La tolerancia extiende sus raíces

Las noticias de Europa en 2012 fueron malas. Fue el continente de la austeridad y el desempleo alto además de una moneda afectada por la crisis y de rescates y protestas y crímenes de odio.

La entrega del Premio Nobel de la Paz a la Unión europea dio la sensación de ser un intento desesperado de recordar al continente su libertad sin fronteras. La vida en la superficie, generalmente serena, no pareció estar en sincronía con los espantosos números económicos.

No ha sido fácil desentrañar en medio de todo este discurso de crisis dónde está parada Europa en realidad. No hay indicios serios de una ruptura de la unión.

No ha habido ninguna violencia generalizada o sostenida. Se ha formado una red de conexiones entre los europeos jóvenes. Sus corazones tal vez no latan más rápido al ver una bandera europea azul y dorada pero no están dispuestos a sacrificar su Europa abierta. La tolerancia, esa cualidad difícil de afianzar, va extendiendo un poquito sus raíces.

Donde más lo hace quizá sea en Gran Bretaña: el triunfo del equipo GB, con múltiples colores de tez, en los Juegos olímpicos ­un momento de tregua en la lobreguez- reflejó la conformación cambiante del país. Hasta qué punto se ha transformado Gran Bretaña es algo que se desprende del censo 2011 publicado este mes. El censo hace referencia a la corriente más profunda debajo de las ráfagas superficiales. Sospecho que no es un mal indicador de tendencias que, aun desparejas, existen debajo de la superficie en toda Europa.

Yo crecí en una Gran Bretaña envuelta en niebla donde el «continente» era sospechoso, una posible fuente de hidrofobia y de ajo entre otras cosas desagradables. abundaban los epítetos insultantes. Los paquistaníes eran «paquis», los judíos «joicas». Los populares términos utilizados para los extranjeros abarcaban todo un mundo de gente, principalmente de piel oscura. Los humillados generalmente se mantenían callados.

Una foto instantánea actual de Gran Bretaña revela que es un país donde 7,5 millones de personas (alrededor del 13% de la población) son nacidas en el exterior, un aumento de 2,9 millones desde 2001. La población de raza mixta ­personas con padres interraciales- se duplicó hasta alcanzar más de un millón y es el grupo que más crece. Se habla de la generación «Jessica ennis», en una referencia a la popular atleta de ascendencia jamaiquina e inglesa ganadora de una medalla de oro. Un sondeo realizado por una organización llamada British Future constató que el número de personas preocupadas por las relaciones interraciales pasó de 50% en los años ’80 a 15% en la actualidad.

Otros cambios indican que las normas sociales están mutando rápidamente. el número de casados cayó por primera vez hasta menos del 50%. Hay 504.000 parejas más conviviendo sin estar casadas. el cristianismo se erosiona, con 4 millones menos de fieles que en 2001. Perdió menos frente a los musulmanes (en la actualidad 2,7 millones o sea 4,8% de la población, en comparación con 1,55 millón en 2001) que frente a los ateos. Un poco más de 14 millones de personas, o sea un cuarto aproximadamente de la población, dicen que no tienen ninguna religión, un avance de 6,4 millones en una década.

En suma, Gran Bretaña es más diversa, menos blanca, menos cristiana, menos religiosa en general, menos retrógrada, más abierta. Los cambios han sido rápidos y no exentos de tensiones: uno de los signos de las dificultades ha sido un aluvión de los llamados «crímenes por honor» así como el matrimonio obligado de jóvenes musulmanas.

El sentimiento político contra la inmigración avanza. No obstante, teniendo en cuenta lo diversa que se ha vuelto Gran Bretaña ­y en mayor o menor grado esto se da en toda europa- quizá lo más sorprendente sea cuánta integración se ha logrado.

Londres es precisamente el símbolo de eso. más de un tercio de la población londinense en la actualidad nació en el exterior.

Sin embargo, eligió dos veces como alcalde a la caricatura misma de un inglés Tory, el rubio corpulento Boris Johnson con sus risotadas estentóreas y su excentricidad generalizada.

La verdad sobre Johnson es más compleja, empero. como señaló michael White en The Guardian, el alcalde es «un poco inglés, alemán, turco, un poco musulmán, cristiano y judío». ¿de dónde salió esa pelambre rubia? de los godos que se radicaron en anatolia en el siglo V ac., dice su biógrafo, andrew Gimson.

Boris, nacido en Nueva york, se define como «un crisol en un solo hombre» y tiene razón. es parte del atractivo del pillo».

Lo mismo que pasa con Johnson, pasa con europa al final de su annus horribilis: las cosas no son lo que parecen.

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