La mujer y la violencia sexual en la República Democrática del Congo

La violencia sexual es uno de los mayores dramas de la guerra que asola la República Democrática del Congo (RDC) desde 1997. En el conflicto congoleño, más de la mitad de las violaciones se producen dentro de la vivienda y en presencia de la familia. Para la víctima, a la agresión sexual se unen muchas veces el rechazo y la estigmatización, lo que, junto al hecho de que pocos agresores sean detenidos y condenados, hace que muchas mujeres prefieran ocultar los hechos. La extensión de la violencia sexual, la ausencia de condena de los agresores y la estigmatización de las víctimas conducen a una situación en la que la violencia sexual se ha convertido en normal en la vida civil.

 

Según el Diccionario de Acción Humanitaria y Cooperación para el Desarrollo de Hegoa [1], “la violencia de género es tan antigua como la desigualdad en las relaciones entre las mujeres y los hombres”. Es por esto quizás que ha sido considerada por los varones desde hace siglos un recurso adecuado “para controlar conductas que consideran impropias en las mujeres bajo su cuidado y responsabilidad”, comportamiento que incluso ha llegado a interpretarse en numerosas ocasiones “como prueba de interés y afecto”.

Uno de los indicadores más dramáticos del conflicto que se vive en el este de la República Democrática del Congo es el número de casos de violencia sexual registrados por las organizaciones humanitarias y los organismos de las Naciones Unidas. [2]

A pesar de todo lo que se sabe sobre la violencia de género en su conjunto, y en conflictos en particular, se ha descrito lo sucedido actualmente en la RDC como una situación propia de seres “irracionales”, que resulta incomprensible desde nuestra óptica. Nos preocupamos pensando que utilizan una crueldad inconmensurable, en un país desconocido por muchas personas; y olvidamos que esta violencia sigue sucediendo en fronteras tal vez más cercanas a nosotros, en contextos diferentes.

Refiriéndose a la II Guerra Mundial, por ejemplo, la investigadora Elisabeth Jean Wood [3] analiza la violencia sexual cometida por las tropas alemanas y soviéticas, explicando que la violencia ejercida por estas últimas “parece ser un ejercicio de castigo colectivo y parte del botín del vencedor”.

La violencia sexual como amenaza constante

La violencia sexual en la RDC se caracteriza por unas pautas concretas, como, entre otras, que las mujeres son violadas cuando salen de sus campamentos o aldeas para buscar agua, leña u otros medios esenciales para vivir. Se han descrito también violaciones sexuales asociadas a otras formas de violencia, especialmente actos de humillación y tortura, ocurriendo más de la mitad de las agresiones durante la noche, dentro de la vivienda familiar y en presencia del marido y los hijos de la víctima.

Así, el 56 por ciento de las agresiones son perpetradas por hombres armados en la casa familiar, en tanto que el 16 por ciento ocurre en zonas rurales y cerca del 15 por ciento en la selva. [4] Aunque la mayoría de los violadores son soldados o milicianos de grupos insurgentes (60 por ciento), el número de violaciones perpetradas por civiles ha registrado un aumento estremecedor que continua multiplicándose pese a la llamada de atención realizada por diferentes organizaciones internacionales de derechos humanos.

El rechazo y la estigmatización de la víctima es otra realidad que esta tiene que sufrir. En muchas ocasiones la persona no explica nunca lo que le ha pasado por miedo a represalias, sobre todo si el agresor es una persona uniformada del pueblo. Además, si lo explica corre el riesgo de ser rechazada por el marido, pues todavía existe la creencia de que las víctimas han sido cómplices de los hechos. [5] La situación es compleja, lo que hace que las mujeres (principalmente), vivan en una situación de riesgo constante.

La impunidad como norma dominante

Por otro lado, el mal funcionamiento del sistema judicial provoca que las víctimas estén poco dispuestas a denunciar los hechos. La RDC tiene una de las leyes contra las violaciones más progresistas de toda África, pero en la práctica pocos violadores son procesados. Y ello a pesar de que son considerados crímenes de lesa humanidad (la violación, la esclavitud sexual, la prostitución forzada, el embarazo forzado y la esterilización forzada) y de guerra (la violación, la esclavitud sexual, la prostitución forzada, el embarazo forzado, la esterilización forzada, y cualquier otra forma de violencia sexual que constituya una violación grave de los convenios de Ginebra).

Los responsables de estos actos contra la población deberían estar controlados por el Estado, pero esto no ocurre en la práctica, debido principalmente a todos los intereses económicos que juegan un rol principal en este conflicto.

Por otra parte, son muchas las organizaciones internacionales que han llamado la atención sobre esta situación y hay algunos resultados tangibles, como la detención en París de Callixte Mbarushimana (Maneza), vicepresidente de las Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda (FDLR), en octubre del presente año, a partir de una orden de arresto emitida por la Corte Penal Internacional por 11 cargos por crímenes de guerra y lesa humanidad en la RDC en 2009.

A pesar de que, como señala la investigadora Susan Bartels [6], “la escala de agresiones sexuales durante los años de guerra en el Congo ha hecho que esto parezca algo más aceptable” y que la violencia sexual se haya convertido en algo “normal” en la vida civil, son muchas las personas que siguen apostando por el bienestar de la población que sufre este flagelo contra su libertad. Por eso no podemos desfallecer en seguir denunciando para que otros conozcan lo que ocurre un poco más allá del portal de nuestro hogar, donde muchas personas buscan sobrevivir en su peregrinaje por esta tierra.


Nathalie Marulanda participó en 2010 en el curso “Comunicación, conflictos y derechos humanos. El papel delos movimientos sociales y las organizaciones de desarrollo”, organizado por Paz con Dignidad con el apoyo de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha.

Este artículo ha sido publicado en el nº 45 de la Revista Pueblos, enero de 2011.

Notas

[1] Pérez de Armiño, Karlos (dir.): Diccionario de Acción Humanitaria y Cooperación al Desarrollo, Hegoa; Icaria, Bilbao, 2000.

[2] Más información en el Proyecto de atención a víctimas de violencia sexual en la República Democrática del Congo. Ver: www.salutxdesenvolupament.org.

[3] Jean Wood, E. (2009): “Violencia sexual durante la guerra: hacia un entendimiento de la variación”, en Análisis Político, nº 66, Bogotá.

[4] Ver el informe Now, the world is without me. An investigation of sexual violence in Eastern Democratic Republic of Congo (2010), elaborado por el Harvard Humanitarian Initiative con el apoyo de Oxfam International. Disponible en www.oxfam.org.

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