LA MUERTE DE LOS CACIQUES

Zapicán, el cacique más anciano,
Ya cayó en la batalla.
Despues que por Garay, en la llanura,
Vio deshechas sus tribus más bizarras.

Sopló la muerte y apagó en sus ojos,
Sedientos de venganza
El último fulgor. Pero aún la muerte,
Desde aquellas pupilas amenaza,

Cuando las tribus, con clamor inmenso,
Del combate separan
El cadáver, envuelto en los vapores
De la caliente sangre que derrama.
……………….…………………………………

¡También Abayubá cayó en la lucha!
Abayubá, a quien llaman
En vano, con sus grandes alaridos,
Las tribus que el cacique acaudillaba.
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¿ Y añagualpo, el gigante, y Yandinoca?
También sus sombras vagan
En la noche sin lunas, y se envuelven
En el triste vapor de las montañas.

¿Qué fue de Tabobá? Tambien ha muerto.
Buscaba en el combate la venganza
De Abayubá, cuando del sueño frío
Sintió en los huesos la corriente helada.

El fiero Magaluna,
Ligero como el tigre, de abalanza
Al cuello del corcel del enemigo
Al que los dientes y las uñas clava:
Se agita, grita, ruge
Mientras el jinete el pecho le traspasa;
Sólo la muerte lo desprende, y , yerto
El cuerpo solo se desploma, y calla.

No volverá a tenderse
El arco de algarrobo que ajustaba
La mano de Yací , del joven indio
Que daba muerte al yacaré en las aguas;

No encenderá sus fuegos
En los bosques del Hum, ni en sus barrancas,
El valiente Terú; las sombras negras
Gimen , cuando se posan en sus armas.
Murió Yandubayú, ¡ también ha muerto !
Jamás en su piragua
Vendrá a buscar a Liropeya; nunca
Se oirá su voz en medio de la batalla.

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Y todos han caído,
Uno tras otro, en la desierta pampa;
Y nadie abrió sus párpados; la noche
Bajo de ellos quedó, la noche larga,

Triste, sin lunas, la del viento negro,
En la que nunca aclara.
Ya no se mueven los caciques indios,
No encienden fuegos; para siempre callan…

(Juan Zorrilla de San Martín – de “Tabaré”)

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