LA ORIENTACIÓN DE SITIOS Y PIRÁMIDES.

HONGOS

La importancia de estos fenómenos no aflora a primera vista en la documentación etnohistórica. Los cronistas del siglo XVI escribieron escasamente sobre estos hechos, ya que no entendían el significado de las orientaciones y su relación con la astronomía (figura 6). Esta última era un tema que interesaba poco a los frailes y a los conquistadores españoles. En ausencia del testimonio histórico sobre estos hechos, han sido más bien los restos arqueológicos los que han dado la clave para su comprensión.

Figura 6. Las constelaciones aztecas según Sahagún (Manuscrito de Tepepulco, Códice Matritense; Historia general, Libro VIl Capítulo 3; cfr, Coe, 1975, 22-27). a. Mamalhuaztli: Los aztillejos (cinturón y espada de Orión). b. Tianquiztli: las Cabrillas (Pléyades). c.. Sin nombre (constelación no identificada). d. Citlalxonecuilli (constelación no identificada). e. Citlalcólotl (Escorpión).

La coordinación que existía entre el tiempo y el espacio en la cosmovisión mesoamericana encontró su expresión en la arquitectura mediante la orientación de pirámides y sitios arqueológicos. Estas orientaciones pueden ser relacionadas, en la mayoría de los casos, con las fechas de la salida o puesta del Sol en días específicos del ciclo solar; mientras que algunas de ellas se conectan también con fenómenos estelares. De estos hechos habían tomado nota antes algunos investigadores, y hay varias publicaciones aisladas al respecto.18 Sin embargo, sólo en la última década se han empezado a hacer mediciones sistemáticas de campo con instrumentos de precisión. En este sentido destaca la labor del astrónomo Anthony F. Aveni, quien en colaboración con el arquitecto Horst Hartung ha hecho mediciones de la mayor parte de los sitios arqueológicos mesoamericanos que son ya tan completas que permiten sacar conclusiones estadísticas.

Los datos de campo y estudios, arriba comentados, constituyen una base firme para cualquier análisis futuro. Fruto de ellos son una serie de importantes publicaciones.19 (cfr. figuras 9, 10, 14, 15, 16, 17, 19). En este contexto hay que mencionar también las recientes investigaciones de campo emprendidas en México por el arquitecto Arturo Ponce de León 20 y por el arqueólogo Stanislaw Iwaniszewski del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM.21 Estos nuevos impulsos hacen esperar que los estudios arqueoastronómicos adquirirán más importancia en México en los próximos años.

Otra contribución valiosa al estudio de las orientaciones proviene del campo de la geografía, y más específicamente del estudio especializado de los paisajes culturales o geografía humana. Franz Tichy ha desarrollado una metodología específica que combina la medición de pirámides y sitios prehispánicos con el estudio del paisaje cultural tal como puede ser observado el día de hoy en el altiplano central (figura 7). No es posible explicar aquí, detalladamente, la complicada metodología empleada por Tichy, sólo quiero señalar que este enfoque interdisciplinario, que combina la astronomía con la geografía cultural, la arqueología y la etnohistoria, ha permitido a Tichy obtener una serie de conclusiones sumamente interesantes sobre la estructura interna del calendario en relación con la cosmovisión y la sociedad prehispánica en general (figura 8). Algunas de sus novedosas hipótesis requieren aún de una comprobación más firme.22 


 

Figura 7. La orientación de los campos actuales en el valle de Puebla-Tlaxcala según investigaciones de F. Tichy: sistema principal en el valle (con una desviación hacia la derecha de 20°-30°); sistema secundario de 16° en las faldas de la Sierra Nevada; sistema secundario de 12° y de 16° en las faldas de la Malinche; y sistema meridional por el noroeste (de -2° hasta +7°). Siglas: HS=sistema principal; NS=sistema secundario. Lugares con conventos franciscanos: At=Atlihuetzía; Ap=San Aparicio; Ca=San Andrés Calpan; Hu=Huexotzingo; Ix=Ixtlacuitla; Na=Sta. María Nativitas; Te=San Martín Texmelucan; Tep=Tepeyanco. Ruinas arqueológicas: Am=Amalucan; Co=Contla; Cu=Cuapan; Pa=Panzacola-La Luna; PTL=Pedrera de Tlalancaleca; Xo-Ca=Xochitecatl-Cacaxtla. (Mapa de Tichy, 1976, figura. 6.)

 

Figura 8. Diagrama del sistema de orientación mesoamericano con las direcciones hacia los puntos de salida y puesta del Sol en el horizonte, entre los solsticios, y representados como desviación del este hacia la derecha, o hacia la izquierda, en grados decimales (grados nuevos) y como desviación de la dirección oeste, en grados. Según Tichy, la unidad básica prehispánica era dividir el círculo de 360° en 80 unidades de 4° 30′, sistema que se refleja también en la orientación de los edificios y sitios arqueológicos. (Diagrama de Tichy, 1979, figura 8.) (Cfr. nota 22.)

La aportación específica que puede hacer la geografía consiste en investigar los fenómenos tal como se presentan en el paisaje y el horizonte a simple vista, sin la intervención de complejos instrumentos técnicos. Este enfoque es propio de la geografía y difiere del de la astronomía moderna. El error que han cometido numerosos investigadores en el pasado reside, precisamente, en haber interpretado los registros prehispánicos de acuerdo con la teoría astronómica moderna, con base en conceptos que los pueblos prehispánicos no podían haber tenido dada la ausencia de ciertas explicaciones teóricas, como por ejemplo la del sistema heliocéntrico, de métodos modernos de observación y de ciertas operaciones matemáticas complejas. Por eso se usa en la arqueoastronomía el término de astronomy with the naked eye, que se refiere al hecho de que los antiguos astrónomos basaban sus observaciones únicamente en lo que estaba al «alcance de sus ojos»; es decir, trabajaban con instrumentos rudimentarios.23 ¡Hay que pensar cuántos siglos de observación, continuada pacientemente todos los días y todas las noches, fueron necesarios para lograr la complejidad de los conocimientos que estos pueblos plasmaron en sus inscripciones calendáricas y en sus sitios arqueológicos!

El interés del estudio de las orientaciones de sitiios arqueológicos consiste precisamente en el hecho de que constituyen un principio calendárico diferente del representado en estelas y códices. Se trata, ciertamente, de un principio ajeno al pensamiento occidental. La «escritura» con la cual se escribe es, en este caso, la arquitectura y la coordinación de ésta con el ambiente natural. Un sistema de códigos se plasma en el paisaje. Edificios aislados, conjuntos de edificios y planos de asentamientos de sitios enteros muestran ciertas orientaciones particulares; en muchos casos, estos sitios están coordinados con puntos específicos del paisaje: con cerros y otros elementos naturales, o también con marcadores artificiales en forma de símbolos (cfr. figura 9),24 o de edificios construidos en estos lugares.

 

 
Figura 9. Las «cruces punteadas»(o pecked crosses). Marcadores en el paisaje de un simbolismo complejo que han sido estudiados por A. Aveni, H. Hartung y su equipo en los últimos años. Los ejemplos proceden de diferentes regiones de Mesoamérica y datan de los periodos Preclásico hasta Postclásico. Se presentan diagramas de cruces punteadas obtenidos de calcas: a) Cruz junto al Grupo Viking, Teotihuacán; b) Cerro Colorado, Teotihuacán; c) Cerro Gordo, Teotihuacán; d) Tepeapulco, petroglifo núm.1; e) Tepeapulco, petroglifo núm.2; h) Cruz grabada en el suelo de la estructura A-V, Uaxactun; i) Tlalancaleca, uno de tres petroglifos punteados en forma cuadrada; j) Cruz de Malta grande grabada en el suelo de un edificio de Teotihuacán (segun Aveni, 1980, figura 71). (Cfr. nota 24.)

A lo largo de los últimos años se han hecho mediciones de muchos sitios, lo cual permite concluir que un gran número de estas orientaciones estaban diseñadas intencionalmente para marcar la dirección de la salida o la puesta del Sol y/o de las estrellas o constelaciones en determinadas fechas. En algunos casos las tablas de fenómenos estelares del pasado nos permiten sugerir la fecha de construcción del edificio en cuestión.25 El testimonio arqueológico plasmado en las orientaciones comprueba que se observaban determinados fenómenos astronómicos sobre el horizonte, y que los pueblos prehispánicos tenían la capacidad tecnológica de diseñar y construir edificios en coordinación exacta con el fenómeno natural que querían hacer resaltar. El estudio de las orientaciones abre, pues, nuevas perspectivas de investigación donde las inscripciones en estelas, códices y fuentes históricas guardan silencio. A través de las mediciones de campo es posible seguir ampliando este nuevo tipo de documentación.

Hasta ahora se han estudiado tales relaciones entre el principio de la orientación y fechas solares y/o estelares en los casos de Teotihuacán, Alta Vista, Xochicalco, Cholula, Malinalco, Tenochtitlán, Monte Albán, Caballito Blanco, Chichén Itzá, Uxmal, Uaxactún, Copán y Palenque, por mencionar sólo los sitios más importantes y mejor estudiados (cfr. figuras 10-16).

 

 

Figura 10. Plano de Teotihuacán que muestra las posiciones de sus estructuras principales, la desviación de sus ejes, y tres petroglifos de cruces punteadas estudiados por Aveni y que posiblemente servían para marcar el trazo exacto de la ciudad (plano de P. Dunham). (Según Aveni, 1980, figura 68.) 

 

Figura 11. Pirámides C y D de Xochicalco, Morelos; en el centro, la estela de los grifos (e) como punto de observación. Se trata de un conjunto de estructuras cuyas relaciones calendáricas inherentes han sido estudiadas por Tichy. Los ángulos más interesantes son ±25.5° (mirando hacia el Este) que indican las salidas del Sol en los solsticios de invierno (+25.5°) y de verano (-25.5°); los ángulos de ±21.5° (mirando hacia el Oeste) que marcan la puesta del Sol el 15 de mayo y el 29 de julio, días que precedían a los pasos del Sol por el cenit en la latitud geográfica de Xochicalco; y 0° 57’ (mirando hacia el Oeste) que marca los días que dividían el año en dos partes iguales. (El plano según Tichy 1978, figura 3; con base en mediciones de Tichy, 1975, 1977, y Aveni, enero 1977.) 

 

Figura 12.La orientación de la pirámide de Cholula y de su iglesia. Desviación positiva de 26° E a S (salida del Sol en el solsticio de invierno) y de 26° O a N (puesta del Sol en el solsticio de verano). El acimut se cuenta del N en dirección de las manecillas del reloj (0° – 360°). (Diagrama de Tichy 1976, Figura 5.) 

 

Figura 13. Figura 13. Uaxactún/0Guatemala, Grupo E. Observación desde el edificio VII hacia los edificios I, II y III que marcan el movimiento anual del Sol entre los puntos extremos de los solsticios. Plano de Tichy basado en Ricketson (1937, figura 68) y completado con las direcciones de 11.5º, 16º y 20º del E hacia el N y hacia el S. La columna E 1, de colocación original dudosa, podría haber estado situada en la línea de 11.5º del E hacia el S. Se añade también la posición del eje de la pirámide III con 11.5º. (Según Tichy, 1976, figura 10.) 


Figura 14. El plano del gran centro maya del Clásico en Copán, Honduras, muestra, según Aveni, tres grupos principales de orientación (a, b y c), así como una línea base de significado astronómico (d), que conecta las estelas 10-12 a través de una distancia de 7 km. Esta línea toca tangencialmente la base de la estructura 16 sobre la Gran Acrópolis, siendo esta última la estructura principal de Copán. El plano muestra también el Templo de Venus (estructura 22, ampliado), con su ventana y las líneas de observación hacia ciertas direcciones de importancia astronómica. Los puntos indican la localización de altares y estelas (Plano de P. Dunham). (Según Aveni, 1980, figura 77; pp. 240-245)

 



Figura 15. Plano del lado sur de la Gran Plaza de Monte Albán con el llamado “observatorio astronómico” (edificio J) en el centro. Según mediciones de Aveni y Hartung, el plano muestra las siguientes alineaciones asociadas con los edificios J y P que abarcan un complejo simbolismo astronómico: 1) línea perpendicular a la entrada del edificio J que conduce hacia una apertura en la escalinata del edificio P donde se encuentran un tubo artificial y abajo una recámara que permiten observar los pasos del Sol por el cenit (mayo 8 y agosto 5); 2) línea perpendicular a la escalinata del edificio J que conduce a la entrada de P y, sobre el horizonte apunta hacia la salida helíaca de Capella correspondiente a la época de construcción de estos edificios (250 a. C.). En aquella época la salida helíaca de Capella coincidía, además, con la fecha del primer paso del Sol por el cenit en la latitud geográfica de Monte Albán (17º03°). 3) Bisector de la forma de flecha que compone el lado opuesto del edificio J, que para el mismo año de 250 a. C. Apuntaba hacia cinco estrellas de particular luminosidad (la Cruz del Sur, Alfa y Beta de Centauro), mostrando así una coordinación planeada entre los tres tipos de alineaciones mencionadas (Plano de H. Hartung). (Según Aveni, 1980, figura 86; pp. 249-257.)



Figura 16. Diagrama del tubo artificial y de la cámara subterránea del edificio P de Monte Albán, que servían para observar los pasos del Sol por el cenit (mayo 8 y agosto 5, latitud geográfica de 17º03′ N) (Diagrama de H. Hartung). (Según Aveni 1980, figura 85: p. 253.) 

Algunos de estos edificios, como por ejemplo el Caracol de Chichén Itzá o la construcción subterránea de Xochicalco, constituyen verdaderos observatorios astronómicos (figuras 17, 18). Es de notar que estos ejemplos provienen tanto del altiplano central como del sur de México, de Oaxaca, y del área maya hasta Guatemala y Honduras; cronológicamente corresponden a sitios fechados desde el Preclásico hasta el Postclásico.

 

 
Figura 17. Plano simplificado de las principales alineaciones astronómicas que abarca la estructura del Caracol, del observatorio de Chichen Itzá. Se trata de una torre circular con basamento, que se levanta sobre una plataforma aproximadamente cuadrada, coronada por un observatorio del cual resta hoy sólo una parte con tres perforaciones-ventanas de observación (plano construido): A1) l a línea perpendicular a la base del edificio apunta hacia las puestas de Venus en su máxima declinación norte; A2) la línea perpendicular a la base de la plataforma superior apunta hacia la puesta del Sol en los pasos por el cenit; A3) la diagonal entre las esquinas noreste-suroeste tiene la dirección hacia la salida del Sol en el solsticio de verano (NE) y la puesta del Sol en el solsticio de invierno (SO), respectivamente; A4) y A5) estas líneas avistan dos direcciones relacionadas con las estrellas Canopus y Castor. (Plano de Hartung, 1976, figura 4; cfr. Hartung, 1972, 1976; Aveni, 1980: 258-267.)

Figura 18. El observatorio astronómico de Xochicalco, Morelos (latitud geográfica 18º47’N). Construcción dentro de la roca; un tubo labrado que conduce a una bóveda subterránea o cámara de observación. Orientación del tubo por tres lados casi vertical (observación del cenit los días 15.5 y 29.7.), por el lado N de una inclinación aproximadamente 4º23’N a S (observación del solsticio de verano, 21.6.). Este último día se ilumina toda la bóveda de 12h30′ a 12h50′ aproximadamente y se proyecta el disco solar mediante el rayo directo de la luz. (Plano basado en Tichy, 1981, figura 2; comunicación personal del arqueólogo E. Bejarano, INAH, 21.6. 1980 y observaciones personales de la autora, J. Broda, 1982.)

Las fechas más importantes del ciclo solar; cuya observación quedó plasmada en la arquitectura, son los días de los solsticios, los equinoccios y los pasos del Sol por el cenit. Los dos pasos cenitales sobresalen como observación fundamental dentro de este cuerpo de conocimientos, observación que sólo se puede hacer en las latitudes que caen dentro de los trópicos. Entre las latitudes de 15ºN (Copán/Honduras) y 23º27’N (Alta Vista/Zacatecas), el primer paso del Sol por el cenit ocurre entre el 1.5 y el 21.6 y el segundo entre el 21.6 y el 12.8, espectivamente.26 Con base en estas y otras particularidades de la latitud geográfica de Mesoamérica, A. Aveni ha propuesto el uso del término de «astronomía tropical» para destacar las características, específicas que tiene la observación astronómica en las latitudes geográficas entre los trópicos, características que la diferencian marcadamente de la astronomía en las latitudes que caen fuera de esa área. Más comúnmente se habían estudiado las latitudes al norte del trópico de Cáncer. En ellas el Sol nunca pasa el cenit, y el centro del firmamento nocturno es la estrella polar.

Una comprobación concreta de la importancia de la observación solar la constituye el sitio de Alta Vista, en el actual estado de Zacatecas, que se encuentra construido casi exactamente sobre el trópico de Cáncer (23º27’N) y se remonta a la época teotihuacana. Las recientes mediciones de Aveni, Hartung y Kelley 27 demuestran que en Alta Vista se hicieron tanto observaciones del solsticio de verano como de los equinoccios. Sin duda esta localización fue escogida deliberadamente con la finalidad de la observación solar, puesto que allí el Sol «da la vuelta» en su curso anual. En este lugar el Sol alcanza el cenit sólo una vez al año, fecha que coincide con el día del solsticio (figura 19).

 

 

 

Figura 19. Alta Vista situado en el trópico de Cáncer. Doble alineamiento astronómico hacia el Cerro Picacho (2800 m): 1) hacia la salida del Sol en los equinoccios observada desde las ruinas del Laberinto de Alta Vista, pasando por un ojo de agua y una mina de turquesa hasta Cerro Picacho; 2) hacia la salida del Sol en el solsticio de verano observada desde las cruces punteadas en el Cerro El Chapín; y 3) un alineamiento hipotético hacia la salida del Sol en el solsticio de invierno (línea de rayas cortas) con un posible punto de observación en el Cerro Pedregoso. Se marca también la posición presente del trópico de Cáncer (línea de rayas largas). (Según Aveni, Hartung y Kelley, 1982, figura 5.) 

Hay otros casos en los cuales la combinación de fenómenos solares y estelares influía en la orientación de los edificios. Particular importancia tenían las salidas helíacas de constelaciones o estrellas 28 cuando éstas anunciaban el primer paso del Sol por el cenit.Estos eventos astronómicos también permiten sugerir la fecha de la construcción del edificio respectivo. Encontramos tales relaciones con las Pléyades en Teotihuacán (150 d.C.), con Capella en Monte Albán (250 a.C.) y con las Pléyades y Aldebarán en la Ventana I del Caracol de Chichén Itzá (100 d.C.).29 Se trata de fenómenos llenos de implicaciones para la interpretación más amplia de la cosmovisión prehispánica. El primer paso del Sol por el cenit se vincula en las latitudes geográficas de Mesoamérica con el comienzo de la estación de lluvias. Este fenómeno climatológico tiene, a su vez, una implicación directa con la agricultura indígena. Desde tiempo inmemorial, cuando se acerca la fecha del primer paso del Sol por el cenit, los campesinos llevan a cabo las siembras en el ciclo de temporal. Costumbres prehispánicas se mezclaron en este caso con ritos impuestos por la Iglesia católica después de la conquista, y sobreviven hasta el día de hoy en la fiesta de la Santa Cruz el 3 de mayo, en la cual se pide por la fertilidad y la lluvia, y se bendice el maíz para la siembra.30

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