La música portátil ha desestabilizado a la industria discográfica


CORTESIA DE APPLE, INC.

Sony lanzó el Walkman –un reproductor portátil de casetes– en 1979. Con él les era posible a sus poseedores llevar la música que deseasen adondequiera que fuesen (se dice que el ingeniero Nobutoshi Kihara inventó el aparato para que Akio Morita, vicepresidente de la compañía, pudiera escuchar óperas durante los vuelos de muy larga distancia). Faltaban todavía veinte años para la revolución digital en la reproducción sonora de uso personal, cuyas consecuencias van mucho más allá tanto de lo personal como de la reproducción del sonido.
La música portátil se tornó digital en los años ochenta con la introducción de aparatos construidos en torno a los CD, los minidiscos y las cintas de grabación digital. En los años noventa, el Moving Picture Experts Group (MPEG)desarrolló un estándar que se convertiría en el MP3, un formato que condensa grandemente los archivos sonoros al eliminar sonidos imperceptibles (aunque los audiófilos más exigentes tienden a disentir de esa descripción).
En 1998 irrumpió en el mercado el MPMan F10 de Eiger Labs, el primer reproductor de MP3 que almacenaba música en una memoria ‘flash’ de nada menos que 32 megabytes, suficientes para una media hora de audio si no se quiere una calidad más alta. Le siguieron una serie de aparatos similares; los hubo que reemplazaron la memoria flash por discos duros compactos que contenían millares de canciones. El producto que realmente abrió brecha fue el iPod de Apple, en 2001. No era nada nuevo en cuanto a técnica, pero su diseño esbelto y armonioso, sumado a su espacioso disco de 5 gigabytes y su interfaz circular accionable con el pulgar resultaron decisivos. En nuestros días, los reproductores digitales pueden alojar no sólo música, sino también fotos, vídeos y juegos, y es cada vez más frecuente que vengan integrados ya en teléfonos móviles y en otros equipos.
Los MP3, intangibles y fáciles de copiar, liberaron de los surcos materiales en soportes de plástico o vinilo a la música. Supusieron un duro golpe para la industria discográfica, que durante largo tiempo se resistió a vender registros en MP3, lo que indujo a los melómanos a distribuir archivos por su cuenta. Según datos de la Asociación de la Industria de la Grabación de América (RIAA), las ventas de CD se hundieron a partir de 2000, cayendo desde más de 13.000 millones de dólares hasta unos 35.000 millones de dólares.
Entretanto, las descargas de música en formatos digitales saltaron desde 138 millones de dólares hasta mil millones en 2008. Pero según Russ Crupnick, analista de la firma NPD Entertainment, que los usuarios particulares compartan ficheros entre ellos, es decir, el intercambio P2P o peer-to-peer [entre iguales], supera en una proporción de al menos 10 a 1 a las descargas pagadas. Crupnick, al otear el porvenir, opina que la música no será cosa que se posea: la salvación de la industria, si la tiene, puede llegar del pago por la audición por la Red en streaming (es decir, bajo pedido pero sin descargar previamente un fichero).

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