas marinas, promoviendo la liberación de las crías al mar como una herramienta de mercadotecnia. Con el paso de los años, hemos sido bombardeados por campañas turísticas que «presumen» de la protección de las tortugas marinas, cuando en realidad, ésta queda en manos de unas pocas personas, organizaciones, hoteles y/o autoridades bien intencionadas pero con muy limitadas capacidades, tanto económicas como operativas, sin mencionar los casi absurdos obstáculos legales que las autoridades federales imponen a quienes de verdad nos interesa protegerlas, por hacer una labor que por ley le corresponde a ellos.

A pesar de los tantos obstáculos presentes, cientos de tortugas logran ser protegidas cuando salen a la playa, así como sus nidos, gracias al esfuerzo de muchas personas de buen corazón. Sin embargo, debo enfatizar que esa «mala costumbre» de ver a las tortugas como un atractivo turístico sin restricciones, ha causado durante los últimos años muchos problemas, pues cada noche decenas de tortugas, apenas salen a poner sus huevos a la playa son «espantadas» por una multitud de personas que, sin darse cuenta por su fascinación o sus ganas de tomar una fotografía, intervienen y obstaculizan un proceso que requiere de quietud, silencio y oscuridad; 3 factores que ya no existen en nuestras playas.

Si quiere ayudarlas, ¡NO LAS AYUDE!
Puede sonar egoísta, pero es la mejor forma de permitir que las tortugas sigan anidando con éxito en nuestras playas. La observación de tortugas marinas debe realizarse bajo la supervisión de una persona autorizada, sea un biólogo especializado o una autoridad capacitada en el tema, pues acercarse puede ser suficiente motivo para que una tortuga suspenda su intento de anidación y regrese al mar sin depositar sus huevos. Muchas personas bien intencionadas se alarman al ver a una tortuga marina en la playa, pensando que está perdida o inclusive «varada», por lo que la devuelven al mar. Esta tortuga tendrá que intentarlo de nuevo y, al salir, probablemente se encontrará con otro «buen samaritano» que la devolverá al mar nuevamente, sin considerar todos los intentos fracasados que ya haya tenido a causa de los curiosos que se acercan demasiado.

¿Qué sentiría usted en su lugar? Sin duda es una tragedia para las tortugas, que se enfrentan a playas llenas de luces que las desorientan, obstáculos y objetos extraños como camastros y sombrillas, sin olvidar la erosión que nuestras playas han sufrido en los últimos años y que aún hay una incontable cantidad de personas que se roban los huevos de tortuga en la primera oportunidad, creyendo que tienen propiedades afrodisíacas o energéticas que no son más que una mentira.

Afrontémoslo, pues nos estamos aprovechando de un ser vivo en peligro de extinción, cuya etapa más vulnerable de su vida está completamente en nuestras manos. Somos increíblemente afortunados de tener una población de tortugas marinas altamente fieles a la playa donde nacieron, pero que no sabemos a ciencia cierta qué tan efectivos son hasta ahora nuestros «métodos turísticos» de protección. Yo le invito, mi estimado lector, a distinguir entre un verdadero protector y conservador de las tortugas marinas, y un charlatán que lo único que quiere es hacer negocio con la liberación de las crías. Infórmese, actúe y colabore, pero por favor, deje a las tortugas anidar en paz, tal como lo hacían desde antes de nuestra llegada a la Tierra.

 

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