LA SANTA SÍNDONE: TESTIMONIO DE LA PASIÓN

Hay una contemplación muy especial de la Pasión del Señor, que nos sobrecoge especialmente en nuestros tiempos, dominados por la ciencia y la técnica. Es la consideración de la Santa Síndone de Turín; también llamada Sábana Santa o Santo Sudario.

Este es un lienzo de lino rectangular, de 4,36 m. de largo y 1,10 m. de ancho. Sobre un mismo lado de la tela están impresas las huellas frontales y dorsales de un hombre muerto después de haber sido crucificado. La tradición lo ha identificado con aquella sábana limpia, comprada por José de Arimatea, en la que Jesús fue envuelto para la sepultura (Mt 27,59) y que Juan y Pedro encontraron en el sepulcro la mañana de la Resurrección del Señor (cf. Jn 20,5-8)

En ella vemos la imagen de un Hombre que ha dejado las huellas de su martirio de modo misterioso: las marcas de sus heridas son huellas de sangre; las del resto del cuerpo han quedado grabadas de modo todavía inexplicable para la ciencia.

En esta Sábana han quedado indicadas, para todos los hombres, las huellas del Amor:

–un Amor coronado con un casquete de punzantes espinas;
–un Amor traspasados por gruesos clavos en las manos y en los pies
–un Amor “arado” en sus espaldas por los implacables golpes de la flagelación
–un Amor herido por una lanza en su costado, del cual han manado Sangre y Agua
–un Amor que ha llevado un pesado madero sobre sus hombros
–un Amor sometido a golpes en su Rostro, a vejaciones y burlas (tiene la barba arrancada
–un Amor con un Rostro sereno, que muerto habla de Vida y de Resurrección.


SÍNDONE FRENTE


JUAN PABLO II, EN SU VISITA A LA SANTA SÍNDONE

(TURÍN, 24 DE MAYO DE 1998)

Lo que cuenta sobre todo para el creyente es que la Sábana Santa es un espejo del Evangelio. De hecho, si se reflexiona sobre el sagrado lienzo, no se puede olvidar que la imagen que se encuentra presente en él tiene una relación tan profunda con lo que narran los cuatro Evangelios sobre la pasión y muerte de Jesús que cada hombre sensible se siente interiormente tocado y conmovido al contemplarla. Quien se acerca a ella es consciente también de que la Sábana Santa no sólo impresiona el corazón de la gente, sino que hace referencia a Aquel a cuyo servicio la ha puesto la Providencia amorosa del Padre. Por lo tanto, es justo alimentar la conciencia de la preciosidad de esta imagen, que todos ven y que nadie puede explicar por ahora. Para toda persona profunda es motivo de hondas reflexiones que pueden llegar a implicar la vida.

La Sábana Santa constituye de este modo un signo verdaderamente singular que hace referencia a Jesús, la Palabra verdadera del Padre, e invita a modelar la propia existencia según la de Aquel que se dio a sí mismo por nosotros.

La imagen del cuerpo martirizado del Crucificado, al testimoniar la tremenda capacidad del hombre para causar dolor y muerte a sus semejantes, se presenta como un icono del sufrimiento del inocente de todos los tiempos: de las innumerables tragedias que han marcado la historia pasada y de los dramas que continúan consumándose en el mundo.

….En el sufrimiento inconmensurable que documenta, el amor de Aquel quetanto amó al mundo que le dio a su Hijo unigénito (Jn 3,16) se hace casi palpable y manifiesta sus sorprendentes dimensiones. Ante ella, los creyentes no pueden dejar de exclamar y con plena verdad: «¡Señor, no me podías amar más!», y darse cuenta inmediatamente de que el responsable de este sufrimiento es el pecado: los pecados de cada ser humano.

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