LA MIRADA ES EL LENGUAJE DEL CORAZÓN

“Y ahora, así habla el Señor, el que te creó, Jacob, el que te formó, Israel:
No se acuerden de las cosas pasadas,
no piensen en las cosas antiguas;
yo estoy por hacer algo nuevo:
ya está germinando, ¿no se dan cuenta?
Sí, pondré un camino en el desierto
y ríos en la estepa…
haré brotar agua en el desierto
para dar de beber a mi Pueblo, mi elegido.”
(Is 43, 18-20)

Se abre ante nosotros, ante nuestros ojos un tiempo, un año, un ciclo lectivo, un camino cuyo contenido, cuyos hechos, situaciones por vivir desconocemos y del que nos iremos enterando en la medida que lo vayamos transitando… La vida es así, su contenido se nos va manifestando mientras la vamos viviendo. La tentación por “averiguar lo que vendrá”, recurriendo a brujos, astrólogos, adivinos, pitonisas, etc , ha sido una constante desde que el hombre existe; sin embargo a ese futuro solo Dios lo conoce, solo Dios lo sabe. No nos corresponde a nosotros meternos en su Providencia sino solo confiar y abandonarnos en ella , sabiendo que, como nos dice el apóstol San Pablo , “Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo aman, de aquellos que él llamó según su designio.” (Rom 8,28)

El desafío, entonces, para los creyentes, es preguntarnos cómo miramos lo que miramos, cómo miramos lo porvenir.

En ese sentido sugiero un catálogo de las miradas inútiles, inoperantes, un catálogo de las miradas de aquellos que nunca harán nada por nadie, son:

Las miradas clausuradas, entrampadas en las miserias propias y ajenas, como las de Israel deportado en Babilonia, veían solo las cadenas de la esclavitud, se creían que esas cadenas eran para siempre y no se daban cuenta que Dios estaba por realizar algo nuevo.

Las miradas esclavas de los errores del pasado que ya no se dejan prometer nada nuevo. Son las miradas de aquellos que pregonan una especie de bienaventuranza trucha que dice: “felices los que nada esperan porque no serán defraudados.”

Las miradas que petrifican a los otros con rotulaciones y prejuicios que impiden caminar juntos. Los que viven enredados eternamente en “lo que me dijo”, “lo que me hizo”.

Las miradas que solo anuncian fatalidades, una especie de “profesionalización de la mala onda”.

Las miradas de los que practican estar mal estando bien porque están convencidos de que “algo malo pasará si todo esta tan bien”. Son los que se ponen mal por las dudas.

Las miradas que se meten en la vida de los demás para chusmear, criticar, condenar, descalificar.

Las miradas indiferentes, que no ven más allá de sus propios intereses. Miradas que hacen que el prójimo se les vuelva invisible.

Las miradas quejosas de los que convierten a cada reunión en una sala de “paralizantes catarsis grupales”.

Necesitamos purificar nuestras miradas para mirar como Dios mira. Tenemos el deber de purificarla porque nuestros muchachos y chicas miran la vida como nos ven mirarla a nosotros.

En este sentido el Papa Benedicto XVI hermosamente nos invita, en el mensaje para el tiempo de la cuaresma, “a fijar la mirada en el otro, ante todo en Jesús, y a estar atentos los unos a los otros, a no mostrarse extraños, indiferentes a la suerte de los hermanos… a tener una mirada que ame y corrija, que conozca y reconozca, que discierna y perdone (cf. Lc 22,61), como ha hecho y hace Dios con cada uno de nosotros.”

Dios mira para salvar no para condenar, Dios mira para rescatar no para hundir, Dios mira para llamar no para echar.

Dios mira belleza donde hay fealdad, virtud donde hay pecado, realización donde hay fracaso, alegría donde hay llanto, posibilidad donde hay imposibilidad, vida donde hay muerte.

William Shakespeare decía que “las palabras están llenas de falsedad o de arte; la mirada es el lenguaje del corazón”.

Que nuestro corazón, ante lo porvenir, mire para orientar, para alentar , para consolar, para escuchar, para alegrar, para sostener, para corregir, para trabajar, para entregarnos, para hacernos cargo, para decir como el Señor : “Yo estoy por hacer algo nuevo: ya está germinando, ¿no se dan cuenta?”.

Pbro. Lic. Alberto Agustín Bustamante, presidente de Consudec

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