La música de los jóvenes es basura para sus padres

Mike Goldsmith ha reunido muchos datos sobre el ruido, algunos conocidos (los camiones son ruidosos), algunos que vale la pena señalar (el Big Bang fue silencioso) y algunos prácticamente perdidos para la historia: el desafortunado avión Concorde hacía tanto ruido que, en 1976, se le prohibió temporalmente que aterrizara en Estados Unidos.

Goldsmith, doctor en astrofísica que encabezó el grupo de acústica en el Laboratorio Nacional de Física de Gran Bretaña, es autor de muchos libros para lectores legos. Discord(Discordancia) es una historia del sonido, a partir de Stonehenge, sitio construido alrededor del año 2600 antes de Cristo. Los expertos en acústica nos dicen que, alguna vez, el lugar fue tan reverberante como un auditorio, gracias a la cara interior lisa y ligeramente curva de las piedras y a pesar de la ausencia de un techo: «Una hazaña impresionante de ingeniería acústica», como lo describe Goldsmith.

Aunque reconoce que la definición de «ruido» generalmente significa «sonido no deseado», Goldsmith mezcla ocasionalmente el ruido deseado con el no deseado.

Tanto fonógrafos como teléfonos y automóviles contribuyeron a lo que él llama «el siglo del ruido».

El fonógrafo y el radio rara vez eran ruido para quienes los escuchaban, aunque si los usuarios eran adolescentes y el volumen estaba muy alto, eso sería ruido para sus padres.

Goldsmith también se desvía del ruido al sonido. Pitágoras, nos dice, utilizó el concepto de disonancia al llegar a sus teorías sobre las razones simples de los números enteros. Platón pensaba que el sonido pasaba del oído al cerebro y a la sangre y terminaba en el hígado.

Y luego está el sonido que no podemos escuchar ­el infrasónico.

En 1998, científicos que trabajaban en un laboratorio pensaron ver figuras borrosas grises, reportó una publicación científica.

Ubicaron la fuente del efecto en un abanico extractor, cuyo ruido infrasónico resultaba estar «justo en la frecuencia correcta para hacer que los globos oculares vibraran y quizás generaran ilusiones visuales».

Aunque los griegos reciben el crédito por la primera regulación de ruido, en el siglo I antes de Cristo ­al prohibir alfareros y hojalateros, así como gallos, en las áreas residenciales­ el ruido ha sido desestimado desde hace mucho como simplemente una de las cosas menos agradables de la vida.

Séneca resumió la opinión romana cuando dijo que sólo la gente de voluntad débil, como los sibaritas, permitirían que les molestara.

Goldsmith quiere ser optimista, pero no logra persuadirse a sí mismo ­o al lector­ de que la contaminación por ruido se reducirá algún día. «A pesar de milenios de conciencia, siglos de intentos de control y décadas de estudio científico determinado y debates legislativos», el ruido indeseado «sigue siendo el mismo problema de siempre», escribe.

Dicho lo anterior, «realmente podemos tener un mañana más silencioso», afirma, «si podemos trabajar juntos para construirlo».

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