LA PASIÓN POR DIOS, ALMA DE LA VIDA RELIGIOSA

La pasión por Dios es el alma de la vida consagrada. Buscar a Dios y encontrarlo es tarea de toda la vida. Somos buscadores y exploradores del misterio de Dios. Siempre aprendices y nunca “expertos” en Dios.
INTRODUCCIÓN
Toda persona lleva en sí el misterio y ese misterio es mayor que ella misma. En el origen de la palabra misterio está la palabra mística, pasión por la vida en su sentido más pleno. Y, a su vez, en el origen de ese misterio está un ser al que nos atrevemos a llamar Dios-con-nosotros porque así es como lo hemos experimentado en la historia. Es un Dios que se revela a través de muchos rostros y que nosotros expresamos mediante imágenes.
Preguntarse por las imágenes de Dios no es exactamente lo mismo que atreverse a imaginar a Dios. Pero en su etimología está la misma raíz imaginar (=imagen). Y la fuerza de la forma verbal “imaginar” es in-mensamente mayor y más creativa que la forma sustantiva “imagen”, que suena mucho más estática y acabada. De hecho “imaginar” es una de las condiciones indispensables, muchas ve-ces olvidada en el mundo moderno, para captar el lenguaje del “misterio” y entrar en una espiritualidad dinámica a la búsqueda de Dios. En la Biblia encontramos las huellas de una incansable búsqueda de Dios, que se expresa a través de imágenes como viento, fuego, padre, madre, pastor, rey, etc. También encontramos la prohibición de hacer imágenes físicas de Dios. De hecho, sólo el ser humano, hombre y mujer, ha sido creado a “imagen y semejanza de Dios” (Gn 1,26-27). Por tanto, las imágenes de Dios han de ser constantemente deconstruidas y reconstruidas. Porque no son imágenes estáticas como los ídolos hechos por la mano, los pensamientos o los deseos humanos (cf. Sal 115).

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