La taquicardia ventricular

Las taquicardias ventriculares son aquellas que se originan en el miocardio ventricular o en el sistema de conducción de la pared de los ventrículos. Se denomina taquicardia ventricular sostenida a aquella que provoca síntomas severos o persiste más de 30 segundos.  En más de la mitad de los casos, el paciente con taquicardia ventricular padece una cardiopatía isquémica. A esta, le siguen en frecuencia la miocardiopatía dilatada y la miocardiopatía hipertrófica, siendo causas menos comunes las valvulopatías, cardiopatías congénitas y las anomalías eléctricas como el síndrome de QT largo o el síndrome de Brugada. En algunos casos no se encuentra una causa conocida de la taquicardia ventricular y se considera como idiopática. El diagnóstico de la taquicardia ventricular se realiza, básicamente, a partir del electrocardiograma y se completa con otras pruebas, como el estudio electrofisiológico, utilizándose las demás pruebas diagnósticas para descubrir las anomalías causantes de la arritmia.

Los síntomas producidos por la taquicardia ventricular dependen de la frecuencia cardiaca, de la duración de la taquicardia, y de la presencia y extensión de la cardiopatía subyacente y enfermedad vascular periférica. La taquicardia ventricular puede presentarse en forma de episodios cortos, no sostenidos, con frecuencia cardiaca generalmente no muy alta y que no produce síntomas. En el extremo contrario, la taquicardia ventricular puede ser sostenida, con frecuencia cardiaca elevada, que produce inestabilidad y puede terminar en fibrilación ventricular (que es una forma de parada cardiaca). Entre estos dos extremos pueden presentarse todas las situaciones. La presencia de cardiopatía estructural importante puede hacer que una taquicardia ventricular sea muy sintomática cuando en un individuo normal podía no producir síntomas. El lugar de origen del impulso en la pared ventricular también influye, ya que, según la dirección de las ondas de despolarización, la contracción miocárdica será más o menos efectiva. Los pacientes con taquicardia ventricular refieren muchas veces antecedentes de palpitaciones, a veces en rachas más o menos largas y que pueden acompañarse de molestia precordial, ansiedad, disnea, mareo y/o sudoración. Las crisis de taquicardia ventricular sostenida son, a veces, muy bien toleradas y el paciente acude refiriendo solo palpitaciones. En otros casos, el paciente presenta dificultad respiratoria, mareo, sudoración y palidez de piel. En ocasiones, la taquicardia ventricular produce pérdida de consciencia y puede conducir a fibrilación ventricular y muerte súbita. Dado que muchos pacientes con taquicardia ventricular padecen cardiopatía isquémica, es frecuente que refieran angina durante la arritmia. En presencia de una cardiopatía estructural significativa, los pacientes suelen referir disnea durante la taquicardia ventricular y, a veces, presentan edema agudo de pulmón. La presencia de arritmias ventriculares de alto grado en pacientes con cardiopatía estructural, se relaciona con un riesgo incrementado de muerte súbita. Si la taquicardia ventricular degenera en fibrilación ventricular y el paciente es recuperado, la probabilidad de muerte súbita posterior es mucho mayor.

El tratamiento de la taquicardia ventricular varía dependiendo de su tipo, de su forma de presentación y de la existencia, o no, de una cardiopatía estructural subyacente. En caso de taquicardia ventricular no sostenida, en la que se presentan episodios cortos, el tratamiento se basa en los fármacos antiarrítmicos. En pacientes con una taquicardia ventricular sostenida asintomática, o con síntomas ligeros, y una situación hemodinámica aceptable, puede intentarse revertir la arritmia con fármacos antiarrítmicos. En caso de que la taquicardia ventricular sea severamente sintomática, con shock, edema agudo de pulmón, angina inestable o infarto agudo de miocardio, el tratamiento urgente es la cardioversión eléctrica inmediata, mediante la aplicación de una descarga eléctrica sobre el tórax del paciente. Después de la cardioversión, se debe continuar el tratamiento con fármacos antiarrítmicos. Posteriormente, se debe realizar una valoración del riesgo de arritmia maligna, según la cardiopatía que presente el paciente. Se deben realizar todos los estudios necesarios para estimar el riesgo de aparición de una arritmia grave o de muerte súbita. Si se considera que este riesgo es algo, se recomienda la implantación de un desfibrilador automático.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *