-La percepción del tiempo – Los mecanismos de la toxicidad del litio

El fármaco más utilizado en el trastorno bipolar presenta efectos adversos que limitan su uso.

Raquel Gómez Sintes y José Javier Lucas

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El trastorno bipolar, o psicosis maníaco-depresiva, afecta a entre el 3 y el 5 por ciento de la población mundial. La tasa de recaída es muy elevada y el riesgo de suicidio asciende al 15 por ciento. Dicha enfermedad mental se caracteriza por cambios de ánimo recurrentes que van de la depresión a la manía severa. Los episodios depresivos incluyen apatía, pérdida de apetito, alteración del sueño, retraso psicomotor e ideas suicidas, mientras que los episodios maníacos se distinguen por euforia, cambios bruscos de ideas, hiperactividad, aumento de energía, escasa necesidad de sueño, irritabilidad e incapacidad de concentración.
El uso del litio para tratar dicho trastorno comenzó en 1949, año en el que el psiquiatra australiano John F. J. Cade descubrió los efectos del carbonato de litio como antimaníaco. Desde entonces su eficacia se ha demostrado en tratamientos a largo plazo para prevenir episodios de manía y depresión, así como para reducir el riesgo de suicidio. Para un tratamiento rápido de la fase maníaca también es frecuente el uso de fármacos antipsicóticos, de igual eficacia y de actuación más rápida. Otros medicamentos usuales son los antidepresivos y otros estabilizadores del estado de ánimo, tales como el ácido valproico, la carbamazepina y la lamotrigina. En cualquier caso, el litio se mantiene como una de las terapias más eficaces pese a que no se conoce a ciencia cierta el mecanismo por el cual ejerce su efecto.

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